La crisis de Ormuz redibuja el mercado mundial del gas

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Julio A. López.- La prolongada interrupción del flujo energético a través del Estrecho de Ormuz está provocando uno de los cambios más profundos en el mercado mundial de gas natural licuado (GNL) desde la crisis energética europea de 2022. Analistas internacionales coinciden en que la situación actual está fortaleciendo la posición estratégica de Estados Unidos y Canadá como proveedores preferidos de energía para Europa y Asia.

La transformación no responde únicamente a factores de precio. Por primera vez en décadas, la seguridad energética se ha convertido en un criterio más importante que el costo del combustible al momento de firmar contratos de suministro.

Según un análisis presentado por Morningstar DBRS durante su conferencia Credit Insights Calgary 2026, compradores de todo el mundo están revisando sus cadenas de suministro bajo una nueva lógica: asegurar el abastecimiento incluso si ello implica pagar precios más elevados.

La razón es evidente. El Estrecho de Ormuz, ubicado entre Irán y Omán, ha sido históricamente uno de los puntos más sensibles del sistema energético global. Antes de la crisis actual, por esta vía transitaba aproximadamente el 20% del comercio marítimo mundial de petróleo y gas natural.

Sin embargo, los enfrentamientos regionales y los ataques contra la infraestructura energética han provocado una reducción cercana al 80% del tráfico de buques tanque en la zona, lo que ha generado una disrupción sin precedentes en los mercados internacionales.

Qatar: El Gran Perdedor

El impacto más severo lo está sufriendo Qatar, considerado el mayor exportador mundial de gas natural licuado.

Los analistas estiman que los daños sufridos por la infraestructura de exportación qatarí han retirado del mercado una porción significativa del suministro global de GNL. Debido a la complejidad de las instalaciones de licuefacción, la recuperación total de la capacidad podría tardar entre tres y cinco años.

La situación resulta especialmente delicada porque Qatar representa cerca del 20% de la producción mundial de GNL. Actualmente no existe otro productor con capacidad inmediata para reemplazar por completo esos volúmenes.

Mientras Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos cuentan con algunos oleoductos alternativos para exportar petróleo evitando Ormuz, no existe una infraestructura comparable para las exportaciones de gas natural licuado desde el Golfo Pérsico.

América del Norte Toma Ventaja.

En contraste, Estados Unidos y Canadá se perfilan como los principales beneficiarios de esta nueva realidad energética.

Las enormes reservas de gas del Permian Basin, Haynesville, Marcellus y Eagle Ford en Estados Unidos, junto con las formaciones Montney y Duvernay en Canadá, garantizan un suministro abundante y estable para las próximas décadas.

Además, Norteamérica ofrece una ventaja geopolítica que hoy vale tanto como el propio combustible: la estabilidad política.

Los compradores asiáticos y europeos consideran cada vez más importante la confiabilidad del proveedor y la seguridad de las rutas marítimas.

Canadá posee una ventaja adicional. Sus terminales de exportación en Columbia Británica permiten enviar cargamentos directamente a Asia, evitando tanto el Estrecho de Ormuz como el Canal de Panamá, dos de los principales puntos de estrangulamiento del comercio marítimo mundial.

Estados Unidos, por su parte, continúa ampliando su capacidad de licuefacción en la Costa del Golfo y se consolida como el mayor exportador de GNL del mundo.

Europa y Asia Pagan Más.

Las consecuencias ya se reflejan en los precios internacionales.

Los índices de referencia del GNL en Europa y Asia han aumentado aproximadamente un 50% desde el inicio de la crisis, impulsados por la incertidumbre sobre la disponibilidad futura de suministro.

Paradójicamente, los precios internos del gas en Norteamérica han permanecido relativamente moderados gracias a niveles elevados de almacenamiento y a una producción récord.

Los inventarios de gas en Estados Unidos se mantienen por encima de los promedios históricos, mientras que en Canadá se mantienen niveles de almacenamiento superiores a la media de los últimos años.

El Mundo Entra en una Nueva Era Energética.

La principal conclusión de los analistas es que la crisis actual está acelerando un cambio estructural que probablemente perdurará incluso después de que finalicen las tensiones militares en Medio Oriente.

Las empresas energéticas, las compañías eléctricas y los gobiernos están aprendiendo una lección que parecía olvidada desde la Guerra Fría: la energía no es únicamente una mercancía; es un asunto de seguridad nacional.

La diversificación de proveedores, la estabilidad política y la resiliencia logística están desplazando al precio como criterio principal de decisión. 

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