La Reserva Estratégica de Petróleo cae a niveles críticos mientras la crisis de Ormuz expone la vulnerabilidad energética de Washington
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Julio A. López. — La Reserva Estratégica de Petróleo (SPR, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos ha descendido a niveles que comienzan a generar preocupación entre expertos energéticos, funcionarios y analistas de seguridad nacional, en momentos en que la crisis en el Estrecho de Ormuz continúa alterando el mercado mundial de hidrocarburos.
Según datos divulgados por el Departamento de Energía (DOE), las reservas estadounidenses se sitúan actualmente en aproximadamente 349 millones de barriles, una cifra que representa menos de la mitad de la capacidad histórica del sistema y uno de los niveles más bajos registrados desde principios de la década de 1980.
La reducción responde a la decisión de la administración Trump de liberar crudo de emergencia para amortiguar el impacto que la interrupción parcial de los flujos petroleros desde el Golfo Pérsico sobre los precios internacionales del petróleo, la gasolina y el diésel.
El Departamento de Energía está liberando petróleo a un ritmo cercano a 9 millones de barriles por semana, mientras avanza un programa extraordinario de suministro destinado a evitar una escalada aún mayor de los precios energéticos.
La situación ha reabierto un debate estratégico en Washington sobre la verdadera capacidad de respuesta de Estados Unidos ante una crisis energética prolongada.
Un colchón de seguridad cada vez más pequeño
La Reserva Estratégica fue creada en 1975, después del embargo petrolero árabe, con el objetivo de garantizar suministros de emergencia ante conflictos internacionales, desastres naturales o interrupciones severas del mercado.
Durante décadas fue considerada una de las herramientas más importantes de la seguridad nacional de Estados Unidos.
Sin embargo, la combinación de liberaciones masivas realizadas durante los últimos años y la actual crisis en Medio Oriente ha reducido significativamente ese margen de maniobra.
Mike Sommers, presidente del American Petroleum Institute (API), advirtió recientemente que el país se está acercando a niveles operativos que comienzan a generar preocupación en la industria.
Algunos analistas sostienen que una parte importante de la reserva debe mantenerse permanentemente almacenada para garantizar el funcionamiento técnico del sistema, lo que limita la cantidad de petróleo realmente disponible para futuras emergencias.
El riesgo de una nueva crisis
La preocupación no radica únicamente en el volumen actual de petróleo almacenado, sino también en la posibilidad de que surja una nueva interrupción del suministro antes de que las reservas puedan recuperarse.
Expertos energéticos señalan que, si las liberaciones continúan al ritmo actual y no se incorporan nuevos volúmenes, los inventarios podrían aproximarse a los 250 millones de barriles, un nivel que reduciría significativamente la capacidad de respuesta de Washington ante eventos inesperados.
Además, incluso si el Estrecho de Ormuz reabre por completo en las próximas semanas, la reconstrucción de las reservas podría llevar años.
La reposición del SPR requerirá compras masivas de crudo en un mercado que probablemente seguirá registrando precios elevados debido a la incertidumbre geopolítica y a la creciente competencia energética entre Estados Unidos, China y Europa.
El precio de la guerra
La actual reducción de las reservas estadounidenses pone de manifiesto una realidad incómoda para los mercados: incluso la mayor potencia económica y militar del mundo depende de una red global de suministro energético vulnerable a los conflictos geopolíticos.
La crisis de Ormuz no solo ha elevado los precios del petróleo. También ha revelado hasta qué punto los inventarios estratégicos occidentales han perdido capacidad de absorción ante grandes perturbaciones del mercado.
Mientras Estados Unidos continúa utilizando su reserva de emergencia para estabilizar los precios internos, crece la preocupación por lo que ocurrirá si una nueva crisis golpea al sistema energético mundial antes de que el país logre reconstruir su principal escudo petrolero.
Para muchos analistas, la pregunta ya no es cuánto petróleo queda en la reserva, sino cuánto tiempo podrá seguir cumpliendo la función para la que fue creada hace más de medio siglo.
