Óscar Reyes Matute.- Mientras nuestras mentes y las noticias están comprensiblemente copadas por la tragedia humana del doble sismo aquí en Venezuela, el tablero mundial sigue moviéndose a una velocidad de vértigo. En Medio Oriente, los engranajes hacia la paz en el Líbano acaban de dar un salto histórico. El gobierno de Beirut —asumiendo por fin su rol como el único portavoz legítimo de su país— ha sentado las bases de un acuerdo histórico con Israel y los Estados Unidos.
¿El detalle? Dejaron por completo fuera de la foto a Hezbolá y al régimen de Irán.
Basándonos en el impecable análisis del historiador Irving Gatell, la firma de este reciente memorando de entendimiento tripartito cambia radicalmente las reglas del juego. No estamos hablando todavía de un tratado de paz definitivo, sino de un sólido marco de trabajo para normalizar relaciones y resolver el estatus legal de una enemistad histórica.
Y aquí viene el primer dardo geopolítico: la negociación fue liderada con un éxito rotundo por el Secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio. Un acuerdo firme, consistente, que contrasta de manera casi cómica con las accidentadas e infructuosas pláticas que J.D. Vance intentó sostener con Irán.
En lo territorial, el documento es lapidario. Israel mantiene su presencia militar en la franja de seguridad de la famosa «Línea Azul».
¿La condición para el retiro? Simple: las tropas israelíes no se moverán de allí hasta que Hezbolá sea completamente desarmado y deje de ser una amenaza para el norte de Israel.
Mientras tanto, las Fuerzas de Defensa israelíes conservan plena libertad de acción para eliminar cualquier peligro en la zona. Adiós a las concesiones gratuitas.
El piloto de Litani y la capacitación
Pero el punto verdaderamente revolucionario es el programa piloto a los dos lados del río Litani. Se van a crear dos zonas experimentales de seguridad. Allí, Israel iniciará una retirada gradual, pero no para dejar un vacío, sino para transferir el control al ejército del Líbano.
¿Cuál es la verdadera jugada? Que las fuerzas armadas libanesas, bajo la probable capacitación y guía del propio Israel, aprendan de una vez por todas a combatir y erradicar a las milicias de Hezbolá.
Es el camino para que el gobierno libanés recupere, de verdad, la soberanía de su territorio. De paso, esto sepulta los chismes y bulos publicados por medios como Bloomberg, que juraban que Israel se retiraría unilateralmente. Una vez más, la realidad tumba las portadas de prensa.
Irán contra la pared
El impacto geopolítico de este movimiento es un nocaut para Teherán. Al quedar excluido por completo de los asuntos libaneses, Irán pierde su principal palanca de chantaje, esa que usaba para condicionar sus propias negociaciones con Washington a cambio de la retirada israelí. El Líbano maduró y le dejó claro a los ayatolás que ellos negocian sus propios intereses nacionales.
En conclusión, como bien apunta Gatell, presenciamos un triunfo estratégico impecable para Israel: desmantela a Hezbolá con el aval de la Casa Blanca y el consentimiento del gobierno de Beirut, dejando a Irán atrapado, literalmente, entre la espada y la pared.
Mientras reconstruimos nuestra casas, rescatamos a nuestros hermanos aún atrapados y ejercemos toda la solidaridad posible, no perdamos de vista el mundo.
