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Julio A. López, editor jefe.- Mientras el petróleo cae y vuelve a subir desde sus máximos de mayo, la gasolina en Estados Unidos se mantiene cara. La razón, según un análisis publicado por el American Petroleum Institute (API) el 14 de julio, es que el crudo y la gasolina son productos distintos que se mueven en mercados distintos y a ritmos distintos.
Dos productos, dos relojes
Cuando un conductor llena el tanque, compra gasolina, no petróleo crudo. Aunque ambos están estrechamente conectados, el crudo suele representar poco más de la mitad del precio final en el surtidor; el resto corresponde a la refinación, el transporte, la distribución y los impuestos. Como esos costos no siempre se ajustan al mismo ritmo que el crudo —y pueden dispararse justamente en momentos de crisis—, el precio de la gasolina no siempre refleja de inmediato las caídas o subidas del petróleo.
Además, los precios financieros del crudo reaccionan a los titulares en segundos, pero los barriles físicos viajan a la velocidad de los buques, oleoductos y camiones cisterna: semanas o meses, no horas. La gasolina que hoy llega a la bomba suele provenir de crudo comprado días o semanas atrás, así que cualquier movimiento en el precio del petróleo tarda en trasladarse al consumidor final.
Refinación bajo presión en tres frentes
El reporte identifica tres regiones clave de refinación que se ven afectadas simultáneamente. En el Golfo Pérsico, la escalada bélica entre Israel, Estados Unidos e Irán —reactivada a comienzos de julio tras el colapso de la tregua firmada el 17 de junio— ha vuelto a poner en jaque el estrecho de Ormuz, ruta por la que transita cerca del 20% del petróleo y del gas licuado mundiales, y que también alberga algunas de las mayores refinerías de exportación del planeta. Según Reuters e Infobae, el tráfico de petroleros permaneció casi paralizado esta semana debido al temor de las navieras y las aseguradoras.
En Rusia, los ataques ucranianos contra refinerías han llevado el procesamiento a mínimos de 21 años, lo que ha obligado a Moscú a restringir sus exportaciones de gasolina, diésel y combustible de aviación para abastecer el mercado interno, retirando así a Rusia como proveedor clave del mercado global.
En Asia, muchas refinerías dependen del crudo de Medio Oriente, por lo que las disrupciones regionales han reducido tanto su producción como sus exportaciones de combustibles terminados.
El resultado, según la API, es un mercado de gasolina más ajustado que el propio mercado de crudo: la capacidad global de refinación ha caído unos 7 millones de barriles diarios hasta mínimos de varios años, y Oriente Medio y Rusia concentran el 18% de la capacidad mundial de refinación.
Estados Unidos, corriendo al máximo
Frente a este panorama, el sistema energético estadounidense ha actuado como un amortiguador. En la semana que terminó el 3 de julio, las refinerías del país operaron al 95.8% de su capacidad, produciendo 9.7 millones de barriles diarios de gasolina terminada, un ritmo cercano al límite físico del sistema para abastecer un mercado tenso dentro y fuera del país.
A esto se suma el factor estacional: el verano dispara la demanda de gasolina por el mayor uso de vehículos, y obliga a producir mezclas especiales más costosas para reducir emisiones en climas cálidos, lo que añade costos antes de que el combustible llegue a la estación de servicio.
El contexto: precios volátiles, pero por debajo de los picos
El trasfondo geopolítico sigue siendo determinante. Según AFP, el Brent llegó a superar los 80 dólares por barril a inicios de julio tras la reanudación de los bombardeos estadounidenses contra Irán, aunque luego retrocedió a entre 76 y 77 dólares. Analistas citados por Infobae advierten que persiste una “prima de riesgo” relevante mientras el tránsito por el Estrecho de Ormuz se mantiene casi paralizado. A esto se suma que las reservas estratégicas de crudo de EE.UU. se encuentran en sus niveles más bajos desde la era Reagan, y los inventarios comerciales de la OCDE están en mínimos de once años, con apenas 57 días de cobertura de la demanda.
Pese a la volatilidad, tanto el crudo como la gasolina se mantienen por debajo de sus máximos de mayo, lo que API atribuye a la resiliencia del sistema energético estadounidense: producción récord, refinerías operando a tasas de utilización entre las más altas del mundo e inversión sostenida que ha mantenido el flujo de combustibles pese a la incertidumbre global.
