El Rey salva al Papa

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El Rey cede su Falcon al Papa tras una avería en Tenerife

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Julio A. López, editor jefe-. En un episodio rodeado de interrogantes, el rey de España desempeñó un papel inesperado justo antes de la partida del Papa hacia Roma. El monarca, formado en la Real Fuerza Aérea Española, detectó una situación inusual y alertó a la tripulación del vuelo de Iberia que transportaría al pontífice. Lo que ocurrió a continuación desencadenó una investigación cuyos detalles aún no han salido por completo a la luz, lo que alimenta el misterio en torno a un incidente que continúa generando preguntas.

Lo que comenzó como un retraso rutinario al término de la histórica visita del papa León XIV a España terminó convirtiéndose en una operación logística y diplomática poco común. Una avería técnica en el avión de Iberia que debía trasladar al Pontífice desde Tenerife a Roma obligó a cancelar el despegue cuando todos los pasajeros ya se encontraban a bordo.  

Según la información difundida por medios españoles y confirmada por la aerolínea, el Airbus A320 que transportaría a la delegación vaticana presentó una falla técnica que no pudo ser solucionada de inmediato. La tripulación informó a los pasajeros de una incidencia en uno de los sistemas de la aeronave, mientras los equipos de mantenimiento intentaban resolver el problema en la pista del aeropuerto de Tenerife Norte-Los Rodeos.  

Durante más de dos horas, el Papa, cardenales, funcionarios del Vaticano, periodistas y miembros de la delegación permanecieron a la espera de una solución. En un momento incluso se intentó reposicionar el avión para facilitar nuevas pruebas de encendido de los motores, debido a las complejas condiciones de viento que afectaban la operación aeroportuaria.  

La situación tomó un giro inesperado cuando el rey Felipe VI, que ya había despedido oficialmente al Pontífice, regresó a la aeronave para informarle personalmente sobre la incidencia y ofrecerle una alternativa: utilizar el Falcon oficial del Grupo 45 del Ejército del Aire español, que había trasladado al monarca a Canarias. Testigos relataron que ambos líderes descendieron del avión conversando en un ambiente distendido mientras los técnicos continuaban trabajando.  

Finalmente, León XIV aceptó la propuesta. El Falcon despegó rumbo a Roma con el Papa y su círculo más cercano, mientras que Felipe VI permaneció en Tenerife a la espera de otra aeronave oficial enviada desde la península para recogerlo. El gesto fue ampliamente destacado por los medios europeos como una muestra de cooperación institucional y cortesía entre la Corona española y la Santa Sede.  

El incidente constituyó el único contratiempo relevante de una visita considerada histórica. Durante casi una semana, León XIV recorrió Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife, centrando gran parte de su mensaje en la inmigración, la solidaridad y la integración social. En su última jornada visitó centros de acogida para migrantes y celebró una multitudinaria misa en Tenerife antes de emprender el accidentado regreso al Vaticano.  

Aunque la avería generó incertidumbre entre los pasajeros y obligó a reorganizar la logística de la delegación papal, el desenlace dejó una imagen simbólica: el jefe del Estado español renunció temporalmente a su propio transporte oficial para garantizar que el líder de la Iglesia Católica pudiera regresar a Roma sin mayores demoras. Un episodio inusual que cerró con un gesto de Estado una visita que ya había marcado un hito en las relaciones entre España y la Santa Sede.

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