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Julio A. López.- El presidente Donald Trump dio marcha atrás el martes a su plan de cobrar un peaje del 20% sobre la carga que transite el Estrecho de Ormuz, apenas un día después de haberlo anunciado, mientras Estados Unidos se prepara para reactivar el bloqueo naval contra los buques iraníes en la vía marítima. La medida llega en medio de la escalada más grave entre Washington y Teherán desde que comenzó la guerra hace más de cuatro meses.
Por qué Trump se retractó
«Basado en conversaciones altamente productivas con líderes de Oriente Medio, he decidido reemplazar la Tarifa de Reembolso del 20% de Estados Unidos por Acuerdos Comerciales y de Inversión que los distintos Estados del Golfo harán hacia Estados Unidos», escribió Trump en redes sociales. El mandatario explicó que la idea original, publicada apenas un día antes, generó llamadas de «reyes y emires» de países aliados que, según dijo, «han sido, francamente, socios muy sólidos». Trump aseguró que las nuevas inversiones prometidas «serán MASIVAS», aunque no quedó claro si se trata de compromisos nuevos o de los mismos anunciados tras su visita a la región el año pasado.
El giro también resolvía una contradicción incómoda para la Casa Blanca: en junio, el propio secretario de Estado, Marco Rubio, había declarado que «ningún país está autorizado a cobrar peajes o tarifas en una vía navegable internacional. Eso es ley internacional vigente». El plan del peaje del 20% —que, según cálculos de mercado, habría representado unos 30 millones de dólares por buque— rompía frontalmente con esa posición.
El bloqueo sigue en pie
Pese a retirar el cobro económico, Trump mantuvo su decisión de «reinstaurar EL BLOQUEO IRANÍ», que, según el Comando Central de EE.UU. (CENTCOM), comenzará a la medianoche del miércoles, hora de Dubái. Washington ya había impuesto un bloqueo similar entre abril y junio, como parte del acuerdo de tregua, y lo había levantado como gesto de buena fe. Ahora lo restablece, insistiendo en que el estrecho debe permanecer abierto para todos los países, excepto Irán, al que Trump se refirió como el objetivo exclusivo del bloqueo: «solo detiene la entrada o salida de los buques o de clientes de Irán».
El fin de semana que desató todo
La cadena de violencia se reactivó el sábado, cuando Irán atacó un buque comercial que transitaba el estrecho, lo que llevó a Estados Unidos a responder con nuevos ataques. Irán contraatacó contra Baréin, Jordania y tres petroleros que navegaban por la zona; dos de esas embarcaciones, asociadas a Emiratos Árabes Unidos, fueron incendiadas. El Ministerio de Defensa emiratí confirmó que el ataque contra los buques Mombasa y Al Bahiyah dejó un marino muerto y ocho heridos, y el país amenazó con represalias. La naviera holandesa Stolt Tankers reportó que uno de sus barcos, el Stolt Magnesium, sufrió un incendio en la sala de máquinas frente a Omán, aunque toda la tripulación resultó ilesa.
Un tránsito marítimo casi paralizado
El impacto en el tráfico marítimo ha sido severo: según la firma de seguimiento naviero Kpler, apenas 22 buques cruzaron el estrecho el 9 de julio, frente a los 147 que lo hacían diariamente antes de que comenzara la guerra el 28 de febrero. El lunes, la cifra tocó un mínimo de 10 embarcaciones, el nivel más bajo en más de un mes. El precio del Brent, que había superado los 86 dólares por barril el martes —su nivel más alto en un mes—, retrocedió tras el anuncio de Trump de retirar el peaje. La agencia de seguridad aérea de la Unión Europea advirtió a las aerolíneas que evitaran el espacio aéreo de Baréin, Kuwait, Catar, Emiratos Árabes Unidos y parte del Golfo de Omán, calificando la región de «alto riesgo para los vuelos civiles».
Diplomacia en el limbo
El canciller iraní, Abbas Araghchi, dijo el lunes que Teherán mantiene contacto con mediadores —Omán, Catar y Pakistán— para intentar desescalar la crisis, aunque no precisó el estado real de las negociaciones con Washington. Irán y Estados Unidos se encuentran cerca del punto medio de los 60 días previstos en su acuerdo interino para alcanzar un pacto definitivo que ponga fin a la guerra, resuelva la disputa sobre el estrecho y aborde el programa nuclear iraní. Con el bloqueo a punto de reactivarse y Teherán insistiendo en imponer sus propias reglas de tránsito, el control del Estrecho de Ormuz sigue siendo, según reconoce la propia AP, «el principal punto de fricción» entre ambos países.
