Dr. Juan Barreto
La anunciada y esperada reunión entre la Asamblea Nacional de 2015 y la AN de 2025 terminó frustrando en gran medida las expectativas que alrededor de ella se había creado.
El esperado primer encuentro terminó en un acuerdo estratégico de gran impacto: crearán un grupo de WhatsApp o, como dijera el periodista Vladimir Villegas, en una reunión a través de Zoom donde ambas delegaciones, de oposición y de gobierno —cada una controlando a una de las asambleas que hoy reconoce el Departamento de Estado y el gobierno de los Estados Unidos—, presentó una lista de los miembros de que integrarán la futura reunión que aún no tiene fecha definida, pero que se promete para finales de esta semana, o tal vez la otra, como una arruga que comienza a correr.
Pareciera que hay un primer mini acuerdo, al menos alrededor de una agenda muy amplia y difusa que contempla cuestiones que algunos podrían llamar “tareas deducidas”; por ejemplo, atender la tragedia nacional producto de los terremotos.
Obviamente hay que hacerlo, es responsabilidad del Estado en primer lugar y de todos los ciudadanos, no podía quedarse por fuera la oposición ni nadie. Ésa es una obligación además ética y moral de todo el país, pero fundamentalmente del Estado y de sus funcionarios.
En segundo lugar, hablan de un proceso de democratización que no terminan de concretar aún. No se habló de qué vía tomar y qué cronograma concreto van a discutir. Y en tercer lugar, repiten de algún modo el “mantra” de Marco Rubio sobre la recuperación económica, etc.
Aún el papel de trabajo está en un borrador de letras gruesas y en el terreno de las buenas intenciones. Claro que la llamada y el grupo de WhatsApp es un avance que no podía pensarse hace unos meses, cuando tener un chiste de un meme en el teléfono era un peligro.
Nadie tuvo que pararse de la mesa de negociaciones, porque la mesa no se instaló, pero hubo un contacto discreto entre las partes. Siguen existiendo distintos sectores de la opinión pública, del mundo político, económico y social que refunfuñan y murmuran en las esquinas diciendo que quedaban por fuera.
Otros que exigen ser invitados y algunos que quieren colearse.
Por otra parte, el líder históricos de la oposición se quedan guindados de la brocha o en el congelador, mientras los que menos pujan piden transparencia, celeridad en los diálogos, discusión por parte del PSUV, congreso del PSUV, consulta pública e incluso que los debates sean transmitidos.
Desde las gradas se apuesta al fracaso, o al éxito, se refutan. Dicen los que saben de saber mucho, que debe ser secreto. Todo opaco hasta salga humo blanco. Todo lo del es demagógico, porque el asambleísmo no conduce a nada y hay cosas que tienen que ser discretas.
En fin, el PSUV en su laberinto con espejos que discute consigo mismo y pareciera que el ruido de fondo cada vez más se convierte en escándalo.
Lo que ayer ni siquiera protestaban porque menores eran detenidos, ahora reclaman democracia interna. No es que esos reclamos no sean válidos, ¡por supuesto que sí!, los reivindicamos y los acompañamos, pero sería bueno que también reflexionaran y revisaran su propia conciencia sobre sus actos del pasado reciente.
Algunos dicen: «¿Será que están perdiendo privilegios o temen perderlos? ¿Será que están creando un campo de maniobra para desde allí renegociar sus posiciones tácticas y tal vez hasta estratégicas?». Por el otro lado, sectores de la oposición siguen apostando al fracaso de esta mesa para decir: «Viste, viste, te lo dije, te lo dije.
Sin mí nada es posible», como dijera Luis XVI: «Después de mí, el diluvio», «Un caballo, necesito un caballo. Mi reino por un caballo».
¿Qué pasará en los días que corren? Las respuestas están hoy en manos de las dos élites confrontadas que ahora, por obra y gracia de los Estados Unidos, aceptan, casi que a regañadientes, trabajar barriga con barriga, como hacían en los campos cuando amarraban a dos muchachos que peleaban, para ver si de ese modo se entienden.
Seguiremos observando. Esto está, como diría mi maestro Walter Martínez, caminando lento, pero en pleno desarrollo.
