The Daily Journal.- La cuenca del Atlántico Norte atraviesa un periodo de tregua meteorológica sin precedentes en la era moderna. A pesar de encontrarse en los meses tradicionalmente más activos del año, la formación de grandes tormentas se ha visto drásticamente frenada por un factor climático dominante. Quienes analizan los registros del clima global encuentran una explicación directa al mirar hacia atrás: una parálisis atmosférica de intensidad similar no se observaba desde el año 2015, período recordado como uno de los más inactivos en el Mar Caribe debido a la influencia del fenómeno de El Niño.
El precedente de 2015: el Caribe blindado
Históricamente, el fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur (ENSO) actúa como un escudo térmico y dinámico para el Atlántico. Durante el año 2015, la presencia de un evento de El Niño con una intensidad excepcional alteró por completo los patrones de viento globales. En aquella temporada, solo dos ciclones tropicales transitaron o afectaron la región del Caribe.
Esta bajísima actividad se debió principalmente al incremento masivo de la cizalladura vertical del viento. El Niño genera corrientes de aire fuertes y hostiles en las capas superiores de la atmósfera tropical, las cuales actúan «decapitando» los sistemas en desarrollo antes de que logren organizarse. En 2015, este fenómeno debilitó al huracán Danny a su entrada al Caribe oriental y destruyó la tormenta tropical Erika sobre Cuba, dejando una de las estadísticas de impacto más bajas de las últimas décadas.
Inameh confirma el impacto de un «Superniño»
En Venezuela, el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh) ha mantenido un monitoreo minucioso de esta evolución atmosférica. El presidente del organismo, el General Reidy Zambrano Méndez, confirmó en declaraciones oficiales que la fase cálida de El Niño se encuentra plenamente activa en el país.
Los análisis técnicos del instituto revelan anomalías severas en la temperatura del Pacífico ecuatorial que superan los 2.5 °C, un comportamiento que ha llevado a los expertos a catalogar el evento actual bajo la magnitud de un «Superniño».
A través de sus reportes de seguimiento, Inameh ha dejado claro cómo este fenómeno impacta de forma directa la dinámica de la región. El organismo precisó que se está transitando por una «temporada de huracanes bastante deficitaria».
Además de la fuerte cizalladura del viento inyectada por El Niño, los comunicados oficiales del instituto señalan que la presencia de densas capas de polvo del Sáhara en el Atlántico tropical ha actuado como un factor secundario clave, inhibiendo la inyección de humedad y bloqueando la evolución de las ondas tropicales hacia ciclones mayores.
Un espejo meteorológico y la alerta nacional
Las condiciones oceanográficas reproducen con gran precisión el escenario vivido hace poco más de una década. El fortalecimiento acelerado de El Niño inyecta aire seco y vientos cortantes en la atmósfera del Atlántico tropical, impidiendo la consolidación de ciclones de gran envergadura. Esto explica el hito histórico de que la cuenca haya alcanzado el mes de septiembre sin registrar la formación de su primer huracán maduro, un récord de retraso en la era satelital.
A pesar de esta inusual calma en la formación de tormentas con nombre, las autoridades venezolanas insisten en no bajar la guardia. El Inameh advirtió que el tránsito de las ondas tropicales continuará ocurriendo de forma regular hasta el cierre de la temporada en noviembre. Si bien la mayoría no evoluciona a ciclón, estos sistemas siguen interactuando con la Zona de Convergencia Intertropical, lo que puede desencadenar lluvias intensas y descargas eléctricas localizadas en territorio nacional.
La lección que dejó el 2015 —y que los comunicados institucionales reafirman— es que la inactividad de ciclones mayores es un respiro temporal. Las proyecciones del Inameh indican que el verdadero desafío para el último trimestre del año se centrará en un incremento sostenido de las temperaturas promedio y una agudización del periodo seco hacia el cierre del ciclo invernal, por lo que instan a los sectores agrícola, hídrico y eléctrico a trabajar coordinadamente bajo los planes oficiales de contingencia.
