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Julio A. López.- Colombia acaba de dar un paso decisivo para reforzar su seguridad energética. La Autoridad Nacional de Licencias Ambientales aprobó el permiso para el desarrollo de un nuevo proyecto de importación y regasificación de Gas Natural Licuado (GNL) en La Guajira, una iniciativa que busca garantizar el suministro de gas natural ante la caída de la producción doméstica y el aumento sostenido de la demanda industrial y residencial.
El proyecto, conocido como Ballenas LNG, estará ubicado en la zona de los históricos campos de gas Chuchupa y Ballena, en el departamento de La Guajira, una región que durante décadas fue símbolo de la autosuficiencia gasífera colombiana y que ahora se prepara para convertirse en uno de los principales centros de recepción de gas importado del país.
La iniciativa es desarrollada por Transportadora de Gas Internacional, filial de Grupo Energía Bogotá, en asociación con la petrolera Hocol, empresa controlada por Ecopetrol. El terminal permitirá recibir cargamentos internacionales de GNL, regasificarlos e incorporarlos al Sistema Nacional de Transporte de Gas. Según estimaciones oficiales, la instalación tendrá capacidad para inyectar hasta 250 millones de pies cúbicos diarios, una cifra que cubrirá una porción significativa de la demanda nacional.
La autorización ambiental se produce en un momento particularmente sensible para el sector energético colombiano. Diversos informes gubernamentales y estudios independientes han advertido de que las reservas probadas de gas del país han disminuido en los últimos años, mientras que los nuevos descubrimientos no avanzan a un ritmo suficiente para compensar el agotamiento natural de los campos existentes.
Ante este escenario, el Gobierno colombiano incluyó el proyecto en su Plan de Abastecimiento de Gas Natural 2023-2032, considerando que las importaciones de GNL serán necesarias para evitar déficits de suministro durante la próxima década.
La aprobación fue posible mediante un mecanismo regulatorio que permite incorporar nuevas actividades a proyectos ya licenciados, siempre que los impactos ambientales hayan sido previamente evaluados. Según el organismo, la expansión de la infraestructura de regasificación fortalecerá la competencia en el mercado energético, incrementará la oferta disponible y contribuirá a la estabilidad del sistema nacional de gas.
El proyecto contempla, además, obras submarinas, conexiones con la infraestructura existente y la integración con el gasoducto Chuchupa-Ballena, uno de los activos más importantes de la red gasífera colombiana. La inversión estimada ronda los 150 millones de dólares, de acuerdo con información divulgada por Grupo Energía Bogotá.
La aprobación de Ballenas LNG no es un hecho aislado. Colombia ya cuenta con el terminal de regasificación de Cartagena, operado por SPEC LNG, que ha contribuido a respaldar la generación eléctrica durante períodos de sequía y alta demanda. Con esta nueva instalación en La Guajira, el país busca diversificar sus puntos de entrada de gas importado y reducir los riesgos operativos.
La decisión también tiene implicaciones regionales. Mientras Colombia incrementa su capacidad para importar Gas Natural Licuado de mercados internacionales, Venezuela continúa poseyendo una de las mayores reservas de gas natural de América Latina, ubicadas principalmente en la Plataforma Deltana, en el Golfo de Paria y en proyectos costa afuera del Caribe venezolano.
Paradójicamente, hace dos décadas Colombia analizaba cómo exportar gas a sus vecinos. Hoy la realidad es distinta: el país se prepara para importar volúmenes crecientes de combustible con el objetivo de sostener su crecimiento económico y garantizar el abastecimiento energético de millones de consumidores.
Con Ballenas LNG, Colombia reconoce una realidad que se extiende por toda América Latina: el gas natural seguirá siendo un combustible estratégico durante las próximas décadas, y contar con infraestructura flexible para importar, almacenar y distribuir GNL será cada vez más importante para la seguridad energética de la región.
