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Julio A. López, editor jefe. — Mientras los familiares de militares venezolanos encarcelados continúan su lucha para visibilizar la situación de sus seres queridos, un contraste cada vez más evidente comienza a llamar la atención de quienes participan regularmente en vigilias, actos públicos y actividades de apoyo a los detenidos.
Según relatan familiares y activistas presentes en estas jornadas, funcionarios de la Embajada de los Estados Unidos en Caracas han mantenido una actitud de cercanía humana y preocupación constante por la situación de las familias. Más allá de las diferencias políticas que caracterizan la compleja realidad venezolana, los diplomáticos norteamericanos han procurado escuchar sus inquietudes, conocer de primera mano sus necesidades y mantenerse informados sobre su seguridad y bienestar.
Los familiares consultados destacan que los representantes diplomáticos han mostrado interés permanente en conocer las condiciones de quienes participan en las vigilias, así como en verificar que las actividades se desarrollen sin incidentes y que las personas involucradas regresen de forma segura a sus hogares.
Para muchas de estas familias, que llevan años enfrentando la incertidumbre, la distancia y el sufrimiento derivados de la situación de sus seres queridos, esos gestos han sido percibidos como una muestra de empatía y respeto.
Sin embargo, la realidad que describen respecto a buena parte de la dirigencia política opositora es muy distinta.
De acuerdo con numerosos testimonios recogidos durante los últimos meses, la presencia de líderes políticos opositores en estas actividades ha sido escasa o inexistente. Algunos familiares afirman que durante años participaron activamente en campañas, concentraciones y manifestaciones, exigiendo la libertad de presos políticos civiles y acompañando causas que consideraban justas, independientemente de la identidad de las víctimas.
Por ello, expresan frustración al considerar que la solidaridad que ofrecieron en el pasado no ha sido correspondida en la misma medida cuando se trata de militares detenidos por razones políticas.
Algunos familiares relatan incluso que las pocas veces que determinados dirigentes se han acercado a estas actividades no ha sido necesariamente para ofrecer respaldo o acompañamiento, sino para cuestionar la naturaleza de las protestas o sugerir que las concentraciones deberían cesar.
La respuesta de las familias ha sido directa. Recuerdan que durante años acompañaron los reclamos por la liberación de estudiantes, dirigentes políticos, activistas, periodistas y otros presos civiles. En su opinión, la defensa de los derechos humanos no puede depender de la profesión, la ideología o el uniforme de quien se encuentra privado de libertad.
Para ellos, la libertad y la justicia deben ser principios universales.
En medio de una Venezuela profundamente polarizada, las vigilias de familiares de militares presos han terminado por dejar una lección que trasciende la política partidista. Mientras algunos actores internacionales mantienen abiertos los canales de comunicación y muestran disposición a escuchar, muchas de las organizaciones y figuras políticas que históricamente han reivindicado la defensa de los derechos humanos permanecen ausentes de una causa que estas familias consideran igualmente legítima.
La paradoja no pasa desapercibida para quienes, semana tras semana, encienden una vela, exhiben fotografías de sus familiares y esperan noticias de quienes permanecen tras las rejas. Para ellos, la pregunta ya no es quién comparte sus posiciones políticas, sino quién está dispuesto a escucharlos.
Y en esa búsqueda de atención y acompañamiento, sostienen que han encontrado mayor receptividad por parte de funcionarios diplomáticos norteamericanos que en buena parte de la dirigencia política nacional.
