La Copa del Mundo 2026 golea el bolsillo de los fanáticos

Copa Mundial de Fútbol 2026

The Daily Journal.- «El fútbol es la única religión que no tiene ateos», una de las tantas reflexiones acertadas de Eduardo Galeano sobre la pasión que genera el balompié. El deporte más popular del planeta tiene su cúspide cada cuatro años con la Copa del Mundo. Esta edición se disputará en tres países: Estados Unidos, Canadá y México; un total de 16 ciudades y 104 partidos, al aumentarse el cupo de 32 naciones a 48 selecciones. La pelota empezará a rodar el 11 de junio en Ciudad de México y todo culminará el 19 de julio en Nueva Jersey. Gran parte de la conversación de los hinchas que asistirán no se centra en si Lionel Messi podrá retener el cetro, si Neymar devolverá la gloria a Brasil o si Cristiano Ronaldo entrará al Olimpo con Portugal. Antes que ellos, hay un goleador más letal e implacable: los precios de las entradas.

Muchas veces los fanáticos romantizan esta industria del ocio que es el fútbol y gritan: “Mi pasión no es su negocio”. Pero, lamentablemente, sí lo es. la FIFA, ese ente que tiene más países afiliados que la ONU, se lucra con su devoción por el balompié. Solo que, en esta oportunidad, pisó el acelerador a fondo en su ambición de ingresos por boletería. Esta cita ecuménica en Norteamérica lleva la etiqueta del “Mundial más caro de la historia”, y lo es por bastante.

Esto va más allá de que el estacionamiento en Los Ángeles cueste 250 dólares, que el tren al MetLife Stadium haya pasado de 12,90 a 98 dólares, que las noches de hotel aumenten un 55% más un día de partido que en cualquier otra fecha de junio o julio, que una cerveza ascienda a los 14 dólares y que, si le sumas una rebanada de pizza, ya gastes casi 30 dólares. A eso hay que añadir los 185 dólares que te cobran solo por solicitar la visa americana. El alza del valor de las entradas viene ligado a un nuevo modelo usado por la FIFA: precios dinámicos.

Los boletos de Categoría 1 en fase de grupos están entre los 450 y 990 dólares, cuando en Qatar un ticket similar costaba 220 dólares. Otrora, una entrada que rondaba los 1.000 dólares estaba reservada únicamente para una final o para asientos de lujo en semifinales. Con el transcurrir de los meses, los precios de las entradas han aumentado en 90 de los 104 partidos. La primera etapa de incrementos fue de octubre a noviembre, luego se disparó en diciembre y la última alza fue el 1 de abril. La mayoría osciló entre 10% y 20% de incremento.

Por ejemplo, el choque entre España y Uruguay, que se disputará en Guadalajara el 26 de junio, pasó de costar 345 dólares en la opción más costosa (Categoría 1) a 780 dólares. El ente rector del fútbol se defiende bajo la ley de la oferta y la demanda, al alegar una cifra récord de 500 millones de solicitudes de entradas para la cita ecuménica. Como dato curioso, el cotejo con mayor número de solicitudes fue el Colombia versus Portugal del 27 de junio, en el Hard Rock Stadium de Miami; ahí seguramente se verá un llenazo. El tema será el Cabo Verde contra Arabia Saudita en Houston, con entradas que oscilan entre los 140 y los 450 dólares.

Ni Trump lo pagaría

«Para ser honesto, yo tampoco las pagaría», declaró el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en una entrevista con el New York Post, cuando se enteró de que varios fanáticos pagaron más de 1.000 dólares para ver el choque entre Paraguay y la selección de las Barras y las Estrellas. Mientras tanto, el ticket más lujoso para la final triplicó su precio y alcanzó los 32.970 dólares en el MetLife Stadium de Nueva Jersey.

Desde el Viejo Continente también alzaron la voz. La asociación Football Supporters Europe llegó a solicitar a la FIFA que detuviera la venta de entradas al considerarla una «traición monumental a la tradición de la Copa del Mundo», debido a los «abusivos» y «astronómicos» precios. La FIFA, por su parte, se escudó diciendo: “Como organización sin ánimo de lucro, los ingresos que genera con la Copa Mundial se reinvierten para impulsar el crecimiento del fútbol (masculino, femenino y juvenil) en las 211 federaciones miembro de la FIFA en todo el mundo”. El tema es que, con los precios dinámicos y la reventa, la especulación maneja sin frenos.

El presidente de la FIFA redobló la apuesta y, en la Conferencia Global del Instituto Milken en Beverly Hills, declaró: “Nos encontramos en un mercado donde el entretenimiento es el más desarrollado del mundo, por lo que debemos aplicar precios de mercado. En Estados Unidos también está permitida la reventa de entradas, así que, si se venden a un precio demasiado bajo, se revenderán a un precio mucho mayor. De hecho, aunque algunos digan que nuestros precios son altos, terminan en el mercado de reventa a un precio aún mayor, más del doble del precio original”.

El mandamás agregó: «En Estados Unidos no se puede ir a ver un partido universitario, ni hablar de un partido profesional de alto nivel, por menos de 300 dólares».

¿Entradas frías?

Para los que piensan que los organizadores del Mundial se están dando un tiro en el pie, se equivocan. Al igual que el casino, la casa siempre gana. El periodista Marcelo Gantman explicó el proceso en su boletín digital Big Data Sports: “FIFA vende el ticket en el mercado primario; cuando ese ticket entra al mercado secundario a través del FIFA Marketplace, cobra el 15 por ciento al vendedor y el 15 por ciento al comprador. El 30 por ciento total de cada transacción de reventa va a la FIFA, sin importar el precio final. Lo dicho: se gana por precio y se gana por volumen”. Así, esperan recaudar 3.000 millones de dólares en boletería y hospitalidad combinadas, sin contar con el extra de la reventa.

La forma de maximizar el proceso es con la táctica del slow ticketing, aplicada por artistas como Bruce Springsteen o Taylor Swift. Consiste en que los promotores lanzan de forma gradual el inventario de entradas, empezando por el costo más oneroso que el mercado pueda sostener, y luego aguardan a la corrección. En esta fórmula, los seguidores son las víctimas y la especulación triunfa. La pasión y la experiencia del ocio solo las disfrutan aquellos que tengan la billetera más pesada.

¿Alejará esto al fanático? “La FIFA ocupa una posición bastante única, donde entra al mercado cada cuatro años y luego no regresa a ese mercado por un tiempo. Eso le permite ser más ambiciosa o agresiva con sus precios iniciales”, explicó Cameron Mansson-Perrone, analista de Morgan Stanley, para Sportico.

Por todas estas razones, el fútbol transita hacia ser un deporte de élites y deja atrás aquel espectáculo de masas que conquistó al planeta en el siglo XX.

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