Elías Jaua: “Hay que demandar ante la CIJ la restitución del manejo de los ingresos de la nación por parte del Estado venezolano”

Entrevista Especiales Política

José Gregorio Yépez

Tras los eventos del 3 de enero pasado, se ha redibujado el mapa político venezolano y se presentan situaciones inéditas para el país. Muchas son las lecturas que se hacen y surgen palabras y frases por doquier.

Las percepciones van desde la denuncia de un “tutelaje” hasta quienes aliviados dicen: menos mal que pasó”.

Las crisis política y multidimensional que vive el país está intrínsecamente vinculada con la polarización que ha atravesado a la sociedad venezolana, sin embargo, Elías Jaua señala que el Gobierno tiene el deber de defender la soberanía a toda costa.

No se queda en el tema territorial. Destaca la distorsión que significa la administración de los recursos provenientes de la venta del petróleo a través de una cuenta que maneja el gobierno de los Estados Unidos.

El exvicepresidente de la República, durante la gestión de Hugo Chávez, sostiene que se hace necesario “demandar ante la Corte Internacional de Justicia la restitución inmediata del manejo de los ingresos de la nación por parte del Estado venezolano”.

Al salir del evento Mesas de Convergencia, organizado por Foro Cívico, tuvimos la oportunidad de conversar con el dirigente político sobre el escenario político y geopolítico en el que está inscrita Venezuela.

El gendarme intervino

¿Usted habla de un empate catastrófico que nos llevó a la pérdida de la República. ¿Cuándo la perdimos y cómo la recuperamos?

─La perdimos el 3 de enero durante la agresión militar del gobierno de los Estados Unidos, y a partir de allí la instauración de un tutelaje que ha producido que Venezuela hoy no tenga el manejo soberano de sus recursos, de sus ingresos nacionales, depositados en una subcuenta del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Ha perdido su capacidad de autodeterminación política en tanto que ninguno de los actores políticos se atreve a construir una salida, una regulación del conflicto, sino que se está a la espera de las directrices del gobierno actual de los Estados Unidos. La hemos perdido porque nuestra política internacional está condicionada, y la hemos perdido porque un gobierno extranjero puede incursionar sus naves militares sobre nuestro espacio aéreo, despliega sus agencias de seguridad sin que haya posibilidad de evitarlo.

¿Cómo revertir esto en medio de la situación geopolítica? Cómo revertirlo con una situación interna con una polarización a tres: El Gobierno, un polo agrupado en la opción María Corina Machado ─ Edmundo González y un gran espacio político que exige su participación, pero que no la consigue.

─Yo diría que ese amplio sector es decisivo en la construcción de un espacio político que permita una cohesión nacional con la cual demandar la restitución de la República. Sin embargo, el Estado venezolano está obligado por la Constitución vigente a preservar la soberanía de la República. Por lo tanto, puede acudir a las instancias internacionales correspondientes, primero a formalizar una denuncia sobre la situación de vulneración.

Jaua se detiene para enfatizar su afirmación: “Ni siquiera de vulneración…. ¡de conculcación de su soberanía económica! De su soberanía política. Hay que demandar ante la Corte Internacional de Justicia la restitución inmediata del manejo de los ingresos de la nación por parte del Estado venezolano que, constitucionalmente y soberanamente, debe hacerlo bajo los sistemas de control fiscal que establece la propia Constitución.

La realpolitik nos dice que eso es poco probable que suceda. Entonces… ¿cómo reacomodar las fuerzas políticas venezolanas ante esta situación? ¿Cómo se recompone?

─La denuncia internacional no se puede subestimar. Si bien es cierto que para el gobierno de los Estados Unidos actual no existe el derecho internacional, sí existe. Y un Estado soberano tiene que dejar precedentes jurídicos para las futuras reclamaciones que le corresponda hacer.

Dejar constancia de lo que pasa.

─ Dejar constancia de la situación a la que está siendo sometido en este momento. Además, tiene que denunciar ante la comunidad pública internacional la situación en la que se encuentra.

Luego de esta argumentación hace una pausa y mueve el foco de su análisis hacia lo interno.

Reconoce que “lo más complejo es efectivamente lograr un acuerdo nacional que construya una salida democrática, pacífica y electoral a la situación venezolana, que es lo que le daría fuerza. Esa cohesión de la nación para exigir la restitución del modelo republicano”.

¿Y cómo se construye ese acuerdo político? Usted ha dicho que los políticos venezolanos de esta generación no se conocen y que además no han establecido mecanismos de entendimiento. ¿Cómo construirlos en medio de esta situación?

─En primer lugar, los espacios de diálogo que se han venido abriendo tienen que incluir de verdad a todos los sectores. Si hay un solo sector que se sienta excluido, estaremos sembrando la nueva fisura para los futuros conflictos que hemos venido arrastrando a lo largo del tiempo.

Cómo hacemos convivir al Partido Comunista de Oscar Figuera y a Vente de Venezuela, en espacios donde sus propios correligionarios ideológicos también los rechazan.

─ La responsabilidad está en la voluntad de quien tiene la capacidad de convocar en este momento.

El Estado.

─ Sí, el Estado. Pero no solo el gobierno, sino las fuerzas parlamentarias. Todas las fuerzas parlamentarias que constituyen hoy la Asamblea Nacional serían las llamadas a hacer esa convocatoria a todas las fuerzas políticas y sociales. Porque se está quedando mucha gente por fuera. Un consenso de cuatro partidos y de Fedecámaras ─con algunos sindicatos─ podrá imponerse, pero no podrán convencer.

Para eso se requiere confianza. ¿Cuáles son los caminos para construir esa confianza necesaria que logre abrir el espacio plural que requiere la solución de la crisis multidimensional del país?

─ La confianza no se decreta. Se construye. Y se va a construir primero si todos estamos sentados. Si todos estamos conversando; si todos estamos plasmando las ideas y si los acuerdos a los que se lleguen expresan, sino la totalidad de todos los intereses en conflicto, se acerquen a una agenda donde todo el mundo se sienta recogido y expresado. Pero en este momento lo que más se requiere, más que confianza, es voluntad a favor del país. Un profundo amor por Venezuela.

No se puede fingir demencia

Hace una nueva pausa. Parece revisar en algún archivo de su memoria, y con voz de preocupación señala: “A uno no deja de asombrarle que en cualquier espacio se está hablando de ver si vamos a reformar el Poder Judicial, las condiciones políticas, la reforma de la Ley del Trabajo, como que si Venezuela tuviera hoy autonomía para determinar eso”.

“La Ley del Trabajo, por ejemplo, va a ser reformada más en función de los intereses de las transnacionales petroleras, tal cual fue reformada la Ley Hidrocarburos. Entonces, ¿de qué estamos hablando? No podemos seguir fingiendo demencia, como dicen los jóvenes, frente a la grave situación que tiene Venezuela”, dice con una sonrisa sarcástica.

En este momento el sociólogo de profesión acude a la historia y señala que “Venezuela ha perdido la República dos veces. En 1814 bajo “la bovera” y la perdió el 3 de enero del 2026. Con eso te grafico la gravedad de la situación”.

”¿Qué permitió la restitución de la República después de 1814? La unidad de todos los patriotas. Por fin Bolívar pudo sentarse con Mariño, con Bermúdez, con todos. Piar liberó Guayana. Bolívar lo dice claramente, no podemos tener República si tenemos esclavos. No podemos tener República si tenemos a los indios marginados. No podemos tener República si no hay educación. Bolívar plantea un consenso social para la unidad política que permitió que llegáramos hasta el Alto Perú a liberar todo este conflicto”, sentencia el exvicepresidente de la República.

Usted ha señalado a la democracia como la posibilidad de regular el conflicto de intereses; habla también de poner al país, a la patria, primero. Eso no ha sido posible y nos trajo a este “empate catastrófico”. Identifica usted los detonantes para que eso realmente cambie.

─ Lamentablemente creo que los detonantes se darán en la medida en que la ocupación y el tutelaje se profundice. Apenas está comenzando. La coacción en función de reformas de leyes, de cambios institucionales favorables a los intereses de la potencia ocupante. El despliegue y la presencia militar cada vez más visible de la potencia ocupante va a estremecer la conciencia.

Cuando se sienta la bota en el cuello.

─ ¡Lamentablemente!

Usted hablaba de las heridas que tenemos como sociedad. ¿Dónde identifica usted esas grandes heridas a sanar y el mecanismo para hacerlo?

─ En primer lugar el desconocimiento del otro. Entramos en lo que yo llamo los relatos. El chavismo tiene un relato. El chavismo ganó unas elecciones de 1998, fue a un amplio proceso constituyente. Sometió la Constitución a referéndum popular, y menos de un año después fue desconocido. Se le dio un golpe de Estado. Se persiguió, se criminalizó, se satanizó. Luego hubo un intento de regulación del conflicto, que fue positivo en el 2004 y la utilización de un mecanismo constitucional que fue el referéndum revocatorio, lo cual dio un periodo de estabilidad, de regulación del conflicto, el conflicto no desapareció, pero dejó de ser existencial hasta la muerte del comandante Chávez. Después, nuevamente el conflicto comenzó a ser antagónico, existencial, se planteó la aniquilación del contrario.

“Para sanar las heridas, primero tenemos que reconocernos. Aquí nadie va a aniquilar al otro, está demostrado. Eso es el empate catastrófico. Nadie pudo desaparecer al otro. Y entró, lo decía Gramsci ─casi que proféticamente─ un ʽcentinela extranjeroʼ que terminó diciendo: ‘ustedes no se pueden matar entre ustedes, los mato a los dos”, sentencia en su análisis Elías Jaua.

Define el reconocimiento del otro como “la situación necesaria”. “Superar el desconocimiento político que hemos tenido. La confrontación dejó heridas que hay que sanar, hay dolores. Así como hay gente víctima de la represión del Estado de manera injustificable y grave, también hay sectores, personas concretas del chavismo, que en sus comunidades, que en sus edificios, fueron golpeadas, fueron sometidas al escarnio público, fueron desnudadas, fueron quemadas. Entonces, hay que necesariamente saldar esa deuda”.

Responsabilidades individuales

Jaua advierte en su análisis que las “identidades políticas no deben ser etiquetadas”.

“No se puede etiquetar a las identidades políticas como responsables de algo, sino individualizar las responsabilidades para que eso no vuelva a ocurrir en Venezuela. Porque si se queda solo en el relato histórico que el chavismo hizo esto y la oposición hizo esto, no va a pasar nada”, alerta el sociólogo.

Agrega que de mantenerse estas etiquetas “no va haber ese reencuentro y por el contrario, va a haber repetición, porque los responsables individuales se escudan tras una denuncia o una acusación genérica hacia una identidad política”.

“En parte nos pasó. Un error cometido por nosotros. ¿Dónde están los responsables del Caracazo? Nosotros tuvimos la posibilidad como Estado, la Revolución Bolivariana de denunciarlo y no se hizo. Simplemente se señaló la masacre, El Caracazo, pero ni una sola persona fue denunciada por una de las peores masacres que ha habido en la historia contemporánea venezolana. Eso no puede volver a pasar.

Si le tocara hacer un mea culpa de su acción política públicamente, ¿cuál sería?

─ Haber contribuido en algún momento con mi opinión a la polarización extrema. Y luego no haber podido acumular la fuerza suficiente para revertir esa polarización a la que nos llevamos. Nosotros hicimos un esfuerzo en el año 2018, iniciando el congreso del partido [PSUV] por tratar de evitar que se escalara en esta situación.

En tono reflexivo, finaliza señalando “lamentablemente no hubo el espacio para la discusión, para poder desarrollarlo ampliamente y después se desencadenaron hechos como el gobierno paralelo de Guaidó y entramos en la lógica de la guerra. Creo que pude haber hecho más para imponer la lógica de la política”.

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