Editorial | Un Dream Team: El activo estratégico de GE Vernova en Venezuela

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Por Julio A. López, editor en jefe.- En el tercer piso de 58 Charles Street, en Cambridge, Massachusetts, la nieve caía con la paciencia de quien sabe que tiene toda la noche por delante. Las luces de las oficinas permanecían encendidas mucho después de la hora habitual. La secretaria del presidente ejecutivo iba y venía por los pasillos cargando cajas de café, bandejas de comida y documentos impresos a toda velocidad.

Nadie hablaba demasiado.

Cuando una gran corporación entra en modo de crisis, las conversaciones se desvanecen y los movimientos se vuelven más ágiles.

Los cerca de 200 empleados que ocupaban la sede principal de GE Vernova intuían que algo importante estaba ocurriendo. Las puertas de las salas de reuniones permanecían cerradas. Los teléfonos no dejaban de sonar. Las impresoras trabajaban sin descanso.

La actividad parecía concentrarse en torno a una sola oficina: Recursos Humanos.

Horas más tarde, ya entrada la noche, el Director Global de Recursos Humanos entró al despacho del CEO, Scott Strazik. Llevaba consigo una carpeta que representaba muchas horas de trabajo y miles de horas de búsqueda.

Habían revisado perfiles en más de cien países.

Habían evaluado la experiencia, las especialidades, los idiomas, el historial profesional y el conocimiento de campo.

La misión era extraordinaria.

La empresa necesitaba conformar un equipo capaz de enfrentar uno de los desafíos técnicos más complejos de las últimas décadas: participar en el diagnóstico y eventual reconstrucción del sistema eléctrico de una nación entera.

El documento contenía los nombres seleccionados.

Los profesionales escogidos compartían algo en común.

Eran venezolanos.

Ingenieros eléctricos, especialistas en generación, expertos en transmisión, profesionales de automatización, técnicos de campo, gerentes de proyectos. Hombres y mujeres formados durante décadas en torno a la industria energética venezolana y a la propia cultura corporativa de General Electric.

La decisión fue inmediata.

Los primeros vuelos se coordinaron esa misma noche.

Al amanecer, varios de ellos ya se encontraban en camino a Caracas.

La escena resulta reveladora porque ayuda a entender qué es realmente GE Vernova.

Con cerca de 75.000 empleados, operaciones en más de 100 países y una cartera de proyectos superior a los 150.000 millones de dólares, GE Vernova es hoy una de las empresas energéticas más importantes del planeta.

La compañía nació de la transformación de la histórica General Electric y concentra negocios que abarcan desde la generación eléctrica y las redes de transmisión hasta la energía eólica, la automatización industrial, la digitalización y la inteligencia artificial aplicada al sector energético.

No es casualidad que estableciera su sede mundial en Cambridge, Massachusetts, a pocas calles del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y de la Universidad de Harvard.

Allí conviven algunas de las mentes más brillantes del mundo en ingeniería, ciencia y tecnología.

Sin embargo, incluso dentro de ese extraordinario ecosistema de innovación, existe un activo que rara vez figura en los informes financieros, pero que genera un valor inmenso para la organización.

El talento humano.

Y dentro de ese talento humano, el venezolano ocupa un lugar que merece ser reconocido.

Durante años, Venezuela construyó una de las mayores concentraciones de profesionales técnicos de América Latina.

La industria petrolera, petroquímica, eléctrica, gasífera y minera formó generaciones completas de especialistas acostumbrados a trabajar en proyectos de gran escala y alta complejidad.

Muchos de ellos emigraron.

Otros permanecieron en el país.

Pero todos conservaron algo que no aparece en un currículo: experiencia acumulada.

Cuando GE Vernova necesitó conformar un equipo capaz de comprender rápidamente la realidad venezolana, interpretar datos dispersos, recorrer instalaciones, dialogar con organismos públicos y privados y elaborar diagnósticos bajo presión, recurrió precisamente a ese capital humano.

Y el resultado fue contundente.

En tiempo récord, el equipo completó su misión.

Recopiló información.

Identificó necesidades.

Construyó escenarios.

Y entregó un diagnóstico que serviría de referencia tanto para la empresa como para las autoridades involucradas.

No fue casualidad.

Fue el resultado de décadas de formación profesional.

Por eso esta historia trasciende a GE Vernova.

Representa una lección para cualquier empresa internacional que contemple invertir en Venezuela durante los próximos años.

Con demasiada frecuencia se analiza a Venezuela únicamente por sus reservas petroleras, sus recursos minerales o su posición geográfica.

Pero el activo más valioso del país no se encuentra bajo tierra.

Camina sobre ella; habla español, resuelve problemas, diseña soluciones, dirige proyectos, forma equipos.

Ese activo se llama talento venezolano.

Las compañías que lleguen al país y comprendan esta realidad avanzarán más rápido, cometerán menos errores y tendrán mayores probabilidades de éxito.

Las que la ignoren enfrentarán una curva de aprendizaje mucho más costosa.

La reconstrucción económica de Venezuela requerirá inversión, tecnología y financiamiento.

Pero ninguna de esas herramientas funcionará sin las personas adecuadas.

La experiencia de GE Vernova demuestra que el conocimiento venezolano sigue siendo competitivo a escala global.

Quizás ha llegado el momento de que los propios venezolanos vuelvan a creerlo.

Porque las grandes transformaciones nacionales no comienzan con máquinas, contratos ni discursos.

Comienzan cuando una sociedad reconoce el valor de su propia gente.

Y Venezuela posee, quizás sin saberlo, uno de los mejores equipos del continente.

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