Washington acelera un plan de acción tras el terremoto que devastó el país
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Julio A. López, editor jefe.– Altos funcionarios del gobierno estadounidense trabajan a contrarreloj en un plan de acción acelerado para su ejecución inmediata en Venezuela. El proyecto, que originalmente se estructuraba en tres fases y se actualizaba constantemente desde que Washington comenzó a delinear una hoja de ruta para una transición política en Caracas, sufrió modificaciones imprevistas tras el doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudió al país el 24 de junio, el sismo más mortífero que ha sufrido Venezuela en el último siglo. Según cifras oficiales, la tragedia ya supera los 4.490 fallecidos y decenas de miles de damnificados, con epicentro en Caracas y afectación directa en siete estados del norte del país.
Tres cambios clave en el plan original
Entre las modificaciones más relevantes al plan de acción destacan tres: la colaboración directa con políticos venezolanos —incluidos miembros de la Comisión Delegada de la Asamblea Nacional electa en 2015, el órgano que ejerce funciones legislativas durante los recesos parlamentarios—; la incorporación de capacidades del Cuerpo de Ingenieros del ejército norteamericano para labores de reconstrucción; y el envío de asesores y tropas adicionales al territorio venezolano, en una región donde Washington ya mantiene un despliegue naval y militar significativo desde finales de 2025, cuando el Pentágono comenzó a reforzar su presencia en el Caribe sur bajo el argumento de combatir el narcotráfico.
El precedente de Haití
Como referencia, funcionarios estadounidenses están tomando en cuenta la respuesta de Washington al terremoto que devastó Haití en 2010, que dejó más de 100.000 muertos. En aquella ocasión, Estados Unidos destinó cerca de 3.000 millones de dólares en ayuda económica y desplegó alrededor de 7.000 efectivos militares para labores humanitarias y de estabilización, en una de las operaciones de asistencia más grandes emprendidas por Washington en el hemisferio.
Inteligencia militar y malestar interno
El cambio de enfoque en el plan no solo responde al desastre natural. También obedece a recomendaciones de inteligencia del Pentágono, que trasladó al Departamento de Estado información sobre un malestar creciente detectado tanto entre los sectores militares venezolanos como, de forma marcada y creciente, entre la población civil. Ese factor se suma a un contexto ya tenso: desde la salida del poder de Nicolás Maduro a comienzos de este año, Washington ha insistido en que dirigirá el proceso de transición hasta que se consolide la democracia en Venezuela, un escenario en el que figuras como la Nobel de la Paz María Corina Machado y el presidente electo Edmundo González reclaman el reconocimiento pleno de la soberanía popular expresada en las elecciones de 2024, mientras dirigentes del chavismo como Delcy y Jorge Rodríguez negocian su propio rol en la etapa de transición.
Reconstrucción bajo la lupa política
La magnitud de la catástrofe —que, según organismos de la ONU, generó una de las mayores crisis humanitarias recientes en la región, con más de 100 campamentos transitorios habilitados solo en los primeros días de julio— ha convertido la respuesta al terremoto en un componente central de la estrategia de Washington hacia Caracas.
La combinación de ayuda humanitaria, presencia militar y articulación con actores políticos locales sugiere que Estados Unidos busca capitalizar la emergencia para acelerar objetivos que ya formaban parte de su agenda para el país antes del sismo.
