Putin ante el espejo de la historia

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Julio A. López, editor jefe. – El medio ruso Dos’e y el disidente Mijaíl Jodorkovski revelaron un documento elaborado en febrero por el entorno de Serguéi Kirienko, subdirector de la Administración Presidencial, que describe cómo “vender” a la población rusa cualquier acuerdo de paz con Ucrania como una victoria.

Públicos a gestionar uno por uno

El plan identifica audiencias “problemáticas” y define estrategias específicas para cada una. A los veteranos y ultranacionalistas se les propone crear un “vínculo emocional” —reconocer sus pérdidas, “llorar” a los caídos— y canalizarlos hacia actos conmemorativos, partidos políticos o un nuevo contrato con el Cuerpo Africano para misiones en el extranjero. A la población general, cansada de la guerra, se le ofrecerán “buenas noticias”: la reapertura de los aeropuertos, la normalización de las telecomunicaciones y una amnistía tradicional —vigente en Rusia desde el fin de la guerra de Crimea— para quienes se pronunciaron a favor de la paz. A los empleados del complejo militar-industrial se les prometen “nuevas oportunidades”: la reanudación de las exportaciones y la reconversión industrial.

El argumentario de la “victoria”

El documento entrega guiones completos de propaganda: Rusia habría “defendido su independencia” y evitado una “catástrofe humanitaria” en el Donbás; el ejército ruso sería “el más operativo del mundo” tras enfrentarse a “50 países”; y el propio Putin cita su discurso de 2022 sobre construir “la sinfonía de la civilización humana”. Entre las ganancias que destacan: el control de más de 110.000 km² —equivalente a Bulgaria o Grecia—, la totalidad de la costa del mar de Azov convertida en “mar interior ruso”, 10.000 millones de toneladas anuales de capacidad carbonífera en la República Popular de Donetsk y la mayor central nuclear de Europa, en Zaporizhia.

Los riesgos que el propio Kremlin admite

Pese al tono triunfalista, el documento reconoce con crudeza los riesgos de prolongar la guerra: catástrofe económica, aumento de impuestos, alta probabilidad de movilización general, ataques en profundidad en territorio ruso, déficit demográfico y debilitamiento de la posición internacional de Rusia frente a Estados Unidos. Incluso admite que “no vamos a alimentar a 30 millones de ucranianos” si el conflicto se prolonga indefinidamente.

Doce proyectos para instalar el relato

El plan detalla doce líneas de acción concretas: desde “sociología formativa” y debates mediáticos sobre la normalización de la vida hasta un proyecto integrado titulado “Las victorias de Rusia”, que enfatiza que “la rendición no es una salida inevitable”. Propone, además, moderar el discurso de los radicales más beligerantes, lanzar campañas sobre los BRICS como “nueva política internacional”, difundir historias de veteranos reinsertados con éxito —evitando casos de alcoholismo o suicidio— y culminar con una amnistía en honor a la victoria que rehabilite públicamente la palabra “paz”, así como la construcción de monumentos y archivos que perpetúen el relato del sacrificio ruso.

Un obstáculo mayor: el propio Putin

Mientras los estrategas de comunicación insisten en “saber parar a tiempo” antes de que las fisuras internas provoquen un colapso, el alto mando militar presiona en sentido contrario, convencido de poder ocupar la totalidad del Donbás para el otoño. A ello se suma el escepticismo de Xi Jinping, quien —según el propio documento— cree que Putin podría “lamentar” algún día haber iniciado esta guerra.