Editorial | Silencio Vergonzoso ante los Migrantes Venezolanos en EE. UU.

Opinión

Por Julio A. López, editor en jefe.
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The Daily Journal — Cada país tiene derecho a establecer sus propias reglas migratorias, y quienes residimos como inmigrantes en esos países estamos obligados a cumplir las normas que determinan nuestra permanencia temporal o definitiva. 

Por extremas e injustas que nos parezcan estas medidas, está dentro de las facultades soberanas del gobierno norteamericano implementar las políticas que considere necesarias para hacer valer sus objetivos migratorios. Pero en no pocos lugares pareciera que el objetivo específico son los venezolanos, y en el sur de la Florida esa situación resulta evidente y difícil de ignorar.

Llama la atención por varias razones. Es allí donde se concentra la mayor cantidad de inmigrantes venezolanos en el país: hombres y mujeres que han aportado experiencia, fuerza de trabajo, capital e inversión para construir comunidades con algunos de los índices de crecimiento económico y de generación de riqueza más altos del país.

También allí se concentra la mayor cantidad de periodistas venezolanos fuera de su país, así como de medios de comunicación dirigidos por venezolanos o de propiedad venezolana. Y es justamente ahí donde comienza el silencio vergonzoso.

Un silencio que no es nuevo en la historia

No sería justo ni sano exigirle a la enorme comunidad de periodistas del sur de la Florida que se inmolen por una causa que escapa a su poder de influencia directa. Pero verlos guardar silencio provoca una vergüenza ajena difícil de disimular.

Tal vez se sienten protegidos por su estatus migratorio o temen que se pongan en la mira de las autoridades. Sin embargo, deben recordar que la historia —no tan lejana— ha mostrado una y otra vez el mismo patrón: la persecución comienza señalando a un grupo específico, y quienes miran hacia otro lado, creyendo que «a mí no me va a tocar», terminan descubriendo, tarde, que el silencio nunca fue una forma de protección.

Basta observar cómo, en distintos momentos del siglo XX, sociedades enteras normalizaron la persecución de individuos, comunidades étnicas, religiosas o nacionales bajo el argumento de la seguridad, del orden o de la ley.

En cada uno de esos episodios, el silencio de quienes tenían voz pública —periodistas, líderes comunitarios, empresarios— fue tan determinante como la propia acción persecutoria. 

Elecciones, votos y responsabilidad moral

Esta persecución contra inmigrantes venezolanos ocurre, además, a las puertas de unas elecciones. Es precisamente en Florida donde están en juego varios escaños del Congreso norteamericano y donde el voto venezolano —el de sus familiares y amigos— tiene un peso político real. Levantar la voz ante lo que ocurre no es solo una cuestión de solidaridad: es una obligación moral para los medios de comunicación en manos de venezolanos, que tienen la capacidad de influir en la conversación pública precisamente en el momento en que más cuenta.

El petróleo que nos ata y nos obliga

Si el tema electoral interno no bastara, hay otro factor que agrava la contradicción: Estados Unidos ha atado buena parte de su futuro energético a Venezuela. Sin entrar en los detalles legales o comerciales de los acuerdos petroleros, el crudo venezolano —patrimonio de todos los venezolanos— no solo abastece hoy las sedientas refinerías norteamericanas, sino que, según las proyecciones actuales, seguirá nutriendo las reservas estratégicas de Estados Unidos durante los próximos 25 o 100 años. 

Mientras eso ocurre, resulta inaceptable guardar silencio ante la persecución de esos mismos venezolanos por parte de la nación a la que suministramos petróleo.

Si Venezuela es socia estratégica de Estados Unidos y contribuye a garantizar su seguridad energética, es razonable exigir que esa relación también sirva para salvaguardar la tranquilidad y la dignidad de los ciudadanos venezolanos que residimos en territorio norteamericano.

No puede haber un negocio petrolero sano y, a la vez, una persecución contra los dueños del petróleo. 

Una deuda que se cobrará en las urnas

Si a los políticos venezolanos no les importan los que residimos en Estados Unidos, allá ellos con su conciencia. Llegará el momento en que, con nuestros votos, se les cobrará su indiferencia y su abandono. Pero los comunicadores, los influencers, los artistas y todo aquel venezolano con capacidad para levantar la voz ante lo que ocurre a nuestros ojos tienen la obligación de manifestarse.

La alternativa es vivir con la vergüenza de haber guardado silencio cuando el silencio pesaba. 

En The Daily Journal nos enfocamos en los negocios, pero mientras contamos barriles, tampoco podemos olvidar a las personas. Este medio fue fundado hace 81 años en Caracas y mantenemos fuertes vínculos con Venezuela.

No podemos mirar hacia otro lado mientras los venezolanos viven con incertidumbre en el país que los recibió y que hoy, en no pocos casos, los persigue. 

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