Drones ganan la guerra contra la infraestructura petrolera

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Julio A. López, editor jefe. – La campaña de drones ucranianos contra la infraestructura petrolera rusa ha entrado en una nueva fase en julio de 2026. Los ataques ya no se concentran únicamente en refinerías cercanas a Ucrania, sino que también alcanzan instalaciones ubicadas a más de 2.700 kilómetros del frente de batalla, entre ellas puertos petroleros, terminales marítimas, estaciones de bombeo, depósitos de combustible y petroleros en alta mar. Las firmas de inteligencia energética lo consideran el mayor ataque sostenido contra la industria petrolera rusa desde el inicio de la guerra.

Impacto sobre la capacidad de refinación

Según la consultora de materias primas Kpler, los ataques con drones ucranianos han reducido el volumen de producción de las refinerías rusas a su nivel mínimo en 21 años, situándose en unos 3,8 millones de barriles diarios, según Energy Aspects. A mediados de julio, aproximadamente 4,3 millones de barriles diarios de capacidad estaban fuera de servicio o afectados, lo que representa alrededor del 58% de la capacidad de refinación rusa. Según cifras del Estado Mayor ucraniano, los ataques han inutilizado el 42,7% de la capacidad de refinación diseñada del país.

En los últimos 100 días, Kiev ha llevado a cabo unos 50 ataques contra instalaciones rusas de producción de combustible, lo que ha afectado al menos 24 de las 34 grandes refinerías del país. En lo que va de año, los drones ucranianos han atacado todas las grandes refinerías de petróleo rusas en al menos 194 incursiones sobre territorio ruso, 11 más que en todo el año pasado.  

Infraestructura atacada en 2026

Entre las instalaciones alcanzadas destacan la refinería de Omsk, la mayor de Rusia y una de las más importantes de Siberia; la terminal petrolera de San Petersburgo; el puerto petrolero de Vysotsk, en el mar Báltico; la refinería de Ust-Luga; el complejo petroquímico Salavat; depósitos en las regiones de Tver y Stavropol; estaciones de bombeo de oleoductos; terminales marítimas de carga de crudo, y dos petroleros rusos atacados en el mar de Azov.

Una crisis que llega a los ciudadanos rusos

Los efectos ya no se limitan al plano militar ni al de exportador. La ofensiva ucraniana ha dejado a Rusia en una crisis de combustible que afecta a más de 50 millones de personas. Para el 25 de junio, casi 50 regiones rusas habían impuesto alguna restricción a la venta de combustible, y para el 8 de julio la mayoría del país ya aplicaba límites. Crimea fue de las primeras zonas en sentir el golpe, con el estado de emergencia declarado y la venta de gasolina racionada mediante cupones electrónicos.

Exportaciones rusas en transformación

La caída de la capacidad de refinación ha obligado a Rusia a exportar más petróleo crudo y menos productos refinados: las exportaciones de derivados cayeron de cerca de 2,3 millones de barriles diarios en julio de 2025 a alrededor de 1,2 millones en julio de 2026, mientras que las de crudo subieron hasta cerca de 4 millones de barriles diarios. Rusia ha sido forzada a vender crudo a la India con descuento mientras compra en el exterior productos refinados costosos para cubrir el desabastecimiento interno. Las pérdidas totales del sector de refinación desde agosto de 2025 se estiman en 13.500 millones de dólares.  

Puertos petroleros, también en la mira

Ucrania ha ampliado sus objetivos hacia la logística de exportación, atacando los puertos de Kavkaz, Taman, San Petersburgo y Vysotsk, con el fin de dificultar las ventas externas de crudo y derivados, una de las principales fuentes de ingresos del Kremlin.

Un cambio estructural en la guerra energética

Los ataques han demostrado que las grandes instalaciones petroleras son extremadamente vulnerables a drones relativamente baratos. Analistas energéticos sostienen que la industria petrolera mundial tendrá que replantear sus esquemas tradicionales de seguridad física: refinerías, terminales de exportación, oleoductos y tanques de almacenamiento, diseñados durante décadas pensando en ataques convencionales, hoy enfrentan amenazas de enjambres de drones capaces de recorrer miles de kilómetros.

La lección que dejan Rusia, Irán y el Golfo Pérsico en 2026 es que la industria energética mundial enfrenta un cambio estructural: sus instalaciones multimillonarias se han convertido en objetivos relativamente fáciles y baratos de atacar. La pregunta ya no es si serán atacadas, sino cuánto costará protegerlas y quién asumirá el creciente costo de los seguros, la defensa y la infraestructura crítica.