La esperanza de hallar a las víctimas de los terremotos sigue incólume en las Opppe de playa Los Cocos

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“Necesitamos muchas manos”, subrayan familiares y voluntarios que no se dan por vencidos

Vanessa Davies

En las Opppe de playa Los Cocos el día y la noche son un mismo frente de batalla, porque los terremotos del 24 de junio convirtieron el tiempo en un reto para la voluntad. Bajo los escombros, la vida quiere ganarle un paso a la muerte, porque los voluntarios y los familiares perseveran para encontrar los cuerpos de los fallecidos en el estado en el que se encuentren. Pasan los días, pero la esperanza de hallarlos no pasa.

Los rescatistas que se meten entre cabillas retorcidas y losas despedazadas tienen una misión clara: hallar a las personas que, a partir de las 6:04 pm del miércoles 24 de junio, quedaron sepultadas. En estos edificios de la Gran Misión Vivienda Venezuela, proyectados por la Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales (a eso deben su nombre: Opppe), no se comenta una cifra clara de víctimas. Pero cómo se prodigan el sudor y las lágrimas mientras algunas máquinas van comiendo los despojos de los edificios, y trabajadores públicos y militares se empeñan en despejar y limpiar.

Una bandera nacional venezolana vista en un edificio residencial dañado luego de que se registraran dos terremotos, en Playa Grande, estado La Guaira, Venezuela. XINHUA

Muchas manos

“Necesitamos agua y hielo”, es la frase que se multiplica en los toldos que están en los alrededores de estas montañas que parecen un Purgatorio. Toldos en los que se duerme y se vela, se come y se habla.

Para llegar a la cima de la Opppe 26 hay que apretarse el corazón con una faja de hierro y no ver la tarjeta del bautizo de una niña, la cabeza de una muñeca con el cabello marrón, un cinturón pisoteado, el bluyín de la muchacha, el perchero rosado que colgaba en una habitación, el zapato de goma del muchacho, el libro de Derecho. Los objetos pueden enfrentarse a los terremotos con más fuerza que los seres humanos, y con su presencia hablan de un pasado que terminó abruptamente el Día de San Juan.

Ya arriba, te encuentras con varios tolditos debajo de los cuales hay hormiguitas cubiertas de polvo que construyen túneles y penetran en ellos. El espacio apenas permite que alguien se introduzca.

El sistema de trabajo, como lo describe uno de los familiares, funciona así: los voluntarios cavan y cavan, y se establece una cadena para retirar los escombros. Cuando se encuentra un cuerpo, lo extraen y solicitan el apoyo del Cicpc. “Abrir huecos es el trabajo del voluntariado”, subraya otro familiar.

“Necesitamos muchas manos”, señala el dirigente político Jonathan Patti, dedicado desde hace más de cinco semanas a acompañar los esfuerzos de recuperación en esta zona. “A nosotros nos hacen el llamado y nosotros vamos y apoyamos, y hasta que no cumplamos la misión como es, no nos damos por vencidos».

Entre quienes persisten en las Opppe, que han vivido rumores y falsas alarmas, la ilusión de encontrar con vida a los seres amados ya se desvaneció. No así, la de sacar sus cuerpos y llevarlos a un lugar donde honrar su memoria.