Operación Midas: Cómo el oro venezolano y el poder español confluyen en Dubái

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Óscar Reyes Matute

The Daily Journal – Sin poseer una sola mina en sus dominios, el emirato de Dubái procesa hasta el treinta por ciento del comercio global de oro. Sin embargo, detrás de la arquitectura del Dubai Multi Commodities Centre (DMCC) y las pantallas del Dubai Gold and Commodities Exchange (DGCX), se despliega una vasta red de inteligencia financiera donde convergen dictaduras, señores de la guerra africanos, la diplomacia paralela europea y oscuros operadores venezolanos y españoles.

I. La ruta del oro de la sangre

El guion cinematográfico comienza en la selva. En los yacimientos del Congo, Zimbabue o el Arco Minero de la Amazonía venezolana, la extracción artesanal se cobra vidas bajo el control de facciones armadas. Para convertir el barro en capital líquido, gobiernos corruptos y mafias emiten documentación falsa que borra el origen violento del mineral.

El cargamento ingresa a Emiratos Árabes Unidos a través del zoco o de refinerías locales. En las zonas francas ocurre el blanqueo: los sellos de origen son erradicados, el oro se refunde en lingotes de pureza estándar, recibe un pasaporte comercial impoluto y se reempaca. India, consumidor voraz, importa masivamente estos lingotes «limpios» para la industria joyera y de inversión, cerrando el ciclo de bancarización del dinero ilícito.

II. La bisagra londinense

En esta geopolítica, Londres opera como la capital regulatoria global mediante la London Bullion Market Association (LBMA). Aunque dicta las pautas sobre abastecimiento responsable, las grietas del sistema permiten que el metal procesado en Medio Oriente obtenga certificación indirecta o circule mediante intermediarios en la City, aprovechando vacíos legales para canalizar capitales a la banca internacional.

III. El «Delcygate»: La escala de los 104 lingotes

En enero de 2020, esta infraestructura subterránea tuvo su episodio más tenso en la pista de Madrid-Barajas. A pesar de tener prohibida la entrada al espacio Schengen por sanciones de la Unión Europea desde 2018, la entonces vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez desembarcó a medianoche de un vuelo privado de Caracas.

Las investigaciones del periodista Víctor Antonio Fonseca y revelaciones de The Objective basadas en informes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil situaron la escala en el núcleo de la red. Detrás de las valijas diplomáticas viajaban contratos de intermediación y efectivo. La UCO reveló que el comisionista Víctor de Aldama negoció directamente con Rodríguez la compraventa de 104 lingotes de oro venezolano, valorados en 68 millones de dólares, destinados a ingresar a España mediante la firma Bancasa. No fue un traspié diplomático; fue una cumbre presencial para destrabar la logística financiera entre Caracas, Madrid y Dubái.

IV. La red Zapatero y los hermanos Amaro Chacón

En esa arquitectura aparece la sombra del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero. Indagaciones de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) vincularon a su entorno con la sociedad AMSA Partners, constituida en Dubái.

La firma se conecta con los hermanos venezolanos Amaro Chacón, señalados como operadores clave en la gestión de comisiones, intermediación de activos mineros y administración de fondos en el exterior. AMSA Partners opera como una pantalla en los Emiratos para resguardar capitales fuera de la supervisión europea y estadounidense.

V. ¿Sigue viva la lavadora en la transición?

A pesar de las sanciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de EE. UU. a navieras, refinerías y redes opacas en Dubái y Turquía, la lavadora no se detiene: muta. Cuando Washington bloquea una entidad, la red la reemplaza en días por nuevas empresas fantasma y distintos testaferros. Respaldada en criptoactivos e intermediación en Asia, la Midas venezolana mantiene intacta su capacidad de camuflaje.

Pero la película guarda una ironía victoriana al otro lado del Atlántico. Mientras la red rastrea liquidez en el desierto, en las bóvedas subterráneas del Banco de Inglaterra descansan, congeladas e intocables, más de treinta toneladas del oro soberano venezolano. Tras un pulso judicial donde el tribunal británico desconoció la legitimidad del régimen para reclamarlas, los lingotes quedaron bajo llave.

Como en una historia de Piratas del Caribe, la vieja potencia naval custodia un botín incautado en el Támesis que Delcy no ha podido abordar. Corsario mata corsario. ¿Sobrevivirán estos negociantes al terremoto de la transición política en Venezuela? Mientras la incertidumbre reescribe el guion, el mapa del tesoro cambia de manos, pero los corsarios del oro ilícito ya preparan su próximo abordaje.