Cómo la prensa estadounidense contó el acuerdo petrolero entre Trump y Delcy Rodríguez

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The Daily Journal

El pasado 28 de agosto, Donald Trump anunció a través de las redes sociales lo que calificó como «el mayor acuerdo petrolero de la historia mundial». Estados Unidos obtuvo el control mayoritario de una quinta parte de las reservas probadas de crudo venezolano, una operación que abarca unos 65.000 millones de barriles de petróleo.

El anuncio se produjo cuando se cumplían seis meses del inicio de la operación militar estadounidense contra Irán, un conflicto que continúa afectando los mercados energéticos globales y presionando al alza los precios de los combustibles en Estados Unidos. El precio de la gasolina se ha convertido en una fuente creciente de presión para la administración Trump, a pocas semanas de las elecciones legislativas de medio mandato.

La cobertura del acuerdo en los principales medios de comunicación estadounidenses fue, desde luego, segmentada. La interpretación del convenio varió sustancialmente según la línea editorial y el enfoque de cada medio: desde la celebración de sus posibles efectos sobre la economía estadounidense hasta las advertencias sobre su legalidad y las dudas acerca de la viabilidad técnica de un proyecto que, de acuerdo con las proyecciones de la administración estadounidense, busca duplicar la producción petrolera venezolana en menos de cinco años.

Las distintas perspectivas coinciden, sin embargo, en destacar la magnitud de las reservas petroleras venezolanas —las mayores del mundo— y su potencial importancia geopolítica y económica. Lo que cambia es la interpretación: para algunos medios, el acuerdo representa una oportunidad para reforzar la seguridad energética estadounidense; para otros, un proyecto marcado por interrogantes legales, políticos y técnicos.

Triunfalismo comercial

En los medios de orientación conservadora, la cobertura tendió a presentar el acuerdo como una ampliación de la presencia y del control estadounidense sobre el sector energético venezolano tras la captura de Nicolás Maduro a comienzos de año. Medios como New York Post y Fox News reprodujeron buena parte de las proyecciones planteadas por la administración Trump.

La expresión utilizada por Trump —«el mayor acuerdo petrolero de la historia mundial»— ocupa un lugar central en esta narrativa. El acuerdo es presentado como una operación que permitiría a Estados Unidos ampliar sustancialmente sus reservas, incrementar el suministro de crudo y, eventualmente, reducir el precio de la gasolina.

New York Post vinculó directamente el acuerdo con la operación militar del 3 de enero, que concluyó con la captura de Nicolás Maduro y su traslado a una cárcel en Nueva York, donde enfrenta un proceso judicial por narcoterrorismo:

«Desde que destituyó y arrestó al exdictador Nicolás Maduro en enero, Trump ha dejado claro que desea revitalizar la industria petrolera de Venezuela y allanar el camino para que las empresas estadounidenses exploten los vastos yacimientos de petróleo de la nación sudamericana».

En Fox News, la atención editorial se dirigió hacia las posibles repercusiones domésticas del acuerdo:

«El acuerdo busca más que duplicar las reservas petroleras estadounidenses, aumentar el suministro de crudo de Estados Unidos y reducir sustancialmente los precios de la gasolina para los estadounidenses, sin costo para los contribuyentes del país».

La magnitud de las cifras también adquiere una función narrativa: 65.000 millones de barriles de reservas, cerca de 100.000 millones de dólares de inversión privada y más de 209.000 millones de dólares en ingresos fiscales para Venezuela. Estas son algunas de las principales cifras utilizadas para dimensionar el alcance económico que la administración estadounidense atribuye al acuerdo.

En esta lectura, el acuerdo aparece menos como una transferencia de control sobre recursos estratégicos de la nación suramericana y más como una operación orientada a reforzar la seguridad energética de Estados Unidos.

El resultado fue una narrativa que presentó el acuerdo como un triunfo político y económico para la administración Trump.

Los límites de la promesa petrolera

En medios como USA Today y Associated Press, el acuerdo fue abordado desde una perspectiva más crítica. Lejos de dar por hecho su éxito comercial, estos medios pusieron el foco en los detalles todavía desconocidos, los obstáculos operativos y los plazos necesarios para materializar el proyecto. La cobertura también abrió interrogantes sobre la legalidad y la sostenibilidad de los compromisos de largo plazo asumidos en el marco del acuerdo.

USA Today puso de relieve los obstáculos derivados de décadas de deterioro de la industria venezolana:

«Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, pero actualmente produce solo una pequeña fracción del petróleo mundial debido al deterioro de su infraestructura y a años de mala gestión o sanciones».

El diario también profundizó en la falta de certeza sobre la implementación y los prolongados tiempos de maduración que demandará el proyecto:

«Los detalles sobre la implementación del acuerdo, las empresas involucradas y su cronograma siguen sin estar claros, mientras expertos en energía advierten que aumentar la producción y reducir los precios de la gasolina en Estados Unidos podría tomar años».

La agencia Associated Press incorporó además el contexto energético estadounidense al explicar el anuncio. El acuerdo coincidió con una etapa de desgaste por las repercusiones de los seis meses de guerra de Estados Unidos contra Irán:

«Trump enfrenta una presión creciente para abordar los elevados precios de la gasolina, mientras la guerra en Irán alcanzó (…) un hito de seis meses sin que se vislumbre un desenlace».

Viabilidad técnica y legitimidad política

Los medios financieros y las agencias de noticias especializadas pusieron mayor énfasis en las variables económicas, energéticas y técnicas que sustentan la apuesta de la administración estadounidense.

En su cobertura, Fortune subrayó la situación de los inventarios estadounidenses y la búsqueda de nuevas fuentes de crudo:

«Las reservas estratégicas de petróleo de Estados Unidos cayeron por debajo de los 300 millones de barriles a principios de agosto, lo que llevó a la administración a buscar nuevas fuentes de crudo después de que seis meses de interrupciones del suministro relacionadas con Irán afectaran los mercados mundiales».

La cobertura de Bloomberg, en cambio, puso en contraste las expectativas de recuperación de la producción con las evaluaciones de especialistas del sector, entre ellos Francisco Monaldi, director del Programa de Energía para América Latina de la Universidad Rice.

Bloomberg recogió las dudas de especialistas sobre la posibilidad de lograr un aumento inmediato de la producción y señaló que Francisco Monaldi estimó que una expansión significativa requerirá años de importantes inversiones de capital.

En la misma línea, AP advirtió que los consumidores estadounidenses no deberían esperar un descenso inmediato de los precios de la gasolina como consecuencia del acuerdo:

«No debería esperarse de inmediato una caída significativa de los precios de la gasolina en Estados Unidos vinculada al acuerdo. Los expertos han advertido reiteradamente que un aumento sustancial de la producción petrolera venezolana no se producirá rápidamente, ya que reparar y ampliar la infraestructura requiere años y miles de millones de dólares».

El punto resulta central para entender la cobertura especializada: disponer de enormes reservas no significa que ese petróleo pueda convertirse inmediatamente en producción.

La cobertura introdujo además una segunda dimensión: los cuestionamientos sobre la legitimidad jurídica y política del acuerdo.

The Wall Street Journal recogió las críticas de sectores de la oposición venezolana que han pedido a Estados Unidos que presione a Rodríguez para que convoque elecciones.

Entre las voces citadas por el diario aparece Ricardo Hausmann, exministro de Planificación (1992-1993), quien cuestionó la legitimidad jurídica del acuerdo:

«Un gobierno interino ilegítimo, con una ley de hidrocarburos ilegítima, no tiene legitimidad para suscribir este acuerdo inconstitucional», escribió en X Ricardo Hausmann, economista de la Universidad de Harvard.

Una semana después del anuncio, y sin que se conozca todavía el documento oficial que sustenta este «histórico acuerdo», la prensa estadounidense sigue contando dos historias distintas sobre una misma operación. Una pone el acento en el tamaño de las reservas venezolanas, la expansión del suministro y la promesa de menores precios de la gasolina. La otra se detiene en las preguntas que quedan abiertas: cuánto tiempo tomará recuperar la producción, cuánto costará hacerlo y bajo qué condiciones políticas podrá ejecutarse el acuerdo. Entre ambas narrativas queda, por ahora, una misma incógnita: cuánto de la promesa anunciada podrá convertirse efectivamente en petróleo producido.

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