Venezuela “es regresada” a la órbita de incidencia de Estados Unidos y Occidente

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Lo que fue trabajado a pulso por el presidente Chávez y que luego Nicolás Maduro trató de profundizar, es revertido a punta de acciones de fuerza y de diplomacia agresiva por la administración Trump

José Gregorio Yépez


La firma de los acuerdos petroleros de Venezuela con las transnacionales que asistieron a Miraflores, con la venia de Chris Wright, secretario de Energía de los Estados Unidos, marca uno de los hitos que serán tomados como referencia del regreso de Venezuela, su política exterior y su economía, al área de incidencia de occidente, bajo un régimen de vigilancia dirigido desde la Casa Blanca

“Lo que un día fue no será…”, dice una canción de José María Napoleón, interpretada por José José, y con un golpe de autoridad, o mejor dicho de autoritarismo, la administración Trump avanza o en la recuperación de su poder sobre el petróleo venezolano, dejando atrás la influencia rusa, china e iraní que sostenía un ecosistema alterno a las relaciones históricas desde la creación de la empresa Petrolia del Táchira en 1878.

Desde el triunfo de Hugo Chávez Frías el 6 de diciembre de 1998, con el 56,20% de los votos, Venezuela entró en un proceso de alejamiento de los socios habituales en materia política y económica.

Para nadie fue un secreto la identificación del presidente electo en 1998 con la ideas de izquierda, quien durante su campaña y sus primeros años de Gobierno mantuvo una convivencia con los Estados Unidos, en medio de tensiones y un discurso en una especie de “golpe y cuida”.

Señales como la enviada en 2004, con la expulsión de los agregados militares de Estados Unidos en Venezuela, indicaba la intención de construir un ecosistema de negocios y político alterno al acostumbrado por los gobiernos venezolanos desde Juan Vicente Gómez hasta finales de siglo XX.

«Se suspende cualquier intercambio de oficiales con Estados Unidos hasta quién sabe cuándo (…) no hay más operaciones combinadas ni nada de eso, porque entonces los mandan a ‘calentar orejas’ a los muchachos nuestros», dijo Chávez para romper con los Estados Unidos en abril de 2004.

Desde ese momento comenzó de manera sostenida una alineación de intereses con China, Rusia e Irán.

Esto trajo como resultado la entrada de empresas rusas como Rosneft y Gazprom, y por el lado chino CNPC y Sinopec.

Los negocios con los Estados Unidos se vieron afectados. Las tensiones políticas en ascenso comenzaron a debilitar las relaciones económico y ni hablar del área militar, donde se pasó de usar fusiles belgas a la llegada de los legendarios fusiles AK ruso.

Este proceso fue llamado por el economista Luis Vicente León “la desoccidentalización política y económica de Venezuela”, que la sacaba de sus relaciones tradicionales. El país se sumaba a un ecosistema político y económico alternativo en donde convivía con países sancionados por Occidente.

De un tajo

Y llegó 2026.

La cosa comenzó a cambiar aceleradamente a partir del 3 de enero.

“El 3 de enero hubo un parada en seco y se produce el inicio de un proceso del revés. Más bien vamos hacia un proceso cada vez más fuerte de occidentalización de la economía y la política venezolana”, nos refirió en una pequeña conversación Luis Vicente León, quien agregó que “Occidente es el hemisferio convencional de Venezuela donde ha desarrollado toda su historia y donde además su mercado petrolero funciona mejor en términos de menos descuentos, mayores precios y mayor estabilidad”.

La presencia del secretario de Energía de firma de los acuerdos es un aval al cumplimiento de estos acuerdos y ya el entendimiento no es con empresas estatales de China, Rusia o Irán.

Los acuerdos se firman con empresas privadas que están basadas en Occidente, como Chevron, ENI, General Electric y North American Blue Energy Partners (NABEP), la compañía de Alejandro Betancourt que encabeza el denominado acuerdo histórico con Estados Unidos para explotar 17 campos petroleros en Venezuela.

Lo cierto es que la carta que se juega en Venezuela la Administración Trump en Venezuela parece más alineada con la frase del asesor de campaña de Bill Clinton, James Carville: “Es la economía, estúpido”, y la política, evidenciada en el diálogo entre los equipos liderados por Dinorah Figuera y Jorge Rodríguez, se usa para beneficiar esta prioridad.

Por su parte el presidente del gremio que agrupa a las pequeñas y medianas empresas vinculadas al petróleo, Reinaldo Quintero, proyecta la generación de 10.000 empleos en su sector con la concreción de estos acuerdos.

Mientras esto pasa, la expectativa está en el aire, la gente espera que le toque algo de su gota petróleo, esa que le pertenece, porque así lo establece la Constitución.

¿Le llegará? ¿Cuánto tardará?

No tenemos bolas de cristal para saberlo, solo andamos con pies planos, pisando tierra y observando la realidad política económica y social de esta tierra de gracia.

El juego sigue.

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