Leticia Alfonso dejó su vida atrás para acompañar a quienes buscan a sus seres queridos en las Opppe de playa Los Cocos

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Primero, Leticia ayudó a su pareja, Gabriel, a encontrar el cuerpo de su hija adolescente. Pero los dos decidieron continuar viviendo en una carpa al lado de las ruinas para ayudar a otros

Vanessa Davies

Leticia Alfonso dejó todo atrás. Es literal: abandonó su trabajo y su vida para mudarse a una carpa al lado de la desolación que reina en las Opppe de playa Los Cocos. Leticia, conocida en la zona de desastre como “la llanerita”, está en este lugar con su pareja, Gabriel, a quien decidió acompañar en este duelo.

“Mi pareja tenía a su hija de 15 años en la Opppe 27 con su expareja. Él es transportista. Yo trabajo a escala nacional, y estaba en Barcelona cuando ocurrió el terremoto”. Así comienza su relato.

Lo último que supo, al mediodía del 24 de junio, es que Gabriel viajaría con su hija. “Pero sucedió lo que sucedió, intenté comunicarme y no lo logré. Me desesperé. Hablé con mi familia en Guárico y todo estaba bien. Al quinto día, logré comunicarme con Gabriel, y me informó: ‘Estoy vivo, pero no sé dónde está mi hija’. Entonces abandoné mi trabajo, le dije a mi jefe que no podía seguir, que mi pareja estaba en un problema, y agarré un bus de Barcelona a Caracas”.

En la carretera, el autobús se salió del camino: “Cosas que pasan”. Pese a todo, Leticia pudo llegar a Caracas de madrugada y volar a La Guaira. “Cuando llegué, pregunté dónde estaba Gabriel. Cuando lo logré encontrar, tenía las manos rasgadas, porque se metió con sus manos a sacar a su hija, desesperado. Le pregunté: ‘Papi, ¿por qué te metiste así?’. Y me respondió: ‘Mami, porque mi hija está ahí, yo siento que está viva, vamos a seguir, vamos a luchar’. Entonces me le presenté a un coronel y me dijo que vería qué podría hacer; pero no me dio respuesta. En el campo de golf, me entrevisté con un general, que me contestó ‘tranquila, niña, que te voy a dar respuesta’. Yo estaba tratando de conseguir herramientas para ayudar a Gabriel cuando un soldado me buscó, y me dijo que una cuadrilla quedaba a mi mando. Efectivamente vinieron a ayudarme. Le doy gracias a dios porque le puso ese sentir al general, y el general me ayudó”.

Seguimos aquí”

Con mejores equipos, Leticia y Gabriel pudieron abrir huecos. “Peinamos el apartamento, pero la niña no estaba en el apartamento; estaba en el pasillo. Pasamos días infernales buscando, sacando a todos los cadáveres que encontramos en el camino y avisando a los familiares”, rememora.

Ya no sabían en qué lugar moverse. “Un señor le preguntó a mi esposo: ‘Gabriel, ¿cómo estaba vestida tu hija?’. Y él explicó que tenía una franela blanca, un mono colegial. La describió. Y el señor le respondió: ‘Encontré a tu hija’. ¿Cómo va a ser? La niña estaba en un sitio distinto”.

Gabriel se introdujo en la galería abierta entre los escombros y reconoció a su muchacha. “La sacó cargada con la ayuda de los topos. Dios lo ayudó, porque se puso una coraza”. Llevaron el cuerpo a los silos, “y a los tres días nos dieron las cenizas”.

Sin embargo, Leticia y Gabriel decidieron seguir ayudando. “Y hasta el sol de hoy seguimos aquí”.

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