Diésel bate récord histórico: $6,06 el galón en EE.UU.

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Julio A. López, editor jefe. — El precio del diésel en Estados Unidos superó por primera vez los 6 dólares por galón. Según el promedio nacional que publica AAA, el combustible cerró la semana en 6,06 dólares, superando el techo alcanzado en junio de 2022. La Agencia Federal de Energía (EIA), que hace su propio sondeo semanal, situó el dato en 5,97 dólares, y GasBuddy —que sigue los precios en tiempo real— ya lo había anticipado un día antes. Es la tercera vez en siete días que el diésel alcanza un nuevo máximo.

La escalada arrancó a fines de febrero, cuando estalló el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Desde entonces el litro —o más bien el galón— de diésel acumula un alza cercana al 60%, muy por encima del año pasado, cuando el promedio rondaba apenas 3,70 dólares. La gasolina común, en cambio, se mantiene en 4,30 dólares: subió, pero está lejos de su récord.

Hay un matiz que conviene aclarar: en términos reales, ajustando por inflación, 2022 sigue siendo peor. Aquel pico de 5,82 dólares equivale hoy a unos 6,56 dólares, así que un camionero de entonces pagaba, en poder adquisitivo, más de lo que se paga ahora. El récord es nominal, pero también es récord al fin.

El barril no cuenta toda la historia

La Agencia Internacional de Energía (AIE) difundió esta semana un informe en el que advierte que el diésel al por mayor superó los 200 dólares por barril a comienzos de septiembre, un 94% por encima de los niveles previos a la guerra, mientras que el crudo Brent subió «solo» 45% en el mismo lapso. Es decir: el diésel se despegó del petróleo que lo produce.

Ese desacople tiene un nombre técnico —el margen de refinación, o «crack spread«— y ahora mismo está en niveles históricos. Los futuros de diésel en NYMEX (ULSD) cerraron el jueves en 5,0575 dólares por galón, apenas ocho centavos por debajo del récord de abril de 2022, y llegaron a tocar un intradía de unos 5,15 dólares esta semana. Traducido a barriles: eso implica un diésel a 212 dólares frente a un Brent de 105, una brecha de unos 107 dólares que no se explica por el costo del crudo sino por la escasez de capacidad para transformarlo y transportarlo.

Jeff Currie, exjefe de investigación de materias primas en Goldman Sachs, lo resumió esta semana en CNBC: el mercado está obsesionado con el precio del petróleo crudo, pero ignora el de los productos refinados. Y agregó un dato clave para entender por qué esto pesa tanto en la inflación: el índice de precios al consumidor no incluye al crudo en sí, sino los combustibles que la gente realmente compra. Nadie llena su camión con Brent.

Refinerías al límite

El reporte semanal de inventarios de la EIA retrata un sistema que ya no tiene margen. Las refinerías estadounidenses operaron al 97,8% de su capacidad en la semana previa al 4 de septiembre, procesando 17,6 millones de barriles diarios y produciendo 5,35 millones de barriles diarios de destilados, lo que está cerca del máximo histórico. Aun así, las reservas de diésel se ubican en 106,3 millones de barriles, un 13% por debajo del promedio de los últimos cinco años. Las de gasolina están un 5% por debajo.

Hubo un respiro puntual: un aumento de 2,1 millones de barriles en inventarios, el primero en varias semanas, concentrado en la costa este gracias a la llegada de cargamentos y una leve baja en las exportaciones (1,56 millones de barriles diarios frente a 1,74 millones la semana anterior). Pero la propia EIA proyecta que las reservas de destilados caerán por debajo de los 100 millones de barriles este mes y permanecerán por debajo del mínimo de cinco años durante buena parte de 2027.

En la costa del Golfo, donde se concentra más de la mitad de la refinación del país, la utilización promedió 97,3% en julio y agosto, la más alta registrada para esa época del año. No queda margen operativo.

Dos variables para vigilar

Los analistas señalan dos factores que podrían mover la aguja en las próximas semanas. El primero es la capacidad de refinación perdida desde febrero, tanto en el Golfo de México como en Rusia, golpeada por sanciones y ataques a su infraestructura energética. El segundo es China, que redujo significativamente el ritmo de sus refinerías durante la primavera y el verano boreal, y que —según datos de aduanas conocidos esta semana— empezaría a reactivarlas para aprovechar el margen extraordinario entre el crudo y el diésel. Si eso ocurriera, subiría la demanda de petróleo crudo (presionando al Brent al alza), pero también aumentaría la oferta global de diésel, lo que podría enfriar el diferencial que hoy dispara los precios en surtidores de todo el país.

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