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Julio A. López, editor jefe.— Desde la capital británica nos llega un extenso reportaje de The Guardian, diario fundado en 1821 y referente internacional, que vuelve a colocar bajo los reflectores a Alejandro Betancourt, empresario venezolano de 46 años y figura central de North American Blue Energy Partners (NABEP). La historia tiene todos los ingredientes de una serie de Netflix: petróleo, miles de millones de dólares, investigaciones internacionales, Washington, Caracas y un protagonista rodeado de controversias que, hasta ahora, no ha sido acusado ni condenado penalmente.
El pasado de Betancourt suscita preguntas legítimas. Su nombre ha aparecido vinculado a investigaciones en distintos países y su residencia española, conocida como el castillo de El Alamín, fue registrada una vez más en el marco de una investigación por presunto lavado de dinero. Su abogado sostiene que esa pesquisa nunca derivó en cargos en su contra. The Guardian tampoco pudo confirmar su situación actual.
Pero mientras una parte del debate se concentra en Betancourt, otra historia ocurre simultáneamente en los campos petroleros.
Desde el otro lado del Atlántico, The Wall Street Journal reveló que NABEP pretende desplegar más de 50 taladros en Venezuela: seis antes de terminar 2026, otros 12 durante 2027 y, posteriormente, incorporar dos equipos mensuales. No estamos hablando de una declaración abstracta, sino de un programa que, si se ejecuta, exige capital, logística, contratistas, personal especializado, repuestos, transporte e infraestructura.
En Washington, el acuerdo con NABEP también ha suscitado cuestionamientos políticos y jurídicos. El Gobierno estadounidense tendría derecho a adquirir una participación del 35% en la compañía, mientras que el Departamento de Estado dispondría del derecho a comprar el 20% de la producción de NABEP a costo. Incluso existe una diferencia relevante entre la descripción pública del acuerdo y documentos citados por The Guardian: el Pentágono informó a legisladores que posee warrants, es decir, derechos para adquirir acciones.
Las dudas tampoco son menores en la industria. Expertos consultados por medios internacionales cuestionan la estructura jurídica, financiera y operativa del proyecto, así como su capacidad para sobrevivir a eventuales cambios políticos. Al mismo tiempo, NABEP sostiene que el acuerdo contempla inversiones cercanas a US$100.000 millones y reservas de más de 65.000 millones de barriles. Esa es la versión de la propia compañía y, por tanto, deberá medirse en función de los resultados.
Los expertos petroleros con los que conversamos a diario coinciden en su escepticismo: reactivar 17 campos en el Lago de Maracaibo y en la Faja del Orinoco, deteriorados por dos décadas de desinversión, es una tarea que ha doblegado a colosos de la industria. Para muchos, los planes de NABEP no pasarán de los titulares.
Nosotros también preferimos mirar lo que ocurre sobre el terreno.
Contratistas consultados por The Daily Journal en la Faja Petrolífera del Orinoco aseguran que trabajan en la instalación de campamentos y en la ampliación de operaciones en áreas vinculadas a NABEP. Paralelamente, nuestra investigación publicada hoy sobre el mercado internacional de taladros identificó movimientos de adquisición de equipos y de compañías que merecen seguimiento para determinar hasta dónde llega la estrategia de abastecimiento de la empresa.
Ese es precisamente el punto. Una cosa son las acusaciones, otra las defensas y otra, muy distinta, los resultados operativos.
Chevron, por ejemplo, anunció inversiones superiores a US$7.000 millones durante cinco años y aspira a duplicar su producción venezolana hasta alcanzar 600.000 b/d. NABEP tendrá que demostrar en los pozos si realmente puede ejecutar una expansión capaz de colocarla a esa escala.
En el sector del petróleo no bastan los comunicados, las relaciones políticas ni los titulares. Los barriles son particularmente tercos: hay que perforar, completar pozos, movilizar equipos, construir infraestructura, transportar el crudo y venderlo.
Por eso tampoco corresponde convertir investigaciones o señalamientos en sentencias. Proverbios 18:17 ofrece una advertencia particularmente apropiada: quien escucha solamente la primera versión de una controversia todavía no conoce necesariamente toda la historia.
Alejandro Betancourt y NABEP tienen mucho que explicar y mucho más que demostrar. Sus críticos tienen preguntas legítimas que formular. Pero mientras continúa el debate, existe otro hecho que también merece seguimiento periodístico: el negocio sigue adelante, los contratistas trabajan y NABEP intenta convertir sus promesas en barriles.
Al final, esa será la prueba que no admite propaganda de ninguna de las partes: la producción.
