Luis Vilchez
La selección nacional de fútbol campo masculino de Venezuela vivió mucho tiempo en el ostracismo. La indiferencia y el desconocimiento fueron sus grandes compañeras durante el siglo XX. Hasta la llegada de Richard Páez, padre del «Boom Vinotinto», no despertaba pasiones. Luego de ese momento se transformó en un fenómeno social que logró ser un símbolo de unión en un país polarizado por la política. Lo que el rojo y el azul separaban, el color vinotinto lo articulaba; todo bajo la búsqueda de su propio El Dorado: clasificar a una Copa del Mundo. La meta se sostiene, pero está aplazada hasta 2030. Todo se reconstruye tras la hecatombe en Maturín, en el cierre de las Eliminatorias rumbo a Estados Unidos, México y Canadá.
El 9 de septiembre de 2025, solo se necesitaba un triunfo de local ante Colombia para ir al repechaje, o ligar que Bolivia no pasara del empate ante Brasil en El Alto. Los del altiplano ganaron y los criollos cayeron 3-6 en el peor fracaso de la historia deportiva del país. ¿Cómo levantarse de un golpe tan duro? La Federación Venezolana de Fútbol optó por buscar soluciones en casa. Se cesó al estratega Fernando Batista, quien tras la derrota no habló con la prensa criolla. En la actualidad, «Bocha» dirige a Costa Rica y en su última presentación ante Curazao la afición tica pidió su salida desde las gradas, tras dejarse remontar un 3-0 en San José.
¿Quién lleva las riendas de la Vinotinto? Oswaldo Vizcarrondo. Sí, aquel central mechudo y con rulos que defendía con firmeza y marcaba goles con centros de Juan Arango en el ciclo de César Farías. Tuvo formación en Francia e hizo un recorrido federativo dirigiendo de forma interina a la selección femenina absoluta, además de estar con la sub-15 y clasificar a la sub-17 al Mundial. A los que les preocupaba su inexperiencia, lo rodearon con un staff de jerarquía: uno de los mejores preparadores físicos del planeta, Óscar Ortega (el uruguayo que estuvo con el Atlético de Madrid en dos finales de Champions), mientras que su asistente técnico será el brasileño Cléber Xavier, quien fuese la mano derecha de Tite en la selección de Brasil en los Mundiales de 2018 y 2022.

La idea de juego es que Venezuela sea protagonista contra cualquier rival desde el orden, la presión alta y el trato coherente del balón; sin recurrir al pelotazo, pero tampoco abusar del toque de pelota. Si en pocos toques puede plantarse en campo rival, mejor. La preponderancia vuelve a recaer en los mediocampistas. “No es jugar bonito por jugar bonito. Es darles herramientas. Generar un gen de dominar al rival requiere tiempo”, expresó Vizcarrondo tras vencer a Irak en junio. Esa apuesta interna va acompañada de un rol preponderante para los jugadores de la Liga FUTVE (primera división de Venezuela) y la asistencia constante del cuerpo técnico de la Vinotinto a los juegos del torneo local.
Los nuevos apellidos a seguir
Hace 15 años, Venezuela podía presumir de un puñado de jugadores en la élite que fin tras fin de semana tenían acción en España, Italia e Inglaterra. Eso ha menguado, pero poco a poco se van renovando los nuevos ídolos. El nombre que más gravita en este combinado es Cristián Cásseres Jr., quien es figura en el Toulouse de la Ligue 1 de Francia. Luego alza la mano Jon Aramburu, asentado como lateral derecho de la Real Sociedad de España. Entre el volante y el defensor está el capitán de este nuevo ciclo; todo con el permiso de Yangel Herrera, también en la Real Sociedad, que cuando las lesiones lo respetan demuestra por qué fue subcampeón del mundo sub-20 en 2017, aparte de llevarse el Balón de Bronce en esa cita ecuménica.
Un nombre que retumba con fuerza es Gleiker Mendoza. El zuliano fichó por un grande de Ucrania como el Shakhtar Donetsk y ya agitó las redes en esta edición de la UEFA Champions League. Otro con buen presente es Kevin Kelsy, que fichó por un histórico de Europa como el Rangers de Escocia: el carabobeño le marcó al Celtic en el Old Firm, uno de los clásicos más calientes del mundo en la Copa. Mientras tanto, el delantero más enrachado es el merideño Jesús Ramírez, que trasladó su ritmo goleador del Nacional de Madeira al Corum FK de Turquía.
Aquí muchos se preguntarán por Salomón Rondón, Jefferson Savarino y Yeferson Soteldo. Los dos primeros vivieron una polémica en redes sociales, por lo que Vizcarrondo los ha tenido apartados; por más que Rondón es goleador de la primera división de México con Pachuca, mientras que Savarino milita en un Fluminense que disputará las semifinales de la Copa Libertadores. El caso de Soteldo es el más polémico por su prontuario de indisciplinas: brilla en el Flu, pero el lastre de los altercados fuera de la cancha ha pesado más. El mantra de Vizcarrondo es que la Vinotinto sea la prioridad y se viva un ambiente de armonía.

Los próximos retos serán en una gira asiática: Japón (28 de septiembre), Corea del Sur (2 de octubre) y Jordania (6 de octubre), tres rivales que vienen de disputar la pasada Copa del Mundo. Las notas negativas serán las ausencias por lesión de Telasco Segovia y David Martínez. El primero juega todos los fines de semana con Lionel Messi en el Inter Miami; el segundo viene de dar el salto a Europa con el Midtjylland (Dinamarca), uno de los elencos que mejor usa el Big Data en el Viejo Continente. Pero también será una bonita oportunidad para jóvenes promesas como Luis Balbo (Sturm Graz, Austria), Marco Libra (Bolonia, Italia) y Yerwil Sulbarán (Liefering, filial del RB Salzburgo, Austria).
La próxima competición oficial será la Copa América 2028, sin sede definida (aunque por motivos económicos podría disputarse en Estados Unidos como en la edición 2024, con elencos de Concacaf). Tampoco se sabe si el Mundial de España, Portugal y Marruecos contará con 48 naciones o se ampliará a 64 países. Mientras tanto, la Vinotinto buscará volver a ser relevante para el venezolano de a pie tras el fracaso estrepitoso de la eliminatoria pasada, y construir una base que permita que ir al Mundial no sea un sueño, sino una aspiración realista y constante.
