Julio A. López, editor jefe de The Daily Journal. — Un ambicioso plan de reconstrucción nacional que prevé una inversión de 6 billones de dólares en una década propone transformar a Venezuela en una economía de clase mundial, apoyada en su vasta riqueza energética, su ubicación estratégica y en la movilización de capital privado internacional.
El documento, titulado Venezuela First World, describe un modelo integral que busca la transformación simultánea de al menos 14 sectores estratégicos, entre ellos energía, infraestructura, salud, educación, telecomunicaciones, el sistema financiero y el desarrollo tecnológico. La propuesta plantea una ejecución a gran escala, coordinada y acelerada, como respuesta a la magnitud de la crisis económica del país.
El plan fue diseñado por Roberto Smith Perera, empresario y estratega venezolano con más de 35 años de experiencia en los sectores público y privado. Fue ministro de Transporte y Comunicaciones, embajador ante la Unión Europea y fundador de importantes empresas de telecomunicaciones. Su formación incluye estudios en la Universidad Simón Bolívar y un doctorado en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard.
Según el plan, Venezuela cuenta con las condiciones estructurales para emprender una de las mayores transformaciones económicas del siglo XXI. El país posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo —más de 300 mil millones de barriles— además de importantes recursos de gas natural, minerales estratégicos y una posición geográfica privilegiada en el hemisferio occidental.
A diferencia de los modelos tradicionales de recuperación, el documento propone que la reconstrucción no dependa de la ayuda internacional ni del endeudamiento público, sino de la conversión de activos nacionales en inversión productiva a gran escala. Bajo este esquema, el aumento sostenido de la producción energética permitiría generar ingresos superiores a 300 mil millones de dólares anuales en escenarios de plena operación.
El plan también incluye la creación de un fondo patrimonial que canalizaría parte de esos ingresos a los ciudadanos, con el objetivo de transformar la riqueza natural en prosperidad sostenida y reducir las desigualdades estructurales. Asimismo, plantea reformas profundas al sistema institucional para garantizar la seguridad jurídica, la transparencia y la confianza de los inversionistas.
El documento surge en un contexto de reconfiguración de los mercados energéticos globales y de un creciente interés por los activos reales. En ese escenario, Venezuela se presenta como una oportunidad singular por la escala de sus recursos, su cercanía a los principales mercados y su potencial de reintegración al sistema financiero internacional.
El texto sostiene que la contracción acumulada del producto interno bruto venezolano —estimada en cerca del 80% en la última década— requiere una respuesta proporcional, basada en una reconstrucción total y no en reformas graduales. Bajo esta lógica, la ejecución simultánea de proyectos en múltiples sectores permitiría acelerar el crecimiento y recuperar capacidades productivas en menor tiempo.
Otro eje clave del plan es el papel de la diáspora venezolana, considerada un activo estratégico. La propuesta contempla su reincorporación progresiva como fuerza profesional y técnica capaz de impulsar la modernización institucional y el desarrollo económico.
Aunque el documento no constituye una política oficial, sus autores lo presentan como una hoja de ruta técnica y financiera dirigida a inversionistas, gobiernos y organismos multilaterales interesados en participar en una eventual transformación del país.
“El país no necesita una recuperación incremental, sino una reconstrucción a escala”, señala el documento, que define la iniciativa como una oportunidad de inversión sin precedentes en la historia contemporánea.
