Crónicas del Oz tropical: Entre monos con cuchillos y soberanía hipotecada

Opinión

Héctor Sánchez, Sociólogo.- «Ya no estamos en Kansas» —dice Dorothy al aterrizar en el mundo de Oz, desorientada, arrastrada por un tornado que la arrancó de su realidad para arrojarla a un reino de colores brillantes, pero también de leones cobardes, espantapájaros sin cerebro, hombres de hojalata sin corazón y monos alados con cuchillos.

La frase de la protagonista no es solo un lamento espacial: es el reconocimiento de que las reglas del mundo real fueron suspendidas, de que alguien tiró la casa por el aire y ahora todo lo absurdo parece posible y lo que debería ser normal es una quimera.

Esa misma extrañeza —esa náusea lógica— es la que invade a cualquier venezolano ante la actual ¨nueva normalidad¨ una reconfiguración del tablero político sin acto constitucional claro, donde el oficialismo ahora colabora con sus enemigos históricos. Ante la falta de explicaciones lógicas de quienes hoy detentan el poder, resuena la mordaz observación del Espantapájaros de Baum: «—¿Cómo puedes hablar si no tienes cerebro? —No lo sé —respondió el Espantapájaros—, pero algunas personas sin cerebro hablan mucho, ¿no crees?». En este Oz tropical, los «espantapájaros» no solo hablan mucho, sino que pontifican mientras el derecho republicano se desmantela.

Y todo esto mientras se intenta seguir el hilo de los acontecimientos de aquel día en que Nicolás Maduro fue secuestrado por un tornado de helicópteros y comandos que nadie supo explicar cómo vinieron, y así Delcy Rodríguez quedó instalada en Miraflores como presidenta “encargada» o “interina” (¿quién lo sabe?). Y a ver, todos estamos claros que Venezuela antes del 03 de enero ya no era el paraíso de la normalidad absoluta sino todo lo contrario.

Pero convengamos que ninguno de nosotros habitantes de este país que va por los aires, estábamos preparados para esta nueva normalidad: ésta en la cual sin explicación convincente, sin acto constitucional claro, el oficialismo, fiel a su manual de supervivencia, reconfiguró el tablero a su favor para colaborar con su agresor (“el Imperialismo”) y sus enemigos históricos (el “empresariado parasitario”), desatando un torbellino de reformas legales que no son otra cosa que el desmantelamiento sistemático de lo poco que quedaba en pie del derecho republicano venezolano».  Es aquí donde la figura del Hombre de Hojalata cobra un tinte oscuro. En la obra original, el personaje decía: «No tengo corazón, así que debo tener cuidado de no ser cruel». Sin embargo, los «hombres de hojalata» de nuestra realidad parecen haber olvidado esa precaución, aplaudiendo la miseria ajena y culpando de la crisis a trabajadores. Este razonamiento, no es economía: es «crueldad y cinismo».

Este Torbellino es posible por una Asamblea Nacional -controlada sin rubor por el hermano de la presidenta- reducida a cámara de compensación de decretos donde las sesiones exprés se suceden a un ritmo vertiginoso. Una tras otra, leyes extremadamente vitales para la vida nacional —minas, petróleo, justicia, — son desmontadas con la urgencia de quien sabe que el tiempo corre en su contra.

El nuevo objetivo de este rollback jurídico es la ley del trabajo. El argumento, repetido como un mantra por los voceros del gobierno y los patronos, es siniestramente paradójico: «Hay que quitar derechos laborales porque son un obstáculo para la recuperación económica».

Es decir: los trabajadores, esos mismos que han visto su salario reducido a menos de un dólar mensual, que han perdido la seguridad social, que viven de bonos discrecionales y que han sido empujados a la informalidad,  la miseria  y/o la migración forzada, son ahora los culpables de la crisis.

Detrás de este escenario se encuentra el «telón de hierro» de una soberanía hipotecada, donde las decisiones vitales parecen tomarse en reuniones con enviados de Washington. La advertencia del Mago original cobra una vigencia escalofriante: «No presten atención a ese hombre detrás de la cortina». En Venezuela, ese hombre (o mujer) detrás de la cortina maneja los hilos de un país donde la Casa Blanca elogia a quienes antes sancionaba, mientras el destino nacional se decide tras bastidores.

Dorothy aprendió al final del cuento que no había poder más grande que el suyo propio. Para los venezolanos, la lección de esto que atravesamos debe ser la misma: “ya no estamos en Kansas”. Ya no estamos en la república constitucional que conocimos sino en un país donde los monos vuelan con cuchillos, los leones tiemblan, los espantapájaros pontifican y los hombres de hojalata aplauden la miseria ajena.

Pero no nos va a salvar ningún mago, ningún héroe o heroína, ningún enviado de Washington ni ninguna reforma que recorte nuestros derechos. La única salida es colectiva, democrática y trabajadora. Negarnos a aceptar que éste sea nuestro triste destino y recuperar lo que nos pertenece.  Debemos recordar las palabras de Glinda, la Bruja Buena, al recordarle a Dorothy su propio poder: «Ustedes no necesitan ser ayudados. ¡Ustedes tienen el poder de ayudarse a sí mismos!».

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