Delcy Rodríguez: Vengo a negociar a La Haya

Opinión

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Julio A. López, editor jefe. — La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, compareció este lunes ante la Corte Internacional de Justicia en una de las fases más delicadas de la disputa territorial entre Venezuela y Guyana por la región del Esequibo, un territorio de aproximadamente 160.000 kilómetros cuadrados que hoy alberga algunos de los descubrimientos petroleros offshore más importantes del planeta.

Durante su intervención en el Palacio de la Paz, Rodríguez insistió en que la única salida viable al conflicto pasa por la negociación política y diplomática entre Caracas y Georgetown, y reiteró que Venezuela no reconoce la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia  para decidir sobre la soberanía territorial.

La delegación venezolana argumentó que el Acuerdo de Ginebra de 1966 sigue siendo el único mecanismo válido para resolver la controversia, mientras que Guyana mantiene su posición de que el laudo arbitral de París de 1899 definió definitivamente la frontera entre ambos países.

Sin embargo, detrás de los argumentos jurídicos y diplomáticos, el verdadero centro de gravedad del conflicto se encuentra mar adentro. Desde 2015, cuando ExxonMobil descubrió enormes reservas de petróleo frente a las costas de Guyana, la disputa territorial dejó de ser únicamente un diferendo histórico para convertirse en uno de los expedientes energéticos más sensibles del hemisferio occidental.

El bloque Stabroek, operado por ExxonMobil junto a Hess y CNOOC, convirtió a Guyana en una nueva potencia energética global. Analistas internacionales estiman que la producción petrolera guyanesa podría superar los 1,7 millones de barriles diarios antes de que finalice la década, una cifra extraordinaria para un país de menos de un millón de habitantes.

Aunque Exxon no participa formalmente en las audiencias de la Corte Internacional de Justicia , su presencia domina el trasfondo político y económico del caso. La estabilidad jurídica del Esequibo se ha convertido en una prioridad estratégica para Washington y para las grandes corporaciones energéticas norteamericanas que operan en Guyana.

Fuentes diplomáticas y energéticas consultadas en Europa consideran que la comparecencia de Rodríguez también busca enviar una señal política: Caracas intenta reposicionarse en una nueva realidad geopolítica marcada por la transición energética, la competencia global por recursos estratégicos y el creciente interés estadounidense por asegurar un suministro energético cercano y confiable.

Guyana, por su parte, sostiene que cualquier intento venezolano de modificar el actual equilibrio territorial amenaza directamente su estabilidad, su desarrollo económico y la seguridad de sus operaciones offshore.

La audiencia de este lunes también reflejó otro elemento que empieza a redefinir la controversia: la creciente influencia de Estados Unidos en la arquitectura energética y de seguridad de la región. Washington respalda abiertamente a Guyana y mantiene una estrecha coordinación con las compañías petroleras que operan frente a sus costas.

En ese escenario, el caso del Esequibo ya no se limita a mapas históricos, arbitrajes coloniales o discusiones diplomáticas. Hoy representa una disputa en la que convergen el petróleo, la seguridad hemisférica, las rutas marítimas, las inversiones multimillonarias y la competencia global por recursos energéticos estratégicos.

La Corte Internacional de Justicia  deberá emitir una decisión en los próximos meses, aunque expertos recuerdan que, incluso si el tribunal emite un fallo definitivo, ninguna sentencia eliminará por completo un conflicto cuya raíz ya no es solamente territorial, sino también profundamente geopolítica y energética. Mientras esto sucede en La Haya, la poderosa Exxon no duda en mover sus fichas en Washington y Caracas para garantizar sus intereses.

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