Dejó de hacer carreras en moto para buscar sobrevivientes del terremoto. Es padre de familia y quiere ayudar a otros a salir de los escombros
Vanessa Davies
Está cubierto de polvo de pies a cabeza y las señales del cansancio ya se ven en su rostro, pero Junior Mejías no deja de sonreír. Los terremotos del pasado 24 de junio lo sorprendieron tanto como espantaron a venezolanas y venezolanos, pero Mejías decidió dejar la queja y pasar a la acción. Por eso, abandonó su trabajo como mototaxista y se dedicó a apuntalar las labores de rescate.
Tiene 33 años de edad, es padre de familia y lo conmovió particularmente ver las imágenes de niñas y niños en redes sociales. “El jueves 25 de junio empecé a colaborar, llevando insumos de un lado para otro”, rememora. “El viernes me trasladé hasta La Guaira: todo está demasiado catastrófico y muchas personas fallecieron”.
El domingo 28 de junio ya acumulaba cuatro jornadas de trabajo voluntario y decidió prestar apoyo en San Bernardino, en el frente de obras instalado en el edificio Santa Rita, una de las edificaciones que se desplomó por los sismos.
“Los videos que circularon por redes, de niños que se encuentran por ahí, de familias caminando… Yo soy padre de familia, y eso me conmovió mucho. Me conmovió todo como ser humano, porque vi a muchas personas sufriendo en las calles que necesitan de nosotros”, explica. “Por eso estoy como voluntario, y dando lo mejor de mí”.
Mejías vive en La Vega, una de las zonas populares de Caracas afectada por los terremotos, aunque sin fallecidos. “Estaba en la calle cuando ocurrió, y sentí un poco de temor. Después, al pasar las horas, vi la magnitud de lo ocurrido. A todos los venezolanos nos ha conmovido”. No esperó llamados ni permisos: simplemente, acudió a los sitios donde pensó que se necesitaban brazos.
Sin esperar nada a cambio
No tenía experiencia previa en construcción ni en atención de emergencias. “Lo he aprendido aquí por las personas que están trabajando; unas tienen formación profesional, y otras no la tienen, pero de todas se aprende”, subraya.
Su lucha, ese domingo, era para encontrar personas con vida en el edificio Santa Rita. Los bomberos mantenían el optimismo, a pesar de que las horas juegan en contra. “Aquí he echado pala, pico. He usado mandarrias para quitar los escombros, he cargado tobos, he pasado tobos llenos a otras personas. He hecho de todo, aquí y allá, porque lo importante es ayudar”.
Considera que su esfuerzo está mostrando lo mejor de ser venezolano: solidaridad, compasión, empatía. “Esto me lo va a recompensar Dios. No estoy buscando nada a cambio; solo quiero salvar vidas, que es lo fundamental y es en lo que tenemos que pensar hoy”, celebró. Sabe que su integridad física puede estar en riesgo, pero está dispuesto a moverse donde sea necesario.
