Guyana avanza en uno de los proyectos de infraestructura energética más importantes de su historia: transformar el gas natural producido costa afuera en electricidad, líquidos del gas natural y, progresivamente, en la base de una nueva plataforma industrial capaz de atraer inversiones en petroquímica, manufactura, logística, tecnología y centros de datos.
La iniciativa Gas-to-Energy, destacada recientemente por la Cámara de Comercio México-Guyana como una oportunidad para empresas mexicanas de energía, ingeniería, construcción, almacenamiento, servicios industriales y tecnología, contempla una central eléctrica de hasta 300 megavatios, una planta de procesamiento de líquidos del gas natural y nuevas obras de transmisión.
El proyecto se desarrolla en Wales, en la ribera occidental del río Demerara, y utilizará gas asociado procedente de los gigantescos desarrollos petroleros offshore del bloque Stabroek. El objetivo es sustituir progresivamente la generación eléctrica basada en combustibles líquidos importados por gas natural producido en aguas guyanesas.
La magnitud del cambio resulta difícil de exagerar. Guyana pasó en pocos años de ser un país sin producción comercial de petróleo a convertirse en uno de los centros energéticos de mayor crecimiento del mundo. Ahora intenta dar el siguiente paso: dejar de exportar únicamente crudo y utilizar parte de sus hidrocarburos para transformar su propia economía.
Un gasoducto desde el corazón del Stabroek
El componente estratégico del sistema es el gasoducto construido para transportar gas desde los campos offshore hasta tierra firme. ExxonMobil, operador del bloque Stabroek, ha completado una infraestructura valorada en alrededor de US$1.000 millones, aunque todavía no se encuentra plenamente operativa porque espera la culminación de las instalaciones eléctricas en tierra.
El gas será llevado desde los desarrollos marinos hasta Wales, donde alimentará la central y la instalación de líquidos del gas natural. El gobierno guyanés sostiene que la primera generación eléctrica continúa prevista para finales de 2026, aunque la puesta en servicio total se extenderá posteriormente. Una actualización de mayo señaló que la primera turbina debería entrar en operación antes de terminar el año, con todas las turbinas comisionadas durante el primer trimestre de 2027 y la operación de ciclo combinado prevista para junio de 2027.
Esa diferencia es importante: “primera electricidad” a finales de 2026 no significa necesariamente que los 300 MW estarán disponibles inmediatamente. Informaciones locales han señalado que la capacidad inicial podría ser menor antes de alcanzar la operación completa.
De producir electricidad a construir una economía industrial
La planta de 300 MW podría alterar profundamente el sistema eléctrico de Guyana. El país necesita nueva capacidad para acompañar una economía que crece rápidamente, una expansión urbana acelerada y el aumento de la actividad industrial.
Pero el proyecto trasciende la generación eléctrica. La instalación de NGL permitirá recuperar componentes valiosos del gas y crear nuevas cadenas industriales. La primera fase contempla una planta de líquidos asociada al complejo energético, mientras que ya se estudian ampliaciones posteriores de la capacidad eléctrica y de procesamiento.
La lógica es similar a la de las grandes economías productoras: utilizar el gas no solo como combustible, sino también como materia prima para generar electricidad, fertilizantes, petroquímicos, combustibles y nuevas industrias.
Exxon ya mira más allá del primer proyecto
El desarrollo de Wales podría representar apenas el comienzo. ExxonMobil ha manifestado su disposición a acelerar nuevos proyectos gasíferos, aunque advierte que Guyana deberá generar suficiente demanda industrial para justificar inversiones adicionales.
Dan Ammann, presidente de Upstream de ExxonMobil, afirmó en febrero que la oferta y la demanda deben desarrollarse de manera coordinada. Entre los posibles grandes consumidores futuros figuran plantas petroquímicas, plantas de fertilizantes e incluso centros de datos, cuya demanda eléctrica crece aceleradamente con la expansión de la inteligencia artificial.
La compañía también está estudiando una nueva infraestructura para la región de Berbice. El proyecto Longtail, previsto para alrededor de 2030, podría convertirse en el primer gran desarrollo de gas no asociado de la región y conectarse a una futura red destinada a abastecer nuevos complejos industriales.
Según información divulgada en marzo, una segunda tubería de gas podría costar alrededor de US$2.000 millones.
Oportunidad para México y el Caribe
La publicación de la Cámara de Comercio México-Guyana introduce otra dimensión: el desarrollo energético guyanés comienza a verse como un mercado regional para proveedores extranjeros.
Las empresas mexicanas poseen experiencia en la construcción de gasoductos, ingeniería, generación termoeléctrica, almacenamiento, servicios petroleros, automatización, mantenimiento industrial y logística. Guyana necesitará precisamente esas capacidades si pretende convertir sus descubrimientos offshore en una economía industrial más diversificada.
El proyecto también puede alterar el equilibrio energético del Caribe. Durante décadas, Trinidad y Tobago dominó el negocio regional del gas, del GNL, del metanol y del amoníaco. Guyana emerge ahora con una base de recursos en expansión, enormes inversiones offshore y una estrategia orientada a utilizar el gas para industrializar su economía.
Una transformación que Venezuela debe observar
Para Venezuela, el avance guyanés contiene una lección estratégica. El país posee recursos gasíferos muy superiores, extensas áreas offshore y una plataforma continental con proyectos como Perla, Dragon, Loran, Manatee, Plataforma Deltana y Mariscal Sucre. Sin embargo, Guyana está avanzando con rapidez en la integración entre la producción offshore, los gasoductos, la electricidad, el procesamiento y la industrialización.
La diferencia no radica únicamente en quién posee más hidrocarburos. Radica en quien logra convertirlos con mayor rapidez en infraestructura, energía competitiva, inversión y nuevas industrias.
Guyana ya produce alrededor de 900.000 barriles diarios y ExxonMobil acelera nuevos desarrollos que podrían elevar significativamente esa capacidad hacia 2030. Paralelamente, el país comienza a construir la segunda etapa de su transformación: utilizar el gas asociado y, posteriormente, recursos de gas no asociado para sostener una economía más industrializada.
El proyecto Gas-to-Energy representa, por tanto, mucho más que una central eléctrica. Es el primer gran intento de Guyana por convertir su extraordinario éxito petrolero en una plataforma energética nacional capaz de alimentar fábricas, ciudades, nuevas industrias y la economía digital del futuro.
