Editorial | La reconstrucción de Venezuela será el gran negocio de Colombia

Opinión

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Julio A. López, editor jefe.– El presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, afirmó esta semana que «la reconstrucción de Venezuela tiene que hacerla Colombia, con todo lo que ello implique».

La declaración, hecha semanas antes de su posesión el 7 de agosto, pone en el centro del debate una pregunta que empresarios y gremios exploran desde la caída de Nicolás Maduro, capturado por fuerzas estadounidenses el 3 de enero: ¿puede la reconstrucción venezolana convertirse en el motor de crecimiento que la economía colombiana necesita?

Una economía que necesita impulso

El Producto Interno Bruto de Colombia creció 2,2% en el primer trimestre de 2026, según el DANE, cifra por debajo de lo proyectado por los analistas: mientras la administración pública y el comercio impulsaron el crecimiento, la construcción cayó 5,4% y la minería retrocedió 0,1%.

Bancolombia proyecta que el PIB cierre el año en 2,9%, con un déficit fiscal del 7% y una deuda pública cercana al 66% del PIB. En ese contexto, José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda y fórmula vicepresidencial de De la Espriella, estima que una Venezuela estabilizada podría aportar hasta un punto porcentual adicional al crecimiento del PIB colombiano mediante mayores exportaciones de alimentos, medicamentos, servicios energéticos y bienes industriales.

El imán energético: petróleo y gas

El argumento energético es el más contundente. Venezuela posee más de 303.000 millones de barriles de petróleo en reservas probadas —cerca del 17% del total mundial, la mayor reserva del planeta, por encima de Arabia Saudita— y 195.240 Tfc de gas natural, casi 95 veces las reservas colombianas, según Campetrol.

Colombia, en cambio, apenas tiene reservas de petróleo para unos 8 años al ritmo actual de extracción y enfrenta un déficit estructural de gas: en marzo, las importaciones representaron el 22,4% del abastecimiento total, mientras que la producción nacional alcanzó su nivel más bajo de la historia.

Esa complementariedad ya se traduce en hechos. En marzo, Pdvsa envió los primeros camiones con gas licuado hacia Norte de Santander por el puente Simón Bolívar, calificado como «el primer paso» de una nueva agenda de integración energética. Ecopetrol inició conversaciones para reanudar las importaciones de crudo y gas venezolanos; su presidente encargado, Juan Carlos Hurtado, señaló: «Venezuela es una oportunidad porque tenemos el conocimiento técnico y operativo para aportar a la reactivación de su industria petrolera».

La producción venezolana, que cayó a cerca de 900.000 barriles diarios tras años de sanciones, podría escalar a 1,5 millones de barriles diarios hacia fines de 2026 y a 2 millones de barriles diarios hacia 2030.

Las ventajas competitivas de Colombia

Frente a otros actores que compiten por el mercado venezolano —Chevron, Repsol, Halliburton, Trafigura y Vitol ya ampliaron sus posiciones tras la nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos de enero, que abre una mayor participación privada—, Colombia cuenta con ventajas difíciles de igualar.

La primera es geográfica: los dos países comparten 2.200 kilómetros de frontera, lo que reduce los costos logísticos frente a competidores que deben cruzar océanos. La segunda es técnica: décadas de experiencia colombiana en perforación horizontal, manejo de campos maduros e ingeniería de mantenimiento son justo lo que Venezuela necesita para reactivar campos inactivos.

Campetrol calcula que la reactivación energética venezolana requerirá más de 100.000 millones de dólares en inversión, un mercado en el que las empresas colombianas de servicios petroleros ya buscan posicionarse.

Más allá del petróleo

La oportunidad no se limita a los hidrocarburos. Empresas colombianas de consumo masivo, como Nutresa, ya triplicaron sus exportaciones mensuales al mercado venezolano, alcanzando cerca de tres millones de dólares en febrero.

Infraestructura vial, hidráulica y eléctrica, fabricantes de materiales de construcción y firmas de logística y transporte figuran entre los llamados a beneficiarse de cualquier plan de reconstrucción, en un país donde buena parte de la red eléctrica, vial y de saneamiento requiere renovación tras años de abandono institucional.

Los riesgos que persisten

No todos comparten el optimismo por igual. El economista Juan Camilo Restrepo advirtió que «la activación de Venezuela y la desactivación del sector de hidrocarburos en Colombia, sin una transición responsable, serían lo peor», mientras persisten las sanciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros de EE.UU., las dificultades de acceso al sistema financiero internacional y un marco regulatorio venezolano aún en construcción.

Los empresarios y el gobierno entrante están alineados para convertir a Colombia en protagonista de la reconstrucción de Venezuela.