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Julio A. López.— Rusia impuso una prohibición total de exportaciones de diésel, ampliando restricciones previas que solo alcanzaban a los comercializadores, en un intento por contener una crisis de combustible interna que se ha extendido a la mayoría de sus regiones y que, además, golpea a un mercado energético global ya tensionado por el colapso de la tregua entre Estados Unidos e Irán.
El anuncio
El viceprimer ministro Alexander Novak detalló la medida durante una reunión de gobierno presidida por Vladimir Putin, señalando que el objetivo es «aumentar el suministro al mercado doméstico» en momentos en que la situación en las gasolineras «genera preocupación entre la población». A diferencia de la restricción parcial vigente desde abril, que solo impedía exportar a comercializadores no productores, la nueva prohibición —vigente hasta el 31 de julio— también alcanza a los propios productores, es decir, a la totalidad del mercado. Quedan exceptuados los suministros previstos en acuerdos intergubernamentales preexistentes, como el de Mongolia.
Novak reconoció que Rusia comenzará a importar combustible este mes para cerrar la brecha interna, una postura inusual para uno de los mayores productores y refinadores de petróleo del mundo. Según fuentes de la industria, los envíos marítimos de gasolina desde India ya comenzaron la semana pasada y el gobierno autorizó a las refinerías a producir gasolina de menor calidad, con el estándar Euro-3, para paliar el desabasto.
El origen de la crisis
El desabastecimiento se desató por los ataques sostenidos de Ucrania contra refinerías rusas desde finales de mayo. La refinería de Moscú, que antes suministraba cerca del 40% del combustible consumido en la región metropolitana, sufrió daños particularmente severos. Prácticamente la totalidad de las 83 regiones de Rusia ha reportado interrupciones o problemas en el suministro de gasolina; en más de 20 regiones se ha implementado racionamiento, con filas de hasta 18 horas según medios rusos, y precios de hasta 2,42 dólares por litro en algunas zonas. La producción de gasolina cayó cerca de un 25% respecto al promedio de junio de 2025, según cifras de Reuters. Apenas días antes del anuncio, Novak había insistido en que el mercado ruso estaba «totalmente abastecido» de diésel y gasolina, pese a las evidentes filas de vehículos en las estaciones de servicio.
El presidente Zelensky publicó el mismo miércoles imágenes de un ataque contra la refinería de Sarátov, en el suroeste de Rusia, atribuido a la inteligencia militar ucraniana, junto con los servicios de seguridad y la guardia fronteriza. Imágenes satelitales de la NASA, difundidas por el Instituto para el Estudio de la Guerra, muestran, además, una reducción drástica de la iluminación nocturna en Crimea respecto al año anterior, lo que constituye evidencia indirecta del impacto de los ataques en la infraestructura energética de la península ocupada.
Un mercado global ya bajo presión
Rusia es el segundo mayor exportador mundial de diésel después de Estados Unidos, con Turquía y Brasil como sus principales compradores; ambos países absorbieron al menos la mitad de los cargamentos disponibles en junio, cuando las exportaciones marítimas de diésel y gasoil ya habían caído 39% respecto a mayo —un desplome de 46% interanual—, según datos citados por The Moscow Times. Fuentes del mercado europeo señalan que, en la práctica, Rusia «ya tenía una prohibición de exportación en todo menos en el nombre»: los envíos cayeron a apenas 187.000 barriles diarios entre el 1 y el 8 de julio, frente a los 535.000 barriles diarios de julio de 2025.
El anuncio disparó los márgenes de referencia del diésel europeo a un récord de 60,17 dólares por barril, y los precios globales subieron casi un 13% antes de retroceder parcialmente. La medida llega, además, en un momento en que el mercado ya absorbía la disrupción provocada por la guerra entre Estados Unidos e Irán y el riesgo renovado en el Estrecho de Ormuz, por donde, antes del conflicto, transitaba una quinta parte del petróleo mundial. «Es bastante malo», resumió Natalia Losada, analista sénior de Energy Aspects, sobre el impacto global de la medida. «Por otro lado, tenemos una crisis geopolítica que aún no ha sido resuelta y los flujos por el Estrecho de Ormuz siguen restringidos.»
¿Medida temporal o prolongada?
Analistas del sector anticipan que la prohibición podría ser temporal, dada la pérdida de ingresos por exportación que esta implica para Rusia. Sin embargo, advierten que si la producción de las refinerías no logra recuperarse, el veto podría extenderse más allá del 31 de julio. La Agencia Internacional de Energía había proyectado en su reporte de junio una caída de 3,9 millones de barriles diarios en la oferta global de petróleo durante 2026, antes de una recuperación esperada en 2027.
