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Julio A. López, editor jefe. — Un dron impactó el pasado 7 de julio contra el Yasa Polaris, un petrolero fletado por la estadounidense Chevron, mientras se aproximaba al terminal del Consorcio del Oleoducto del Caspio (CPC) frente a Novorossiysk, en el Mar Negro, lo que elevó la prima de riesgo bélico para los buques que operan en esa ruta y amplió la definición de lo que Ucrania considera un blanco legítimo.
Lo ocurrido
Según Yasa Tanker, la empresa turca que administra la nave, el buque —de bandera de Islas Marshall y propiedad de la naviera turca YASA Holding— fue alcanzado en su parte superior mientras navegaba vacío («en lastre») cerca del terminal marítimo del CPC. «Todos los tripulantes están a salvo y contabilizados. No se ha reportado daño visible al casco. Hasta el momento, no hay reportes de contaminación ni de impacto ambiental. Nuestro buque ha abandonado la zona», indicó la compañía en un comunicado. El Yasa Polaris, construido en 2022 y con capacidad para transportar unas 160.000 toneladas de crudo, continuó navegando por sus propios medios. Chevron confirmó estar al tanto de «un incidente cerca de las instalaciones de carga del CPC» y aseguró que las exportaciones no se vieron interrumpidas.
Por qué importa: no es petróleo ruso
El matiz clave del incidente es que el CPC Blend que transporta esta ruta es mayoritariamente crudo kazajo, no ruso. El terminal de Novorossiysk maneja 1,4 millones de barriles diarios y concentra cerca del 80% de las exportaciones marítimas de petróleo de Kazajistán, incluida la producción del yacimiento gigante de Tengiz, operado por la empresa conjunta Tengizchevroil, liderada por Chevron. Se trata, en otras palabras, de flujos de exportación respaldados por Occidente que, sin embargo, transitan por infraestructura bajo control ruso. El CPC prevé exportar unos 1,6 millones de barriles diarios de crudo CPC Blend en julio, por debajo de los 1,7 millones planeados para junio, tras otro ataque con drones que dañó una instalación rusa de gas y obligó a recortar la producción.
Un patrón de ataques que se repite
No es la primera vez que la infraestructura del CPC es blanco de ataques. Ucrania ha atacado sistemáticamente la infraestructura petrolera rusa desde finales de 2025 —refinerías y terminales de exportación en Primorsk, Tamán, Kerch, Novorossiysk y puertos del Báltico—, y el propio terminal del CPC fue golpeado en enero y febrero de 2026, cuando ataques con drones dañaron a los petroleros Matilda (de bandera maltesa, fletado por estructuras de KazMunayGas) y Delta Harmony (de bandera liberiana), ambos a unos 140 kilómetros del terminal. En esas ocasiones, al igual que ahora, los tanques de carga estaban vacíos, por lo que no hubo derrames ni víctimas. El año pasado, además, uno de los únicos puntos de amarre del terminal del CPC sufrió daños severos en otro ataque.
Lo que distingue al caso del Yasa Polaris es que se trata de un buque de propiedad de terceros —una naviera turca— fletado por una petrolera occidental, y no de un buque de bandera rusa ni de la llamada «flota fantasma» que transporta crudo ruso sancionado. De hecho, el buque no figura en la lista que mantiene la inteligencia militar ucraniana de embarcaciones identificadas como parte de esa flota fantasma; las autoridades ucranianas no se han pronunciado oficialmente sobre este incidente en particular, aunque en los mismos días reportaron haber atacado cerca de una docena de petroleros de esa flota que abastecían de combustible a Crimea.
El riesgo que se acumula
Cada ataque, aunque no cause daños críticos, eleva las primas del seguro de riesgo bélico de los buques que hacen escala en Novorossiysk. Navieros griegos y turcos, que dominan las rutas de los petroleros del Mar Negro, exigirán tarifas más altas e indemnizaciones más sólidas o evitarán directamente los viajes hacia el CPC. Si futuros ataques causan daños graves, incendios o pérdidas humanas, la respuesta regulatoria y de mercado sería mucho mayor, y los flujos de crudo kazajo de Chevron tendrían que buscar rutas alternativas por oleoductos existentes o transporte ferroviario. Por ahora, el incidente del Yasa Polaris fue un «casi accidente» —pero cada uno de ellos, advierten analistas del sector marítimo, hace que el próximo sea potencialmente más grave.
