Es por el petróleo, estúpido

Opinión

Roberto Marrero. Abogado y expreso político venezolano.- Tenemos meses escuchando frases como estas: “Trump sacó a Maduro y ya tiene lo que quería: el petróleo”; otra muy común: “Trump es un empresario, pragmático y con Delcy ya tiene todo el petróleo que quiere… Los gringos lo que quieren es petróleo… No les interesa la democracia”.

En mi opinión, hay errores en este análisis. Los gringos quieren petróleo, ¡sí! Pero en millones de barriles, no en cientos de miles. Hoy Chevron está produciendo poco más de 200 mil B/D en Venezuela, una cifra insignificante para cualquiera de las grandes petroleras. En mi opinión, hay tres objetivos políticos en la operación Absolute Resolve. El primero: “control geopolítico”. Desde el 3 de enero, la administración Trump tiene el control de Venezuela; de un día para otro, cambió el escenario geopolítico mundial. El segundo objetivo: “la seguridad energética”. Este objetivo está lejos de lograrse; requiere del sector privado. Aquella PDVSA de 3,8 millones de barriles diarios no existe y hoy es imposible para el gobierno interino levantar la producción sin la inversión privada.

El tercer objetivo: la victoria política, aún no cumplida, ya que la mera salida de Maduro no basta. Para el elector americano, “la libertad y la democracia” son los valores que justifican acciones militares. Si la operación es solo por petróleo, no tendrá el mismo impacto en las elecciones intermedias de noviembre. Trump necesita al menos conservar la mayoría del Senado. Uno de los 33 puestos en disputa es la vacante que dejó Marco Rubio en Florida, donde el tema Cuba-Venezuela tiene un peso importante entre los votantes.

El Secretario Rubio informó de un plan de tres etapas: Estabilización, Recuperación y Transición. La estabilización ya está en fase final y entramos en la “Recuperación” de la economía, las instituciones y la administración; hace énfasis en la reconciliación entre la oposición y las autoridades interinas, liberación de presos políticos y retorno de exiliados, generar las condiciones mínimas para una elección que, aunque es muy necesaria, nadie sabe cuándo será.

Pero esa reconciliación también se da en lo económico, tras más de 20 años de socialismo y antiimperialismo. El régimen está intentando sin éxito la reconciliación con el capitalismo; después de expropiaciones y miles de millones en pérdidas, empresas como Exxon en el propio salón Oval y Chevron recientemente, dejaron claro que necesitan normas claras y seguridad jurídica. No bastan las declaraciones bonitas y las buenas intenciones: esto se traduce en la elección de nuevas autoridades con legitimidad constitucional. Aunque hay una enorme expectativa, la realidad económica del venezolano de a pie es incluso peor que en enero. Luce más fácil la reconciliación entre el régimen y la oposición —bajo la tutela del imperio— que la reconciliación con las empresas petroleras, que tienen mucho que perder y ya han perdido miles de millones.

En los negocios no hay sentimientos y la esperanza no basta. Aunque tenemos distintos objetivos, en esta etapa las grandes empresas petroleras son nuestros aliados; a ellos les interesa la transición ordenada en el menor tiempo posible, tanto como a los venezolanos, aunque el motivo varía… Nosotros, porque somos venezolanos y amamos la libertad y la democracia. ¿Por qué ellos lo hacen? ¿Cuál es su interés en normas claras para invertir billones de dólares?

La respuesta, parafraseando al consultor político James Carville —quien le dijo a Bill Clinton “It’s the economy, stupid”—, es clara: es el petróleo, estúpido.

Porque Venezuela es el mejor negocio del continente y las empresas petroleras lo saben. Pero también saben que, sin normas claras, pueden volver a perder billones de dólares, como les pasó con Chávez, creador de los que están hoy.

Esa necesidad de normas claras puede ser el motor de un poderoso lobby para adelantar una transición hacia la democracia: mientras más rápido haya normas claras, más rápido empieza el negocio. “No es por amor a nuestra tierra de gracia”, pero ¡bienvenida esa ayuda en esta coyuntura! Sin inversión privada, el plan de Trump en Venezuela corre el riesgo de fracasar.

Y por cierto… sobre que Trump es un pragmático empresario: esto era verdad en su primer período, hace más de 10 años, pero después de un primer mandato con el Congreso en contra y la pandemia incluida, 4 años en oposición, sufrir un sinnúmero de ataques, persecución legal, traiciones políticas y atentados… este Trump es más político que empresario. Nadie niega su formación empresarial, pero es un político y
quiere pasar a la historia.

Como venezolano, apuesto al éxito de la transición en Venezuela.

Dios te bendiga.

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