The Daily Journal.- El escritor mexicano Gonzalo Celorio recibió este jueves 23 de abril el Premio Cervantes de la mano del rey Felipe VI de España. El narrador latinoamericano convirtió su discurso de recepción del prestigioso galardón en una pieza profundamente personal y literaria, en la que entrelazó memoria familiar, reflexión sobre la novela y una reivindicación de la libertad como esencia de la literatura.
Desde el inicio, el autor imprimió un tono íntimo al evocar a su padre, quien antes de morir le dijo: “Tú llegarás, hijo. Si no puedes, yo te empujo”. Más de seis décadas después, Celorio retomó esas palabras para marcar el sentido de su llegada al máximo reconocimiento de las letras en español: “Hoy llegué, papá, justamente hoy, 64 años después”.
A partir de allí, el discurso transitó hacia una reflexión sobre la figura de Miguel de Cervantes, a quien describió no solo como el autor canónico de la lengua, sino como un escritor atravesado por el humor. Celorio cuestionó la imagen solemne del autor del Quijote y reivindicó su dimensión irónica: una escritura que, dijo, revela la condición humana en su tensión entre “el ideal inalcanzable y la cruda realidad”.
El eje central de su intervención fue la libertad. Citando interpretaciones literarias, sostuvo que en la obra cervantina la libertad se impone incluso por encima de la justicia, y que esta no solo se expresa en los temas, sino en la forma misma de la novela. En ese sentido, destacó que el Quijote rompió con todos los moldes: “La novela cervantina rompe con todas las ataduras que pudieran aprisionar el género”.
Celorio también defendió una concepción amplia e “impura” de la novela, capaz de integrar múltiples géneros y registros. A su juicio, esa mezcla es precisamente lo que permite a la literatura abarcar la complejidad de la vida: “Es un género sucio, que se nutre de la vida con todas sus aspiraciones, pero también con todas sus lacras”.
En la segunda parte de su discurso, el autor giró hacia su propia obra, particularmente su saga Una familia ejemplar, donde explora la historia de sus antepasados. Allí subrayó el papel de la ficción como herramienta de conocimiento: “Nadie sabe bien a bien quién es si no sabe de dónde viene”. Para Celorio, la novela no solo reconstruye el pasado, sino que lo reinterpreta, incluso a través de la invención.
Esa defensa de la imaginación se condensó en una de sus ideas centrales: la ficción puede revelar verdades más profundas que la historia documentada. “La ficción puede llegar adonde la veracidad histórica se detiene”, afirmó, al explicar cómo la escritura le permitió descubrir aspectos desconocidos —y a veces perturbadores— de su propia genealogía.
El cierre del discurso retomó el hilo personal, con recuerdos de su familia y una reivindicación del lenguaje como destino. Celorio definió su vida como una dedicación absoluta a la palabra —como escritor, profesor, lector y editor—, y resumió esa vocación con una frase final que condensó el sentido de toda su intervención: “La palabra que más me gusta de la lengua de Cervantes es la palabra palabra”.
