The Daily Journal.- A cuatro meses del operativo que cambió el rumbo político de Venezuela, Nicolás Ernesto Maduro Guerra rompió el silencio para ofrecer el primer relato detallado desde el círculo íntimo del mandatario sobre la madrugada del 3 de enero. En una entrevista con El País, el diputado describió una noche traumática marcada por bombardeos y la convicción de que su padre no sobreviviría al ataque.
Según Maduro Guerra, la madrugada del ataque comenzó con una señal de despedida definitiva. El mandatario grabó un audio para su hijo que aún permanece bajo resguardo, pero cuyas frases revelan el estado de ánimo en el Palacio: “Nico, están bombardeando. Que la patria siga luchando, vamos para adelante”. “Él pensaba que ese día moría”, relató el hijo del dirigente, añadiendo que durante horas la familia y figuras como Delcy y Jorge Rodríguez lo dieron por fallecido ante la falta de fe de vida.
Detalles de la captura: El «clóset de madera»
Frente a las versiones que sugerían que el mandatario se encontraba resguardado en una cámara acorazada de alta seguridad, Nicolás Maduro Guerra aclaró que la vivienda donde pernoctaba su padre era en realidad una estructura vulnerable, con paredes sin recubrir y vidrios carentes de blindaje. El diputado desmitificó el relato de la caja fuerte al explicar, con tono irónico, que “la cámara acorazada era un clóset de madera” donde su padre intentó refugiarse por un simple “instinto de supervivencia” al momento de la incursión.
La captura, según el testimonio del hijo del dirigente, estuvo marcada por la violencia física. Maduro Guerra relató que los agentes estadounidenses “volaron la puerta de un disparo” y, una vez dentro, le “destrozaron la rodilla de un golpe” al mandatario antes de asegurar su detención. La situación fue igualmente traumática para Cilia Flores, quien terminó desmayada tras golpearse contra un mueble durante el asalto; sobre este punto, el diputado enfatizó la gravedad de la escena al recordar que “el charco de sangre que había era bárbaro”, lo que mantuvo a la familia en vilo hasta confirmar que ella se encontraba fuera de peligro.
510 minutos desde Brooklyn
El silencio comunicacional entre padre e hijo se rompió finalmente un mes y dos días después de la captura. Mientras se encontraba en su escaño de la Asamblea Nacional, Maduro Guerra recibió una llamada de uno de los hijos de Cilia Flores, quien servía de puente para conectarlo con su padre por primera vez desde el 3 de enero. Tras escuchar la voz del mandatario, el diputado se vio obligado a alejarse de las cámaras del hemiciclo para asimilar el momento, confesando que, lejos de la mirada pública, lloró “un poquito”.
Desde aquel contacto inicial, las conversaciones se han vuelto frecuentes bajo estrictas condiciones carcelarias. Nicolás Maduro, recluido en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, dispone de apenas 510 minutos al mes para comunicarse con el exterior, llamadas que inician invariablemente con la instrucción automatizada: “To accept the call, press five”. Ambos han decidido registrar estas interacciones, creando un archivo sonoro que, en palabras del diputado, ya forma parte de la historia.
A pesar del entorno federal, el hijo del dirigente asegura que su padre mantiene el mismo tono irónico con el que enfrentó a sus captores al llegar a Nueva York. Si en su detención recibió a los guardias con un “Happy New Year”, ahora suele bromear con su hijo al saludarlo con un “Hello, good night, how are you?”, manteniendo una actitud de desafío incluso tras las rejas.
La vida en reclusión
Tras pasar los primeros meses en aislamiento, desde la pasada Semana Santa Nicolás Maduro comparte espacios comunes, donde ocurrió un mediático encuentro con el rapero Tekashi 6ix9ine. Según su hijo, el rapero obtuvo una firma de Maduro en un muñeco de Bob Esponja, aunque el exmandatario confesó no conocer la fama del músico: “Mi padre me dijo que le había firmado algo, pero es que yo ni sabía que él era famoso”.
El hijo del mandatario destacó un cambio en la espiritualidad de su padre, quien ahora lee la Biblia de forma “obsesiva” y le recita versículos por teléfono: “Mi papá nunca había sido así, pero ahora, en las llamadas, a veces empieza por ahí: ‘Tú tienes que escuchar Mateo 6:33. Y Corintios 3. Y el Salmo 108’”.
Además de textos religiosos, Maduro ha solicitado más de 60 libros, incluyendo la Constitución de Venezuela, obras de Bolívar, Lenin, García Márquez y el código penal de Nueva York para que Cilia Flores lo estudie desde su propia celda.
La defensa de la pareja presidencial está a cargo de abogados de alto perfil, como Barry Pollack, y es financiada por el Estado venezolano tras lograrse el levantamiento de bloqueos específicos para este fin. Ante las acusaciones de corrupción, Maduro Guerra fue enfático: “Mi papá no tiene dinero, no tiene cuentas, no tiene testaferros, no tiene nada”, asegurando que el único bien de la pareja es un apartamento en el sector de El Paraíso, en Caracas.
