Trump respalda a Ken Paxton como candidato al Senado por Texas

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Julio A. López, editor jefe.— El presidente Donald Trump respaldó oficialmente este martes al fiscal general de Texas, Ken Paxton, en la decisiva segunda vuelta republicana para el Senado federal, asestando un duro golpe político al senador John Cornyn y reafirmando, una vez más, el extraordinario control que mantiene sobre el Partido Republicano.

La contienda entre Paxton y Cornyn ya era considerada una de las batallas internas más costosas y simbólicas del ciclo electoral de 2026. Sin embargo, la intervención de Trump transformó la elección en algo mucho más profundo: un referéndum interno sobre quién controla verdaderamente el alma del Partido Republicano.

“Ken Paxton tiene mi completo y total respaldo para convertirse en el próximo senador de los Estados Unidos por el gran estado de Texas”, escribió Trump en Truth Social, donde además elogió la “lealtad” de Paxton al movimiento MAGA.  

La decisión sorprendió a buena parte del establishment republicano en Washington. Durante semanas, líderes del Senado, estrategas nacionales y figuras cercanas al liderazgo republicano habían presionado a Trump para que respaldara a Cornyn, considerado por muchos como un candidato más fuerte y estable para las elecciones generales de noviembre.  

Cornyn, quien busca un quinto mandato y durante años fue una de las figuras más influyentes del Senado, había hecho enormes esfuerzos para acercarse políticamente al presidente. Contrató encuestadores vinculados al trumpismo, recibió apoyo de importantes súper PAC republicanos y hasta presentó recientemente un proyecto de ley para renombrar una autopista interestatal como “Trump Interstate”, una vía de más de 1.800 millas que atravesaría varios estados norteamericanos.  
Nada de eso fue suficiente.

Trump dejó claro que, para él, la lealtad personal y política sigue siendo el criterio principal dentro del Partido Republicano. El presidente recordó públicamente que Cornyn “no lo apoyó cuando los tiempos eran difíciles”, una frase que en Washington muchos interpretan como una advertencia dirigida a cualquier republicano que dude del liderazgo absoluto del mandatario.  

Paxton, por el contrario, construyó durante años una relación estrecha con Trump y con el ala más radical del movimiento MAGA. Fue uno de los principales impulsores de las demandas judiciales que buscaban anular los resultados de las elecciones presidenciales de 2020 y se convirtió en una figura de referencia para la base conservadora más combativa de Texas.  

Paradójicamente, el respaldo de Trump llegó pese a que Paxton enfrenta un largo historial de controversias políticas y legales. El fiscal general sobrevivió recientemente a un juicio político en Texas, además de a investigaciones por presunto fraude financiero y a acusaciones personales que durante años amenazaron su carrera política. Aun así, el respaldo presidencial parece haber neutralizado gran parte de esas preocupaciones entre el electorado republicano.  

La elección primaria republicana del pasado 3 de marzo dejó a Cornyn con el 42 % de los votos frente al 40,5 % de Paxton, lo que obliga a una segunda vuelta programada para el próximo 26 de mayo. Desde entonces, la campaña se convirtió en una guerra política multimillonaria. Solamente en publicidad electoral se han invertido más de 85 millones de dólares, una cifra récord en una primaria senatorial republicana.  

El episodio también demuestra cómo Trump continúa imponiendo su autoridad incluso frente a las estructuras tradicionales del partido. El líder republicano del Senado, John Thune, había pedido públicamente la intervención de Trump para evitar una guerra interna costosa y divisiva. Sin embargo, la Casa Blanca terminó alineándose con el candidato preferido por la base MAGA y no con el favorito de Washington.  

Para numerosos analistas políticos estadounidenses, el caso de Texas confirma una tendencia cada vez más evidente: el Partido Republicano ya no gira en torno a sus viejas estructuras institucionales, sino en torno a la figura de Donald Trump.

En la práctica, ningún dirigente republicano nacional parece hoy capaz de desafiar abiertamente al presidente sin correr el riesgo de una derrota política devastadora.

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