El plan secreto de Europa para reemplazar la OTAN

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Julio A. López, editor jefe. — El mayor temor estratégico de Europa ya no es únicamente Rusia. Ahora, la preocupación que domina discretamente a varios gobiernos europeos es mucho más profunda: ¿qué ocurrirá si Estados Unidos abandona progresivamente la OTAN o deja de garantizar la defensa militar del continente?

Fuentes militares y diplomáticas europeas revelaron que distintos países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) comenzaron a desarrollar planes alternativos de defensa ante la posibilidad de un debilitamiento estructural de la alianza atlántica en una nueva etapa de la administración de Donald Trump.

La alarma aumentó luego de que Washington cancelara recientemente el despliegue de una brigada blindada estadounidense hacia Polonia y comenzara a reducir parte de sus capacidades militares asignadas a Europa, entre ellas bombarderos estratégicos, cazas, submarinos, drones de reconocimiento y plataformas de inteligencia.

El mensaje fue interpretado en Bruselas, Berlín, Varsovia y las capitales bálticas como una señal inequívoca: Estados Unidos está cambiando sus prioridades globales.

Durante décadas, la seguridad europea descansó en el poder militar norteamericano. Pero la Casa Blanca considera ahora que la principal amenaza estratégica no es Rusia, sino China y el Indo-Pacífico. La guerra con Irán, además, ha obligado al Pentágono a consumir enormes cantidades de misiles y armamento, lo que ha retrasado las entregas destinadas a Ucrania y a varios aliados europeos.

Sin embargo, la verdadera preocupación europea no es únicamente militar. Lo que genera inquietud es el creciente cuestionamiento político de Trump a la OTAN y, en particular, al Artículo 5, la cláusula que obliga a todos los miembros de la alianza a defender colectivamente a cualquier país atacado.

En privado, varios funcionarios europeos reconocen que comenzaron a estudiar escenarios que hasta hace pocos años parecían impensables: una guerra entre Europa y Rusia en la que Estados Unidos permanezca neutral o incluso bloquee decisiones estratégicas dentro de la propia OTAN.

La llamada “crisis de Groenlandia” encendió todas las alarmas. Cuando Trump amenazó públicamente con tomar el control de Groenlandia —territorio autónomo vinculado a Dinamarca— varios gobiernos europeos entendieron que debían comenzar a prepararse para un escenario de autonomía militar acelerada.

“Necesitamos un Plan B”, admitió un funcionario de defensa escandinavo citado por fuentes europeas.

El problema es que Europa no solo depende de Estados Unidos en materia de tropas. La OTAN fue diseñada en torno a la infraestructura militar norteamericana. Washington aporta la mayor parte de la inteligencia satelital, las comunicaciones seguras, la defensa antimisiles, la logística aérea, la capacidad nuclear táctica y el mando operativo conjunto.

Sin ese soporte, Europa tendría enormes dificultades para coordinar operaciones militares de gran escala.

Por ello, algunos gobiernos ya analizan estructuras de defensa alternativas fuera del marco tradicional de la OTAN.

Una de las opciones que gana fuerza es la Joint Expeditionary Force, una coalición militar liderada por el Reino Unido e integrada por países nórdicos y bálticos, entre ellos Suecia, Finlandia, Noruega, Dinamarca, Estonia, Letonia, Lituania y los Países Bajos.

A diferencia de la OTAN, esta fuerza puede actuar sin necesidad de unanimidad política entre todos sus miembros, lo que permite respuestas militares rápidas ante amenazas rusas.

Analistas militares consideran que la Joint Expeditionary Force podría convertirse en el embrión de una futura estructura militar europea paralela o complementaria a la OTAN.

No obstante, Europa enfrenta enormes limitaciones. El continente carece de suficientes bombarderos estratégicos, tiene capacidades limitadas de reabastecimiento aéreo, limitaciones en la inteligencia satelital y una industria militar aún fragmentada.

Incluso el Reino Unido, considerado el principal poder militar europeo después de Francia, enfrenta problemas presupuestarios y limitaciones operativas en submarinos, destructores y en las fuerzas terrestres.

Mientras tanto, Alemania incrementa aceleradamente su gasto militar y Francia intenta posicionarse como líder estratégico continental aprovechando su capacidad nuclear independiente.

Pero los expertos advierten que construir una arquitectura militar verdaderamente autónoma podría llevar muchos años.

Por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Europa comienza discretamente a prepararse para un escenario que durante décadas parecía imposible: defenderse sin Estados Unidos.

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