Exxon avanza hacia el Golfo de Paria

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El nuevo mapa energético del Caribe podría redefinir el futuro petrolero de Venezuela

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Julio A. López, editor jefe. — La expansión de ExxonMobil y Occidental Petroleum (OXY) hacia el bloque ultra profundo Ultra Deep 1, ubicado frente a Trinidad y Tobago y conectado geológicamente con la prolífica cuenca Guyana-Surinam, no representa únicamente un nuevo proyecto petrolero para el Caribe. Para Venezuela, este movimiento podría convertirse en uno de los acontecimientos energéticos y geopolíticos más importantes de las próximas décadas.

La zona adjudicada a Exxon abarca aproximadamente 7.100 kilómetros cuadrados en aguas de entre 2.000 y 3.000 metros de profundidad, en un corredor submarino que los geólogos consideran una extensión natural de la misma estructura que permitió a Exxon descubrir más de 11.000 millones de barriles recuperables en Guyana.  

Ahora, el interés de la industria energética internacional comienza a desplazarse hacia el norte de esa cuenca, acercándose peligrosamente al Golfo de Paria y a las áreas offshore venezolanas históricamente consideradas entre las más prometedoras del hemisferio occidental.

La importancia estratégica para Venezuela es enorme. El Golfo de Paria y las zonas marinas cercanas al Delta del Orinoco contienen gigantescas reservas de gas natural y petróleo pesado que, durante años, han sido vistas por las grandes petroleras como una de las últimas grandes fronteras energéticas del Caribe. Sin embargo, sanciones, conflictos políticos, inseguridad jurídica y retrasos regulatorios paralizaron o ralentizaron muchos de esos proyectos. Mientras tanto, Trinidad y Guyana avanzan a un ritmo acelerado.

La paradoja es evidente: ExxonMobil está utilizando, frente a Trinidad, exactamente el mismo modelo geológico y operativo que revolucionó Guyana. Estudios sísmicos y análisis técnicos realizados por firmas internacionales como TGS indican que las estructuras ultraprofundas frente a Trinidad podrían albergar sistemas petroleros comparables al del bloque Stabroek.  

Y allí aparece nuevamente Venezuela. Gran parte de las áreas exploradas se encuentra relativamente cerca de zonas marítimas venezolanas históricamente vinculadas al desarrollo gasífero del Golfo de Paria. De hecho, Reuters reveló que Caracas ya solicitó formalmente información técnica a Trinidad sobre las pruebas sísmicas y las actividades de Exxon, debido a la preocupación de que potenciales reservorios puedan extenderse hacia el territorio venezolano.  

La inquietud venezolana no es casualidad. Durante décadas, el Golfo de Paria fue considerado por Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y compañías internacionales como una de las regiones con mayor potencial gasífero del continente. Proyectos como Dragon, Cocuina-Manakin y otros desarrollos costa afuera buscaban convertir al oriente venezolano en un gigantesco centro exportador de gas natural licuado (LNG) hacia el Caribe, Europa y Norteamérica.

Sin embargo, la lentitud política y las sanciones internacionales permitieron que Trinidad aprovechara gran parte de la infraestructura regional existente para consolidarse como hub energético del Caribe.

Ahora Exxon podría llevar esa dinámica a otra escala. El proyecto Ultra Deep 1 contempla inicialmente estudios sísmicos 3D, la perforación de hasta dos pozos exploratorios y una inversión inicial cercana a 42 millones de dólares. Pero si se confirma una provincia petrolera similar a la de Guyana, el monto total podría superar los 20.000 millones de dólares.  

La cronología del proyecto refleja la velocidad de ejecución. La adquisición sísmica culminaría en julio de 2026; la interpretación geológica finalizaría a finales de año y las primeras perforaciones profundas podrían comenzar entre 2027 y 2028.  

Para Venezuela, el escenario abre dos posibilidades completamente opuestas. La primera: quedar aislada mientras Guyana y Trinidad capturan las inversiones, la infraestructura y el control operativo del nuevo eje energético atlántico-caribeño.

La segunda: aprovechar el renovado interés internacional para integrar finalmente el Golfo de Paria a un sistema regional de exportación energética junto a Trinidad, Guyana y Surinam, utilizando las enormes reservas venezolanas como complemento natural del crecimiento regional.

En términos geológicos, comerciales y logísticos, la integración tendría sentido. El oriente venezolano posee reservas gigantescas, cercanía geográfica, experiencia histórica y capacidad humana. Pero en el mundo energético actual, el capital internacional exige estabilidad política, reglas claras y seguridad jurídica.

Exxon ya está apostando miles de millones de dólares a que el futuro energético del Caribe suroriental se parecerá más a Guyana que al viejo modelo petrolero venezolano. Y esa quizá sea la señal más importante que deja el proyecto Ultra Deep 1.

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