EDITORIAL | Venezuela: Potencia gasífera en 2026 o el milagro de Shell

Opinión

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Julio A. López, editor jefe.- Durante las últimas semanas he tenido el privilegio de entrevistar a reconocidos expertos de la industria de los hidrocarburos, entre ellos Humberto Calderón Berti, Evanán Romero y otros profesionales con una visión amplia y profunda del negocio energético. Todos coinciden en una misma conclusión: Venezuela está destinada a convertirse en una potencia gasífera.

Los expertos mencionados no poseen una bola de cristal. Sin embargo, días antes del reciente anuncio de Shell, ya anticipaban lo que hoy comienza a materializarse: la exportación de gas venezolano en un plazo extraordinariamente breve. La pregunta es inevitable: ¿cómo puede ocurrir algo así?

Quienes hemos participado en proyectos de ingeniería para la industria petrolera sabemos que los grandes desarrollos energéticos requieren años de planificación, construcción y ejecución. Por ello sorprende que una corporación del tamaño de Shell anuncie, apenas días después de recibir las autorizaciones correspondientes, que está lista para iniciar exportaciones. La tinta prácticamente no se ha secado en los documentos y el proyecto ya avanza hacia su fase operativa.

La explicación no radica únicamente en la fortaleza financiera de Shell. Como dice un conocido proverbio vietnamita: «Nueve mujeres no pueden tener un bebé en un mes.» Algunos procesos poseen tiempos mínimos irreducibles, independientemente de la cantidad de dinero, personal o recursos que se les asignen.

Por eso, el llamado «milagro de Shell» no responde a ninguna intervención divina. Responde a algo mucho más simple: ingeniería, planificación y visión estratégica.

Los campos de gas que Venezuela comparte con Trinidad y Tobago cuentan desde hace años con una ventaja fundamental: la infraestructura ya existe. Una red de gasoductos conecta estos yacimientos con la planta de licuefacción de Atlantic LNG, ubicada en Point Fortin, en la costa suroeste de Trinidad. Esa infraestructura permite transportar gas hacia una de las instalaciones de procesamiento y exportación de gas natural licuado más importantes del hemisferio occidental.

Atlantic LNG constituye actualmente la infraestructura de exportación de gas más importante del Caribe. En su momento de mayor actividad, alcanzó una capacidad cercana a 15 millones de toneladas anuales de gas natural licuado, abasteciendo mercados de Estados Unidos, Europa y América Latina. Lo verdaderamente importante para Venezuela es que esta infraestructura existe desde hace más de dos décadas, lo que elimina la necesidad de esperar entre cinco y diez años para construir una planta propia y reduce considerablemente las inversiones iniciales requeridas para comenzar a exportar.

Más allá de Dragon, Patao, Mejillones, Cocuina-Manakin y Loran-Manatee, diversos especialistas estiman que Venezuela dispone de cerca de 70 trillones de pies cúbicos (Tcf) de gas natural con potencial de desarrollo y exportación en las próximas décadas. A los precios que Europa actualmente paga por el gas natural, ese volumen representa un valor bruto cercano a 840.000 millones de dólares. Aunque la monetización efectiva de estos recursos dependerá de inversiones, infraestructura complementaria, costos operativos y condiciones de mercado, la cifra permite dimensionar la magnitud de una oportunidad económica capaz de transformar el futuro energético y financiero de Venezuela.

Solo el campo Loran-Manatee contiene aproximadamente 10,25 trillones de pies cúbicos de gas natural, de los cuales cerca del 70% corresponde a Venezuela. Con una simple operación matemática, utilizando los precios actuales del gas en Europa, el valor potencial de la porción venezolana supera ampliamente los 80.000 millones de dólares.

Sin embargo, el verdadero potencial va mucho más allá de un solo yacimiento. Con reservas exportables cercanas a los 70 Tcf y una infraestructura regional ya disponible para acelerar su comercialización, Venezuela tiene ante sí la posibilidad de convertirse en una de las grandes potencias gasíferas del siglo XXI.

Durante décadas el mundo identificó a Venezuela como una potencia petrolera. Ahora también podría reconocerla como un actor determinante en el mercado global del gas natural. En un planeta que busca desesperadamente fuentes seguras de energía, pocas naciones poseen simultáneamente la ubicación geográfica, las reservas, la infraestructura cercana y las oportunidades de crecimiento que hoy tiene Venezuela.

Quizás no podamos afirmar que Dios sea venezolano, pero los números parecen sugerir que, cuando se trata de hidrocarburos, al menos habla con un perfecto acento venezolano.

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