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Julio A. López, editor jefe. — La Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) de Estados Unidos cayó a 340,3 millones de barriles, su nivel más bajo desde 1983, en medio de un escenario marcado por una elevada actividad de refinación, una sólida demanda energética y un mercado petrolero que comienza a descontar el retorno gradual del crudo iraní.
Los datos más recientes muestran que las refinerías estadounidenses procesaron 17,2 millones de barriles diarios de crudo durante la semana finalizada el 12 de junio, operando al 96,7 % de su capacidad disponible. Este fuerte ritmo de procesamiento contribuyó a una reducción de 8,3 millones de barriles en los inventarios comerciales de petróleo, que descendieron hasta 418,2 millones de barriles.
Al mismo tiempo, la reserva estratégica perdió otros 8,9 millones de barriles, profundizando una tendencia que ha llevado a Estados Unidos a consumir parte importante de su colchón energético de emergencia. Diversos analistas advierten que la disminución de estas reservas reduce la capacidad de respuesta del país ante futuras interrupciones del suministro global o nuevas crisis geopolíticas.
Paradójicamente, la caída de inventarios no impulsó los precios del petróleo. Por el contrario, los mercados reaccionaron a la firma de un memorando de entendimiento entre Washington y Teherán que contempla una tregua temporal, la reapertura progresiva del Estrecho de Ormuz y la flexibilización de restricciones sobre las exportaciones petroleras iraníes.
La expectativa de una mayor oferta global provocó una fuerte corrección en las cotizaciones. El crudo Brent retrocedió hacia la zona de los 78 dólares por barril, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) cayó por debajo de los 75 dólares, registrando sus niveles más bajos desde antes del conflicto entre Estados Unidos e Irán.
Sin embargo, el mercado sigue enfrentando importantes incertidumbres. Aunque el acuerdo abre la puerta al regreso de barriles iraníes al comercio internacional, expertos señalan que los daños sufridos por la infraestructura energética regional, las limitaciones logísticas y la congestión marítima podrían retrasar durante meses la normalización completa de los flujos petroleros del Golfo Pérsico.
Mientras tanto, la producción estadounidense continúa cerca de máximos históricos, en torno a 13,8 millones de barriles diarios, lo que consolida a Estados Unidos como el mayor productor de petróleo del mundo. No obstante, la combinación de una reserva estratégica en mínimos de cuatro décadas y una creciente dependencia de la estabilidad geopolítica en Oriente Medio plantea interrogantes sobre la seguridad energética de la principal economía del planeta durante la segunda mitad de 2026.
