Ormuz: Lecciones aprendidas

Destacado Opinión

Por Rafael Gallegos. 

Audio: https://clyp.it/dmiyyqcb

Caracas, 20 de junio de 2026 – Antes de la invasión a Irán, se daba por descontado que el cierre del estrecho de Ormuz ocasionaría un colapso en el mercado petrolero y que el precio del barril podría superar los 200 dólares. Se esperaba algo similar al desastre que provocó el embargo petrolero de 1973, cuando Europa y Estados Unidos se tambalearon. Sin embargo, la preparación de los países para enfrentar la contingencia sorprendió al mundo. Hubo (y hay) serios inconvenientes, pero por ahora no hay colapso.

El Embargo de 1973

La suspensión de la venta de crudo a Estados Unidos y a Holanda —conocida como el Embargo Petrolero— por apoyar a Israel en la guerra de Yom Kippur provocó importantes desequilibrios en el mercado energético mundial. La OPEP cuadruplicó los precios del petróleo. En los grandes países consumidores de petróleo se generaron, en paralelo, inflación y recesión – fenómeno conocido como estanflación –, así como un gran nerviosismo. No podían concebir que su mundo, tan sofisticado tecnológicamente, dependiera de sociedades lejanas y atrasadas. La energía, tan barata durante tantos años, se volvió costosa e incierta. Además, se implementó un racionamiento de combustible sin precedentes. De inmediato se aceleró la búsqueda de energías alternativas al petróleo.

Las investigaciones sobre el sustituto del petróleo, paradójicamente, lo encontraron en el mismo petróleo: la lutita, que permitió a Estados Unidos casi triplicar su producción decreciente en apenas diez años, ubicando a ese país como el primer productor de hidrocarburos del mundo. Europa y Japón no corrieron la misma suerte geológica que Estados Unidos; sin embargo, desarrollaron reservas estratégicas de petróleo para mitigar cualquier inconveniente futuro.  

Reservas Estratégicas

Dada la importancia de este término, es fundamental precisarlo. En primer lugar, no se deben confundir las reservas estratégicas (SPA, por sus siglas en inglés) con las reservas de hidrocarburos. Estas se determinan a partir del petróleo y del gas que la naturaleza depositó en los lechos geológicos. Las SPA corresponden a hidrocarburos que se ubican artificialmente en reservorios, como pozos de sal que se perforan, se desplaza la sal con agua y luego se bombea el petróleo, o en construcciones que aprovechan depósitos subterráneos, como minas. El objetivo es disponer de volúmenes de petróleo en caso de que se interrumpa abruptamente el flujo, como, por ejemplo, el cierre de Ormuz o la invasión de Irak a Kuwait.

De esta manera, China (con un SPA de casi 2000 millones de barriles), Estados Unidos (con alrededor de 800 millones de barriles), Japón (unos 500 millones) y diversos volúmenes de Alemania, Francia, Inglaterra, Turquía y Corea del Sur, entre otros, han utilizado más de 500 millones de barriles de sus SPA para mitigar la escasez de crudo ocasionada por el cierre de Ormuz.

Vías alternas a Ormuz

Durante el cierre de Ormuz, Arabia Saudita ha utilizado su oleoducto Petroline, que conecta campos cercanos al Golfo Pérsico con el puerto de Yanbu en el Mar Rojo. Una longitud de 1200 kilómetros y una capacidad de cerca de 5 millones de barriles por día. Por su parte, los Emiratos Árabes se han servido de su oleoducto, de 400 kilómetros de longitud y una capacidad aproximada de un millón y medio de barriles, que llega hasta el Golfo de Omán.

Además, Estados Unidos ha transportado simulados de más de un millón de barriles diarios a través de Ormuz durante el conflicto. Igualmente, Irán, mediante un oleoducto alterno y camuflando el crudo hacia China por aguas seguras, ha logrado transportar cerca de un millón de barriles diarios.

Mitigación al bloqueo

Si se suman las vías alternas, las camufladas y el uso de las reservas estratégicas, el volumen bloqueado en Ormuz disminuyó de 20 millones de barriles diarios a unos 6 o 7 millones, lo que atenúa significativamente el impacto. No incluimos el gas licuado (Irán destruyó trenes de Qatar), ni los derivados del petróleo, que también pasan por el estrecho.

Sin embargo, los precios del crudo superaron abiertamente los 100 dólares por barril y los de la gasolina y sus derivados también se elevaron significativamente. Claro que ha habido daños en las economías; pero ¿hasta dónde habría llegado el impacto de no estar preparados los países para el cierre de Ormuz si el bloqueo hubiera reducido la oferta mundial en 20 millones de barriles?

Por ahora…

Si el conflicto continuara durante otros cien días, las reservas estratégicas se agotarían y el precio del crudo se dispararía hasta la estratosfera. Y si se llega a bombardear los oleoductos de desahogo, la crisis podría mostrarse en toda su terrible extensión.

Alto riesgo de hecatombe mundial, porque el trasfondo de todo es que la zona es un polvorín, y el verdadero problema es que nuestra capacidad tecnológica está dejando muy atrás nuestros valores. 

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