Dr. Juan Barreto, Director de The Daily Journal para Venezuela y América Latina.- Pareciera que las cosas se complican al interior de la Casa Blanca: nada personal, negocios. Ha estallado una guerra por el reparto del botín que produce Venezuela, luego de las operaciones militares para la extracción de Nicolás Maduro y la entronización del gobierno transitorio proclive a los intereses norteamericanos.
Mauricio Claver-Carone y Richard Grenell entran en guerra. Por un lado, Mauricio Claver renuncia, o lo hacen renunciar, al control económico de Venezuela (aunque no tenía cargo formal) y en su salida denuncia que el secretario de Energía no está manejando bien los asuntos derivados de la extracción de hidrocarburos, beneficiando a las grandes empresas transnacionales norteamericanas y dejando de lado a pequeñas empresas que también tienen capacidad y potencial para invertir.
A este conflicto se suma el fracaso de Donald Trump en Oriente Medio y su guerra contra Irán. Irán está ganando, no porque haya propinado bajas a los Estados Unidos, sino porque ha sido capaz de resistir. En la medida en que resiste, se desgasta la fuerza de los EE.UU., que se van quedando sin misiles Patriot y sin municiones de mediano alcance que necesitarían en otros conflictos hipotéticos, como, por ejemplo, en Europa o contra China.
Pareciera que a Trump se le cierran los caminos faltando apenas tres meses para las elecciones de medio término, donde se elegirán representantes a la Cámara Baja y senadores.
Todas las encuestas que empiezan a ser publicadas reportan una ventaja sostenida por encima de los cinco puntos a favor de los demócratas en relación con los republicanos. De mantenerse esta situación, Trump estaría perdiendo ambas cámaras y el manejo que ha tenido de Venezuela también se podría complicar con investigaciones, interpelaciones, leyes, negación de presupuesto, etc. Trump no tendría las manos libres y el tema Venezuela entraría en el debate para quedarse.
Trump no ha podido hacer nada en relación con la situación de Cuba, la cual también resiste, y el único hecho aparentemente tangible en política internacional es Venezuela. Él dice que tiene muy buenas relaciones con la encargada de la presidencia, Delcy Rodríguez; dice que la gente baila en las calles, que todo está muy bien, que Venezuela ha recibido millones; pero lo que realmente pasa en las calles es que los trabajadores siguen ganando menos de medio dólar y el malestar sigue imperando. La luna de miel de algunos sectores con EE. UU., los que veían en la presencia norteamericana la posibilidad de progreso económico inmediato o de mejora de la calidad de vida, viene disminuyendo, y esto también va incrementando el deseo de cambio de la población.
Poco o nada ha contribuido la expectativa mediática que se creó alrededor de la reunión de las dos AN (2015 y 2025). Marco Rubio ha declarado que el proceso venezolano llevará tiempo, tal vez meses, de manera que la válvula de escape o la llave de paso que han creado con estas dos asambleas que van a reunirse todavía no muestra ningún funcionamiento.
Trump está en su laberinto. Venezuela podría convertirse, de un éxito, en un rotundo fracaso. Ojalá todo lo que pase redunde para bien de los venezolanos.
