Reconstrucción

Opinión

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Doctor Ignacio De León.- Venezuela está recibiendo una segunda oportunidad. No se trata de una reparación superficial, sino de una reconstrucción completa. La pregunta es si los venezolanos aprovecharán este momento para romper definitivamente con las ideas que empobrecieron al país, o si simplemente vestirán el mismo modelo de siempre con nuevos ropajes y lo llamarán reforma.

Basta con observar lo que ocurrió en otros lugares. Alemania después de 1945. Japón después de Hiroshima. Corea tras una guerra que la dejó más pobre que gran parte del África subsahariana. Estonia tras el colapso soviético. Singapur, Chile y Polonia: países que contemplaron las ruinas y tomaron una decisión deliberada y radical: no volver atrás. No restauraron el orden previo a la crisis. Lo superaron. Construyeron sistemas completamente nuevos: instituciones, incentivos y reglas. Gracias a ello crecieron mucho más rápido de lo que cualquiera hubiera imaginado. Esa ventana de oportunidad está abierta para Venezuela en este momento.

Pero existe una verdad incómoda que nadie en los círculos políticos de Caracas quiere decir en voz alta: el sistema que construyó Chávez no fue una imposición ajena. Fue, en gran medida, lo que la mayoría de los venezolanos pidió. Cuando llegó al poder en 1999, 95 centavos de cada dólar que ingresaba al país provenían de actividades controladas por el Estado, principalmente del petróleo. Toda la economía funcionaba mediante tipos de cambio subsidiados, controles de precios y un Estado paternalista que distribuía rentas a cambio de la lealtad. Carlos Andrés Pérez intentó desmontar parte de ese esquema en 1989. Las calles estallaron.

Caldera lo intentó nuevamente, aunque con poca convicción. Nadie se lo agradeció. Chávez simplemente prometió restaurar por completo el pacto socialista y ganó democráticamente con una victoria aplastante.

Por lo tanto, el problema antecede a Chávez. Vive en las ideas. En la creencia de que el Estado debe administrar los precios, racionar las divisas, subsidiar el consumo y utilizar la riqueza petrolera como sustituto de la productividad. Esas ideas destruyeron a Venezuela no porque las impusiera un dictador, sino porque gozaban de una auténtica popularidad. Y eso es mucho más difícil de corregir.

El Plan de Inversión Venezuela 2036, una estrategia nacional de reconstrucción valorada en 5,6 billones de dólares, contiene la arquitectura de algo verdaderamente transformador. Incluye una inversión de 480 mil millones de dólares para elevar la producción petrolera hasta 10 millones de barriles diarios; 600 mil millones para reconstruir 12.000 escuelas y 300 institutos técnicos; y 1,1 billones destinados a transformar las ciudades, consolidar derechos de propiedad reales y crear centros urbanos productivos. También contempla una infraestructura digital moderna, puertos de última generación, trenes de alta velocidad y el Estado de derecho como condición fundamental, porque, como correctamente señala el plan, el capital simplemente no llegará sin ello.

Todo esto resulta impresionante. Sin embargo, una arquitectura impresionante, construida sobre una base ideológica frágil, termina por derrumbarse. Y el riesgo —el verdadero riesgo— es que Venezuela reconstruya su infraestructura mientras, simultáneamente, reconstruye sus peores hábitos. Un nuevo bolívar que se derrita como un iglú en la selva amazónica. Subsidios rebautizados como “inversión social”. Intervenciones en los precios justificadas bajo el argumento de “proteger a los pobres”. Retórica favorable al mercado superpuesta a la misma maquinaria estatista de siempre. Ya se ha intentado antes. Fracasa lentamente y luego de forma repentina.

El salto hacia adelante no consiste únicamente en construir nuevas carreteras y hospitales. Implica adoptar la disciplina que otros sistemas monetarios exigen, dolarizando plenamente la economía para impedir que futuros gobiernos recurran a la inflación como mecanismo para evadir responsabilidades. Implica mercados verdaderamente libres, no mercados que operen a discreción de los reguladores.

Implica leyes y orden aplicables a todos, incluidos quienes tienen conexiones políticas. Y, sobre todo, implica educación y productividad, porque una economía que no produce conocimiento tampoco produce riqueza sostenible, independientemente de los recursos que existan bajo tierra.

El plan tiene razón en un punto esencial: el problema nunca fue la falta de recursos. Venezuela fue uno de los países más ricos del hemisferio. El problema fue la falta de ejecución. Y la capacidad de ejecución depende, en última instancia, de las ideas.

Estonia no reconstruyó la Estonia soviética. Construyó algo que Estonia nunca había sido. Esa es la invitación que hoy tiene Venezuela sobre la mesa. La reconstrucción no es una restauración. Es una decisión sobre el tipo de país que se quiere llegar a ser y sobre el valor necesario para admitir que regresar al pasado, incluso a los llamados “buenos tiempos” anteriores a Chávez, no basta.

La segunda oportunidad de Venezuela no llegará una tercera vez.

Construyámosla correctamente.

3 comentarios en «Reconstrucción»

  1. Extraordinario análisis del Dr. Ignacio De León. Coincido plenamente en su diagnóstico institucional: el verdadero desafío de Venezuela no es de capital físico, sino de gobernanza y modelo mental.
    Desde la perspectiva de la gestión de megaproyectos y la estrategia industrial, el Plan Venezuela 2036 y sus ambiciosas metas cuantitativas corren el riesgo de convertirse en un enorme desvío de recursos si se ejecutan sobre el mismo software burocrático y cultural del pasado. La infraestructura es inerte si las reglas de juego no son predecibles.
    Para que esta segunda oportunidad sea viable, la alta dirección del país debe enfocarse en tres pilares de gestión urgentes:
    1 Rediseño Institucional sobre Restauración: No podemos reconstruir el modelo rentista que incubó la crisis. Se requiere seguridad jurídica absoluta, disciplina monetaria infranqueable y el desmantelamiento de la hiper-regulación para atraer capital privado real.
    2 Eficiencia y Ventana de Oportunidad en Oil & Gas: La meta de producción debe gestionarse bajo criterios de eficiencia operativa extrema y diversificación rápida, entendiendo que el petróleo es la palanca transitoria —no el destino final— en el marco de la transición energética global.
    3 Gestión del Cambio Cultural: Transitar de la narrativa de ‘distribuir la riqueza del subsuelo’ a la de ‘generar valor mediante la productividad, la educación técnica y la tecnología’.
    Como bien señala el autor, la reconstrucción no es un evento de ingeniería civil; es una decisión estratégica sobre el tipo de organización-país que queremos llegar a ser. Excelente y oportuna reflexión.

  2. Extraordinario análisis del Dr. Ignacio De León. Coincido plenamente en su diagnóstico institucional: el verdadero desafío de Venezuela no es de capital físico, sino de gobernanza y modelo mental.
    Desde la perspectiva de la gestión de megaproyectos y la estrategia industrial, el Plan Venezuela 2036 y sus ambiciosas metas cuantitativas corren el riesgo de convertirse en un enorme desvío de recursos si se ejecutan sobre el mismo software burocrático y cultural del pasado. La infraestructura es inerte si las reglas de juego no son predecibles.
    Para que esta segunda oportunidad sea viable, la alta dirección del país debe enfocarse en tres pilares de gestión urgentes:
    1 Rediseño Institucional sobre Restauración: No podemos reconstruir el modelo rentista que incubó la crisis. Se requiere seguridad jurídica absoluta, disciplina monetaria infranqueable y el desmantelamiento de la hiper-regulación para atraer capital privado real.
    2 Eficiencia y Ventana de Oportunidad en Oil & Gas: La meta de producción debe gestionarse bajo criterios de eficiencia operativa extrema y diversificación rápida, entendiendo que el petróleo es la palanca transitoria —no el destino final— en el marco de la transición energética global.
    3 Gestión del Cambio Cultural: Transitar de la narrativa de ‘distribuir la riqueza del subsuelo’ a la de ‘generar valor mediante la productividad, la educación técnica y la tecnología’.
    Como bien señala el autor, la reconstrucción no es un evento de ingeniería civil; es una decisión estratégica sobre el tipo de organización-país que queremos llegar a ser. Excelente y oportuna reflexión.

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