La ley que abrió el petróleo venezolano al mundo libre

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Julio A. López, editor jefe. – El Gobierno venezolano no necesita leyes ni reglamentos cargados de buenas intenciones y controles burocráticos que, todos lo saben, resultan inviables —ni Pdvsa ni el Ministerio de Energía y Minas cuentan con el personal para revisar la avalancha de informes y cálculos que hoy exige la normativa—. Bastaría con que los redactores de la nueva ley revisaran los libros de historia: allí encontrarán la fórmula que sí funcionó, la que abrió el petróleo venezolano al mundo en los años noventa.

La exitosa apertura petrolera de los años noventa no nació de una nueva ley, sino de la flexibilidad que ofrecía la Ley de Hidrocarburos de 1943, promulgada durante el gobierno de Isaías Medina Angarita. Esta ley permitió construir una industria ejemplar, con inversiones de 25 consorcios mundiales que integraron 14 empresas operadoras existentes hasta el primero de enero de 1976, cuando entregaron sus activos y su personal a Pdvsa, lo que permitió que esta se convirtiera en una de las tres empresas petroleras más importantes del mundo.

Esa legislación permitió adaptar el marco fiscal a la realidad económica de cada proyecto y se convirtió en la piedra angular de la apertura petrolera que atrajo decenas de miles de millones de dólares en inversiones privadas.

Una ley que sobrevivió a la nacionalización

La Ley de Nacionalización Petrolera de 1975 nunca derogó la Ley de Hidrocarburos de 1943, y es considerada uno de los instrumentos jurídicos más relevantes de la historia venezolana. Esa norma —que fijó una regalía base del 16,66% y sentó las bases de la soberanía fiscal del Estado sobre el crudo— siguió vigente y fue precisamente el marco jurídico que sostuvo la llamada Apertura Petrolera de los años noventa, formalizada en las ofertas de 1991 y en los contratos de 1992.

Los convenios operativos, las asociaciones estratégicas de la Faja Petrolífera del Orinoco y las rondas exploratorias aprovecharon la flexibilidad que el marco legal venezolano aún permitía para atraer capital y tecnología internacionales.

El auge de la Apertura: capital a cambio de flexibilidad

Entre 1994 y 1998, bajo la dirección de figuras como Luis Giusti, al frente de Pdvsa, y de la conducción de Erwin Arrieta, ministro, y de Evanan Romero, responsable de la Apertura por parte del Ministerio de Energía y Minas, la industria petrolera venezolana vivió un auge sin precedentes. La clave estuvo en la cláusula 41 de la ley de 1943. Esta le otorgaba al Ejecutivo la facultad autorizar una reducción parcial y temporal de la regalía hasta el 1% mientras estuviesen presentes causas como lo fue un precio del petróleo menor a $15 por barril para que se pudieran realizar los proyectos de gran envergadura que se requerían en la Faja del Orinoco donde se construiría la nueva Industria Petrolera del siglo 21, ya que la Cuenca del Lago de Maracaibo estaba entrando en franca declinación y en consecuencia altos costos.

La reducción de la regalía la había previsto la ley de 1943, en su artículo 41, casi 60 años antes. Nunca se había recurrido a ese artículo tan providencial. De no haber tenido la Ley, los 70 mil millones de inversiones extranjeras de la Apertura de los 90 nunca se habrían dado, nada se habría hecho en la Faja y Venezuela hoy sería un país con una industria petrolera marginal.

En 2003, con la invasión de EE. UU. a Irak, los precios del crudo se recuperaron y cesó la rebaja de la regalía y volvió a su nivel original. Pero los inversionistas ya habían realizado la gran mayoría de las inversiones. Es la única vez en que se aplicó el artículo 41 de la ley de 1943.

Curiosamente, la presidente interina de Venezuela reivindicó los méritos de la Ley de 1943 y de la aplicación del art. 41, cuando ella representa la continuidad del gobierno que la había derogado en 2001. Pero lo más incongruente fue la decisión adoptada por la Asamblea Nacional en 2007, mediante la que se impuso la pena máxima de 30 años de prisión a los tres venezolanos antes mencionados, que promovieron la aplicación del mismo artículo de la Ley de 1943, sin lo cual Venezuela hubiese dejado de ser un país petrolero importante.

Hoy, como en 1943, cuando la Ley de Hidrocarburos permitió que Venezuela pusiera su petróleo al servicio del mundo libre en uno de los momentos más oscuros de la historia moderna, contribuyendo al esfuerzo de las democracias durante la Segunda Guerra Mundial, el país enfrenta una oportunidad similar. El mundo vuelve a necesitar el petróleo venezolano. Pero para que Venezuela pueda desempeñar nuevamente ese papel estratégico, necesita normas que atraigan inversión, estimulen la producción y hagan rentable el negocio petrolero. Solo así podrá poner, una vez más, sus inmensas reservas energéticas al servicio del mundo libre y convertirlas en un instrumento de prosperidad, desarrollo y bienestar para los propios venezolanos.