Cine Quam Non | Rober Calzadilla (In Memoriam)

Cultura

Óscar Reyes Matute

No había que inventar nada, todo lo habían inventado ya los veteranos guionistas de los Oscar. Los chistes, la manera de presentar los premios, los gags entre los actores y los presentadores. Una ceremonia que convoca a centenares de millones de espectadores, en lo que aún queda de la televisión convencional por cable, y en el ascenso del streaming.

Casi al final, el ritual más emotivo, el video In Memoriam.

Sobre una música luctuosa, por la pantalla desfilan imágenes de los actores, productores, técnicos, colegas del cine que se nos han adelantado en el descenso hacia la última sombra (Borges dixit).

Akira Kurosawa, Robert Redford, Stanley Kubrick, la gran Diane Keaton…

Los corazones se arrugan, salen a relucir los pañuelitos, y lágrimas que no son actorales ruedan por litros en el Kodak Theatre en Los Ángeles.

«¿Por qué no lo hacemos aquí?», me pregunté. «¿Y por qué pregunto pendejadas en vez de hacerlo?», me respondí.

Y comenzamos a hacerlo con los panas de la Red de Cine Aragua. Escogimos el 28 de enero, Día Nacional del Cine. El escenario del primer In Memoriam fue (y sigue siendo) el Teatro de la Ópera de Maracay, donde anualmente conmemoramos la efeméride de nuestro cine. Eso fue hace cinco años. Se dice fácil.

Con el apoyo de Carlos Azpúrua en el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC), repetimos ese clip en la conmemoración del Día Nacional del Cine en Caracas, en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg).

Por contagio, con el apoyo de Caupolicán Ovalles, Sergio Curiel y Danielita Alvarado, también lo hemos incluido en las dos últimas ediciones de los premios de la Academia de Cine de Venezuela.

Tengo que recoger la data anual. No es un trabajo grato. Cada vez que tengo que agregar la foto de un cineasta y su nombre para el clip, me quedo en silencio, pensando en lo efímero de nuestras horas sobre este mundo.

He tenido que incluir en el In Memoriam a algunos de mis mejores amigos y compañeros. Mi maestro de dramaturgia Ibraihm Guerra; mi hermano mayor, dramaturgo de Maracay con quien compartí tantos años, Rubén Darío Gil; Emil Zabala, mi hermano menor y socio, sin quien no habría podido hacer «Santiaguao», esposo de mi eterna productora Yomaira Molina Landaeta.

También a otros más conocidos por ustedes, como Román Chalbaud, César Bolívar, Asdrúbal Meléndez, Hilda Vera, Margot Benacerraf (Z»L).

Cuando se riega la bola de que ando haciendo el casting para un proyecto, muchos jodedores del medio cinematográfico se cruzan y se santiguan:

—¡La pinga! Yo no quiero salir todavía en esos videos de Matute.

Pero todos saldremos algún día, los haga yo, o los hagan quienes nos sucedan en el oficio, porque el cine, así como Venezuela toda, va a sobrevivir y a brillar, apuesten por eso, de pensamiento, palabra y acción.

Algunos de los que se nos han ido, y serán recordados con cariño en el clip del 2027, han sido la actriz Gabriela Fleritt y la productora Ifigenia Rivas en La Guaira, el actor Gonzalo Velutini, el actor Julio Jung (Rumildo), y hace pocos días el actor, director y dramaturgo Rober Calzadilla (1975 – 2026), a una edad muy temprana.

Estaba en Las Palmas, Gran Canaria, convaleciendo de un cáncer de pulmón diagnosticado en 2019.

Seguramente estaba recordando su Maturín natal mientras caminaba por las atlánticas playas de la isla, sus años en la Escuela de Artes Escénicas Juana Sujo, los luminosos atardeceres cuando pateaba los pasillos de la Escuela de Artes de la UCV.

¿Se habrá preguntado cuántos guiones y películas más podría rodar si la vida le daba tiempo? Seguramente, los sucesores de Masacre de El Amparo: 20 años de impunidad (2009), El país de Abril (2013), El Amparo (2016).

Al menos, pudo saborear los 24 premios de El Amparo, aunque algunos puristas del chavismo le reprochen la aproximación a los hechos originales.

Allá ellos. Yo recuerdo en estas líneas a un cineasta a quien nunca conocí en persona, pero cuya obra respeto.

No se crean, hay montones de cineastas venezolanos a quienes no conozco en persona. Yo no soy famoso: a esta altura de mi vida, milito en lo que en la UCV hace años llamaban «El Movimiento de los No Descubiertos».

Reviso la data en Wikipedia, y el generoso editor del artículo en la enciclopedia digital nos dice: «El lente de Rober se negó a registrar ‘víctimas’ de manera abstracta y prefirió devolverles su dimensión humana, su humor llanero y su derecho a la verdad».

Me quedo con eso, para inaugurar el Cine Quam Non en las generosas páginas de The Daily Journal.

Solo espero que algún día, cuando me toque aparecer en el In Memoriam, me recuerden con cariño, no faltaba más.