Choque de ideologías futbolísticas en la final de la Copa del Mundo 2026

Copa Mundial de Fútbol 2026

Luis Vilchez

Los choques de ideas son parte de la realidad del ser humano. A principios del siglo XX se disputó la Primera Guerra Mundial —y décadas más tarde la Segunda— con el trasfondo de conflictos ideológicos y políticos. En la economía están los defensores de John Maynard Keynes y los que confían en Friedrich Hayek. Hasta en la psicología hay su dicotomía con el psicoanálisis de Sigmund Freud y el conductismo de Burrhus Frederic Skinner. El fútbol no escapa de esa realidad y en la final de la Copa del Mundo chocarán dos ideas en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, donde se medirán España, que representa el juego de posición, contra Argentina, exponente del relacionismo.

¿Cómo definir el juego de posición? “Es la ocupación de espacios en el campo de manera racional para generar superioridades que te acerquen al gol”. Como virtudes, trae protección ante la pérdida de balón, dominio mediante la posesión del esférico y genera automatismos. Sin embargo, da menos espacios para la creatividad y es muy estudiado por los rivales; aparte, requiere de jugadores de buen pie para combinarse. Mientras que el estilo relacional, también conocido como funcional, se puede definir así: “Juntarse alrededor de la pelota para relacionarse con ella como eje, cumpliendo roles específicos (apoyo, ruptura, cobertura, etc.) en torno al poseedor del balón”. Esto da patrones de juego más impredecibles, mayor creatividad y la capacidad de potenciar sinergias entre jugadores. Aunque tiene más riesgo ante la pérdida, gran dependencia de las sociedades entre los futbolistas y exige riqueza técnica en espacios reducidos.

Se puede decir que el fútbol de posesión es un mecanismo colectivo donde el jugador forma parte de un todo, con unas pautas previas que deben ejecutar y automatizar decisiones. Sin embargo, no es robotizar todo, sino lograr que no se desgasten en pensar en determinadas acciones de juego, sino que salgan automáticas para concentrarse en otras acciones. Es más común en Europa, aunque en este Mundial se han chocado con bloques defensivos muy estructurados, lo que los ha llevado a naufragar en el intento de generar peligro. El futbolista que se cría bajo este modelo más académico es más dependiente de su entrenador para recibir comandos.

La maravilla del juego relacional es que, más que un mecanismo, es un organismo vivo. Se construye con el jugador y el estratega tiene menos peso en lo que sucede dentro del campo. Da ese margen para que el jugador dé un paso al frente y proponga iniciativas desde lo individual para sobrepasar la zozobra de la incertidumbre de un deporte que es la «dinámica de lo impensado», como lo bautizó el periodista argentino Dante Panzeri. Las soluciones provienen más de la creatividad que de lo preparado en la pizarra del director técnico. Este balompié de calle y más anárquico frota la lámpara para que salga la magia y romper con esos bloques defensivos. Argentina y Colombia son sus grandes defensores en este 2026.

Lautaro Martinez (3rd L) of Argentina scores during the semifinal match between Argentina and England at the 2026 FIFA World Cup at Atlanta Stadium in Atlanta, the United States, July 15, 2026. (Xinhua/Cao can)

Una nueva identidad contra las raíces recuperadas

Los de la vieja escuela recordarán a la selección de España con el mote de la “Furia Roja”; sin embargo, los más jóvenes hablarán del “tiki-taka”. Esta metamorfosis se da de la mano de Luis Aragonés y tiene como fecha de nacimiento el 13 de octubre de 2007, en Dinamarca. Un gol de Sergio Ramos, tras una acción que duró un minuto y 15 segundos, contó con 28 pases y 65 toques de balón. Ese estilo cambió la historia de los hispanos, que antes solo habían ganado una Eurocopa en 1964 y ahora han ganado el campeonato del Viejo Continente en tres oportunidades: 2008, 2012 y 2024. También alzaron el Mundial (2010) y tienen la oportunidad de alzar otro en Nueva York.

La razón del cambio viene de la base física, ya que los alemanes, italianos y franceses contaban con más envergadura. Eso lo explicó Aragonés para el diario El País en su momento: “El proceso que se dio hasta llegar al estilo definitivo fue una selección natural de los jugadores. No teníamos una condición física para correr o chocar los 90 minutos, pero sí para tocar”. La debilidad se transformó en su fortaleza y se zanjó el debate por la exclusión de Raúl González Blanco.

El término «tiki-taka» lo registra el diario Mundo Deportivo en charlas con José María Maguregui, estratega del Espanyol, para hablar de los entrenamientos a campo ancho. Pero toma más fuerza en una burla de Javier Clemente, DT del Athletic Club de Bilbao, previo a un duelo de Copa de Europa. “No me impresiona mucho el Girondins, creo que es uno de los equipos batibles que nos podían tocar en la Copa de Europa, a pesar de que sean la base de la selección campeona de Europa. Los vi jugar el año pasado y reconozco que tienen un buen equipo, con hombres como Tigana, Giresse, Lacombe y, ahora, con Chalana. Pero a mí el estilo del fútbol francés no me agrada. Juegan un tiki-taka que no me gusta y que pienso que podemos combatir muy bien”, recuerda el periodista Juanma Trueba. La sorna le salió por la culata al caer eliminado ante los galos.

El tiki-taka entra dentro del juego de posición, que tiene como gran referente a Pep Guardiola y al actual bicampeón de la Champions League, Luis Enrique, con el PSG. Mientras que en el caso argentino no fue un cambio de piel en su estilo de juego, sino de recuperar sus raíces con Lionel Scaloni. Al principio quería hacer un juego más vertical y físico inspirado por la Francia campeona del mundo en 2018, como tendencia. Pero el oriundo de Pujato marcó otra pauta al alzar el título en Qatar con “La Nuestra”, clásico estilo de los sureños.

Lionel Scaloni, head coach of Argentina, attends a press conference ahead of round of 16 match between Argentina and Egypt at the 2026 FIFA World Cup in Atlanta, the United States, July 6, 2026. (Xinhua/Chen Yichen)

“Nosotros somos un país extremadamente futbolero. Está claro que tenemos eso que se llama ‘la nuestra’, que es una mezcla. No somos Brasil, extremadamente vistoso; no somos Uruguay, que tiene otras características, más combativas. Estamos en una mezcla. Tenemos una ‘nuestra’ que en este momento, sobre todo a nivel de selección, se ve. Cada país y cada cultura tienen su impronta propia”, explicó Pablo Aimar en 2024. El exvolante de River Plate es parte del cuerpo técnico de Scaloni.

Ese estilo nace como una rebeldía ante el juego largo y los choques físicos de los ingleses a principios del siglo XX. Esa gambeta, pases precisos, pausas y engaños nacen de las caimaneras, que los argentinos llaman potrero. “Se dirá que los argentinos no ‘juegan al fútbol’, sino que ‘tocan fútbol’, ya que son como virtuosos que tocan el piano o el violín. Por ello, un gran equipo será como una orquesta compuesta por grandes individualidades. Lo típico del fútbol argentino pasará a ser el toque de pelota, el toque corto y veloz”, escribió el sociólogo y pionero en antropología futbolera Eduardo Archetti, autor de Estilo y virtudes masculinas en El Gráfico: la creación del imaginario del fútbol argentino (1995).

Recuperar su esencia le ha permitido a Argentina quebrar la racha de más de 20 años de sequía en 2021 con la Copa América, ya que no daba una vuelta olímpica de esta índole desde 1993 a pesar de contar con grandes jugadores. Repitió el trofeo continental en 2024 y en Medio Oriente bordó la tercera estrella en 2022. El domingo 19 de julio puede igualar la línea de Alemania e Italia con cuatro títulos mundiales y quedar a uno solo de Brasil (cinco). En Nueva Jersey no solo se definirá al nuevo monarca del balompié planetario, sino el estilo que será replicado en todo el globo terráqueo: si el triunfo total del relacionismo o el regreso al juego de posición.