Mortinato para financiar viviendas en la Bolsa de Valores

Economía Especiales

Julio A. López, editor jefe – Las tragedias humanas suelen sacar lo mejor de las sociedades, pero también pueden convertirse en un terreno fértil para las peores ideas económicas y financieras. La desesperación por encontrar soluciones rápidas no puede sustituir la seriedad técnica que requiere la reconstrucción de un país.

Hemos conocido de varias propuestas que buscan crear instrumentos financieros para financiar la construcción de viviendas, utilizando la Bolsa de Valores de Caracas como vehículo de colocación o como fachada de pluralidad económica. Toda iniciativa merece ser escuchada y analizada, pero también ser sometida al más riguroso escrutinio técnico y financiero. Más aún cuando se trata del patrimonio y de las esperanzas de miles de familias que lo perdieron todo tras los terremotos del pasado 24 de junio.

Hay una realidad que no admite interpretaciones ideológicas ni discursos políticos: Venezuela es un país en default. El Estado venezolano incumplió el pago de su deuda soberana y enfrenta una de las reestructuraciones de deuda más complejas de la historia contemporánea. Ese es un hecho financiero incontrovertible.

Por ello, cualquier instrumento financiero emitido o respaldado por un gobierno que no paga sus obligaciones y, peor aún, indexado al bolívar, merece un nombre apropiado: mortinato. Nace muerto.

No se trata de una opinión política, sino de una conclusión técnica. Un instrumento financiero solo tiene valor cuando existe confianza en su emisor, liquidez suficiente en el mercado y capacidad real para honrar sus compromisos. Ninguna de esas condiciones existe hoy.

Las necesidades de financiamiento para reconstruir el parque habitacional venezolano se miden en miles de millones de dólares. La Bolsa de Valores de Caracas, con todo el respeto que merece como institución, jamás ha manejado volúmenes que se acerquen remotamente a las necesidades financieras del país. Pretender lo contrario es ignorar la realidad del mercado de capitales venezolano.

Más difícil aún es imaginar a un inversionista internacional adquiriendo instrumentos financieros emitidos por un gobierno en default, denominados o indexados a una moneda que ha destruido el ahorro de varias generaciones de venezolanos.

La gran pregunta que debemos hacernos es si estamos ante un exceso de optimismo y de desconocimiento financiero o ante algo mucho más preocupante. Porque cuando las cifras no cuadran, los mercados no existen y los riesgos son evidentes, resulta legítimo preguntarse quién gana con este tipo de propuestas.

¿Se busca realmente resolver el drama habitacional del país o construir sofisticados mecanismos financieros destinados a generar grandes negocios para unos pocos utilizando como argumento la tragedia de miles de venezolanos?

La reconstrucción de Venezuela exige creatividad, sí. Exige innovación financiera, sin duda. Pero, sobre todo, exige honestidad intelectual. No podemos permitir que las víctimas de una tragedia sean utilizadas como justificación para vender espejismos financieros.

Los venezolanos necesitan viviendas, no experimentos financieros condenados al fracaso desde el momento mismo de su concepción.

La tragedia del 24 de junio merece soluciones serias, transparentes y viables. Todo lo demás tiene un nombre mucho más sencillo: un mortinato financiero.