Audio: https://clyp.it/su5dieyw
Julio A. López, editor jefe .- La guerra entre Estados Unidos e Irán entró el martes en su décimo día consecutivo de hostilidades, con ataques que ya no se limitan al territorio iraní: alcanzan infraestructura civil y tecnológica en todo el Golfo. La Guardia Revolucionaria iraní (IRGC) aseguró haber destruido con varios misiles de crucero el centro de datos central que la empresa estadounidense Amazon opera en Baréin, además de sistemas de defensa aérea y radares en las localidades de Muharraq y Riffa.
Ni Amazon ni las autoridades bareiníes han confirmado el alcance del daño, aunque el gobierno del reino sí reconoció que se activaron las sirenas de ataque aéreo y que se interceptó una oleada de proyectiles iraníes.
El bombardeo se produce como represalia declarada por Teherán tras un ataque estadounidense del lunes contra instalaciones en construcción de la planta nuclear de Darkhoveyn, en el suroeste de Irán. Desde marzo, la infraestructura de Amazon Web Services en la región se ha convertido en blanco recurrente: la compañía ha sido atacada en al menos cinco ocasiones, cuatro de ellas en territorio bareiní, luego de que Irán clasificara a 18 tecnológicas estadounidenses —entre ellas Apple, Google, Microsoft, Meta, Boeing y Tesla— como objetivos militares legítimos por su presunta colaboración con operaciones de inteligencia israelíes y estadounidenses.
La escalada golpea con particular dureza a los países del Golfo que dependen casi por completo de plantas desalinizadoras para obtener agua potable. Kuwait informó que respondió el martes a un ataque con drones y misiles que dañó plantas de generación eléctrica vinculadas a la producción de agua dulce, en un patrón que se repite desde marzo, cuando Irán ya había golpeado instalaciones similares en Baréin y Kuwait, dejando a miles de personas en riesgo de desabastecimiento en plena ola de calor del desierto.
Medios estatales iraníes reportaron, además, ataques contra instalaciones militares de Estados Unidos en Baréin, Kuwait y Jordania, así como contra un petrolero en el estrecho de Ormuz.
En el sur de Irán se reportaron explosiones en las ciudades costeras de Chabahar y Konarak, mientras que la agencia oficial IRNA confirmó dos estallidos en Bushehr, sede de la única planta de energía nuclear del país, sin que hasta el momento se hayan reportado daños en el reactor.
El impacto en los mercados energéticos ha sido inmediato. El crudo Brent, referencia internacional, superó los 91 dólares por barril este martes, su nivel más alto desde el 10 de junio, tras diez noches consecutivas de bombardeos estadounidenses y la advertencia del presidente Donald Trump de que Irán “pagará” por ataques que dejaron soldados estadounidenses fallecidos.
La tensión se agrava con la amenaza de los hutíes de Yemen, aliados de Irán, de imponer un bloqueo marítimo contra Arabia Saudita en el mar Rojo, lo que podría cerrar una de las últimas rutas alternativas que Riad ha utilizado para exportar crudo sin depender de Ormuz. Por ese estrecho pasan cerca de 20,3 millones de barriles diarios de petróleo, según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos, de los cuales casi el 90% tiene como destino final los mercados asiáticos, principalmente China e India.
Analistas de mercado advierten que la combinación de ataques a infraestructura civil, plantas desalinizadoras, centros de datos y rutas marítimas críticas está transformando lo que comenzó como un conflicto bilateral en una crisis regional con capacidad de afectar el suministro de agua, energía y servicios digitales de millones de personas en el Golfo, además de introducir una prima de riesgo persistente en los precios globales del petróleo.
