Tierras raras: La carrera de EE.UU. contra el dominio chino

Energía y Petróleo Especiales

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Julio A. López, editor jefe. – Estados Unidos enfrenta una fecha límite crítica en su cadena de suministro de defensa: a partir del 1 de enero de 2027, nuevas normas de adquisición del Pentágono —bajo el reglamento DFARS y el artículo 10 U.S.C. §4872— prohibirán el uso de materiales de tierras raras de origen chino en los sistemas de defensa estadounidenses. Todo contratista militar deberá contar, para esa fecha, con una cadena de suministro de imanes libre de China, un requisito que hoy prácticamente ningún actor fuera de Asia puede cumplir.

Un cuello de botella que no está en la minería, sino en el procesamiento

El problema no es la disponibilidad de tierras raras en el subsuelo: Estados Unidos y Canadá cuentan con reservas. El verdadero obstáculo es la capacidad para procesarlas y convertirlas en aleaciones de especificación militar, una etapa industrial que Occidente trasladó a China hace décadas, junto con el conocimiento técnico, el equipamiento y la mano de obra especializada. El propio presidente Donald Trump lo resumió en Davos: no existe tal cosa como “tierra rara”, sino “procesamiento raro”. Según estimaciones citadas en reportes del sector, incluso con capital ilimitado, un nuevo competidor necesitaría entre tres y siete años para construir esa capacidad desde cero, dado que China controla más del 90% de la capacidad global para fabricar estas aleaciones y ya ha comenzado a restringir la exportación de tecnología y equipos de procesamiento.

Firmas como Morgan Stanley proyectan que la demanda de imanes de tierras raras se multiplicará entre tres y cinco veces en esta década, en un mercado que ya supera los 20.000 millones de dólares anuales y que sostiene sectores que van desde semiconductores hasta sistemas de defensa: si estas aleaciones desaparecieran, líneas de producción como las del caza F-35 de Lockheed Martin quedarían completamente paralizadas.

REalloys, una apuesta para llenar el vacío

En medio de esta carrera, la empresa REalloys (Nasdaq: ALOY), con sede en Euclid, Ohio, se ha posicionado como uno de los pocos actores occidentales que intentan reconstruir toda la cadena, desde la mina hasta el imán terminado. La compañía anunció una inversión de 20,6 millones de dólares en una asociación con el Saskatchewan Research Council (SRC), un organismo canadiense que ha invertido unos 200 millones de dólares en lo que describe como la planta de procesamiento de tierras raras a escala comercial más avanzada fuera de China, ubicada en Saskatoon. Según la propia compañía, ese acuerdo le otorga derechos preferenciales sobre hasta el 80% de la producción de la planta.

De acuerdo con comunicados de la empresa, la primera fase de esa instalación —prevista para comenzar a inicios de 2027— apunta a producir unas 525 toneladas anuales de metal NdPr, además de óxidos de disprosio y terbio, mientras que una segunda fase planificada escalaría hasta 3.000 toneladas anuales de NdPr y 18.000 toneladas anuales de imanes terminados. REalloys asegura además haber asegurado el abastecimiento de materia prima para los primeros cinco años de producción mediante acuerdos con proveedores en América del Norte y del Sur, Groenlandia y Kazajistán, incluido un contrato a 15 años con Critical Metals Corp. por el 15% de la producción inicial del yacimiento de Tanbreez, en Groenlandia, uno de los mayores depósitos de tierras raras pesadas del mundo.

Una lectura con cautela

Medios especializados como Oil Price y Yahoo Finance sí han confirmado la existencia del acuerdo con el SRC y la fecha límite regulatoria de 2027, aunque el desempeño comercial y la ejecución efectiva del proyecto —que aún no ha entrado en operación— seguirán siendo la verdadera prueba de si REalloys, o cualquier otro actor occidental, logra cerrar a tiempo la brecha que hoy separa a Estados Unidos de su objetivo de independencia frente a China en materiales críticos para la defensa.

Otras fuentes de tierras raras

Venezuela posee un potencial relevante en tierras raras, especialmente al sur del Orinoco. Se ha reportado la presencia de minerales portadores de estos elementos, aunque el país todavía carece de una estimación pública y ampliamente reconocida de reservas económicamente recuperables. Entre las tierras raras asociadas a este tipo de mineralización destacan: cerio, lantano, neodimio, praseodimio, samario, gadolinio e itrio.

Su importancia estratégica es enorme: el neodimio y el praseodimio resultan esenciales para imanes de alto rendimiento utilizados en motores eléctricos, turbinas y sistemas militares; otras tierras raras tienen aplicaciones en electrónica, láseres, sensores y tecnologías avanzadas. El gran desafío para Venezuela consiste  en cuantificar los depósitos, certificar las reservas y desarrollar la capacidad para procesarlos y convertirlos en productos de alto valor agregado.